Madrid (EFE).- La Casa Real y el Gobierno trabajan en la visita de Felipe VI a Ceuta que, según anunció el presidente del ejecutivo, Pedro Sánchez, será en las próximas semanas, un viaje histórico todavía sin fecha concreta con el que el monarca está comprometido pero que pone sobre la mesa el interrogante de la reacción de Marruecos.
«El rey está comprometido con la visita a Ceuta y la hará porque el rey cumple con sus compromisos», aseguró el presidente de Ceuta, Juan Vivas, tras reunirse con Felipe VI en Palma hace un mes, pocos días después de la entrada de 80.000 personas en la ciudad autónoma los pasados 30 y 31 de julio.
Una visita del rey -la primera que realizará a Ceuta y Melilla- que Moncloa remitía a cuando se dieran las «condiciones» oportunas, pero que concretó algo Sánchez en su comparecencia ante el Congreso de los Diputados el pasado jueves al anunciar que se haría en las próximas semanas y que, con ella, el monarca transmitiría «el compromiso absoluto del Estado» con Ceuta y Melilla.
Casi 20 años después
Será el primer viaje oficial de Felipe VI a las dos ciudades y se producirá casi veinte años después de que lo hiciera su padre, el rey Juan Carlos, un viaje que provocó una crisis diplomática con Marruecos.
Un país al que la oposición y socios del Gobierno han implicado además en la crisis migratoria de Ceuta aunque el presidente del Gobierno ha insistido en que «no hay pruebas» de que fuera «diseñada o ejecutada» por las autoridades marroquíes.
Y aunque Sánchez ha garantizado que si tuviera esas pruebas actuaría «con total contundencia», ha apostado por la prudencia ya que el gobierno no tiene «la mínima intención de desencadenar un conflicto diplomático de primer orden» con Marruecos.
Ceuta y Melilla esperan la visita del rey quien, desde el inicio de la crisis, recalcó que el Estado debía velar por la seguridad de las ciudades autónomas y evitar que esos hechos volvieran a repetirse.
La «preocupación» de Felipe VI
Felipe VI expresó su «preocupación e indignación» por los «graves» acontecimientos ocurridos en Ceuta, y también en Melilla, e insistió en la necesidad de adoptar todas aquellas medidas que transmitieran «de forma unida, clara y determinante a las poblaciones de Ceuta y Melilla el apoyo y cariño del resto de España», una unidad a la que volvió a apelar el jefe del Estado en el Día de Ceuta: «La Corona y todos, con nuestra ciudad».
Tras el anuncio de la visita, fuentes del Gobierno han asegurado que ya se está trabajando en la misma pero no han concretado cuándo podría hacerse efectiva y se remiten a las palabras de Sánchez en el Congreso de que será en las próximas semanas.
No desvelan tampoco si el presidente del Gobierno podría acompañarle en esa visita y subrayan que no hay que adelantar acontecimientos sobre algo que no está concretado.
El PP sostiene por su parte que «si el rey no ha estado en Ceuta es porque el Gobierno no se lo ha permitido». Y en el debate del Congreso, su presidente, Alberto Núñez Feijóo, defendió esa visita del jefe del Estado y dijo que si él fuera presidente, le acompañaría.
Reacción de Marruecos
Respecto a la reacción que podría tener Marruecos ante esta visita, el Gobierno está convencido de que no afectará a la relación bilateral ya que España es un país soberano y Ceuta y Melilla son territorio español, algo que esperan que se entienda en Rabat.
Aunque el pasado mes de agosto, dos ministros marroquíes reivindicaron la soberanía y la «liberación» de Ceuta y Melilla, lo que provocó que la embajadora de Marruecos fuera convocada por el Gobierno español para expresar su protesta. Al encontrase esta ausente, quien acudió fue el encargado de negocios del país vecino.
España no tiene con Marruecos, aseguró el presidente del Gobierno en el Congreso, una política de apaciguamiento, sino de «buena vecindad» en la que hay «líneas rojas», como la soberanía española de Ceuta y Melilla, pero garantizó que defendería la integridad territorial del país con toda la fuerza del Estado.
El rey Juan Carlos visitó las dos ciudades autónomas junto a la reina Sofía en noviembre de 2007, treinta y dos años después de su acceso al trono.
Una visita ante la que el rey Mohamed VI de Marruecos expresó su «condena» y «denuncia» y la calificó de «lamentable» y de «paso contraproducente» que atacaba «los sentimientos patrióticos sólidamente arraigados entre todos los componentes y sensibilidades del pueblo marroquí». Mientras, el Gobierno marroquí la consideró una «provocación inadmisible». EFE










