Julia García González I
Madrid (EFE).- Sara vive con su pareja y sus dos hijos de alquiler en Madrid. Con mucho esfuerzo, y tras pagar todos los gastos, consiguen ahorrar 200 euros al mes, pero su casero ya les ha advertido de que su renta está por debajo del precio del mercado. “Si nos suben el alquiler, casi la totalidad de mi sueldo se va a ir en pagarlo”.
A muchos inquilinos no les salen las cuentas. En Madrid y otras ciudades españolas, la dificultad para acceder a la vivienda en general, ha desatado una ola de protestas cuyo rostro visible es el de Maricarmen Abascal, una anciana que fue desahuciada del piso en el que había vivido durante más de 70 años, y que murió días después en el hospital.
El corazón de estas movilizaciones por la crisis de la vivienda se encuentra en la acampada instalada desde hace semanas en la Plaza de Sol en Madrid.
Allí, cientos de personas se han afincado para exigir medidas que permitan a la gente tener un lugar donde vivir, especialmente después de que el Congreso tumbara dos decretos con medidas que facilitaban el acceso a la vivienda, lo que precipitó la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre.
Entre los protestantes hay quienes se sienten más “privilegiados” y quienes denuncian su situación y aseguran que tener calidad de vida no debería ser “un privilegio” sino una cuestión de “dignidad”, relatan a EFE.
“No es un privilegio, es dignidad”
Sara, que vive en el barrio de La Elipa, destina casi un 50% del sueldo al alquiler y, sumando al resto de gastos, asegura que al mes puede ahorrar “unos 200 euros”. “Si nos suben el alquiler, casi la totalidad de mi sueldo se va a ir en pagarlo”, denuncia. “Tener calidad de vida no nos parece un privilegio, es dignidad”, añade.
Por su parte, Pedro es auxiliar de vuelo y, con un sueldo de 1.360 euros mensuales destina, junto a su pareja, 1.100 euros a pagar el alquiler de una vivienda en el barrio de Aluche. “La realidad social es que trabajas para pagar un alquiler”, denuncia.
Para las madres solteras, como Andrea, la situación se torna incluso más complicada: “No nos dan la oportunidad -de alquilar-, nos piden presentar dos nóminas de 1.500 euros cada uno”, asevera.
“Todo el mundo debería tener facilidades para acceder a una vivienda”
También hay quien se siente “afortunada”, como Sara, que paga la letra de una hipoteca, pero recalca que “todo el mundo debería tener facilidades a la hora de acceder a una vivienda porque es un derecho básico para poder desarrollarte”.
En su caso, pagó 160.000 euros en Carabanchel hace dos años, lo que considera una “suerte” ya que en la actualidad asegura que es “una zona muy tensionada”.
Guillermo y su familia, por su parte, pudieron acceder a una vivienda con un precio “porque un familiar pudo comprar una casa al precio actual del mercado”, por lo que asegura que tiene “una situación privilegiada”.
Sin embargo, aclara que paga 700 euros por una casa que ronda los 70 metros cuadrados, por encima de lo que él considera sería “el precio real de la casa». “Que la pueda pagar no significa que sea lo correcto”, incide.

Los estudiantes, gravemente afectados por la crisis de vivienda
Inés tiene 21 años y es estudiante de la Universidad Complutense de Madrid, pero su casa se encuentra a cerca de 2 horas de allí en transporte público, lo que, asegura, “quita calidad de vida”.
Al buscar una alternativa para vivir en un colegio mayor cercano a la universidad se ha dado cuenta de que es misión imposible: “Los precios rondan los 1.700 euros”..
Yolanda, de 19 años, vive con sus padres en el barrio madrileño de Entrevías, es estudiante de Trabajo Social y siente “mucha desesperanza por lo que viene”.
“Creo que hablo por toda mi generación, hay mucha incertidumbre por cómo vamos a desarrollarnos, pero espero que las cosas mejoren y que podamos acceder a viviendas con precios que no sean lo que son ahora”, dice.
Belén, otra estudiante de Bellas Artes, expresa lo que considera es un sentimiento compartido entre los jóvenes: “Sentimos que, con lo difícil que es vivir en Madrid por los precios de los alquileres nos tenemos que ir, y se siente un sitio no tan nuestro”.
Reconoce, sin embargo, que ahora mismo hay margen para la esperanza: la acampada de Sol. “Con esto se lucha y se intenta”. EFE









