Imagen del juicio al exprofesor de karate de un centro deportivo de la capital catalana acusado de abusos a menores.
Imagen del juicio al exprofesor de karate de un centro deportivo de la capital catalana acusado de abusos a menores. EFE/Andreu Dalmau

El exprofesor de karate de Barcelona condenado ayer por abusos a cinco alumnos se suicida en prisión

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Barcelona (EFE).- El exprofesor de karate de Barcelona que aceptó ayer 26 años y medio de cárcel por abusar y agredir sexualmente a cinco alumnos menores se ha suicidado esta mañana en la cárcel Brians 1 de Sant Esteve Sesrovires (Barcelona) donde estaba interno.

Según han informado fuentes cercanas al caso, el recluso, que fue condenado ayer «in voce» por la Audiencia de Barcelona por tres delitos de abuso y dos agresión sexual continuada a menores de 16 años, no estaba siendo objeto de seguimiento en el programa de prevención de suicidios en prisión.

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El exentrenador de karate del Centro Deportivo Claret de Barcelona, en prisión preventiva desde su detención en mayo de 2023 y que actualmente se encargaba de las tareas de auxiliar de jefe de limpieza en la cárcel, es el noveno preso que se quita la vida en lo que va de año en Cataluña.

El hombre, de 67 años, también fue condenado por un delito de elaboración y otro de tenencia de pornografía infantil al haber grabado las agresiones que cometió contra sus alumnos entre 2015 y 2023, aprovechando su ascendencia sobre ellos como “sensei”, tal como se denomina a los instructores o maestros de artes marciales.

El exprofesor reconoció este martes ante el tribunal los hechos que le imputaban y avanzó los 140.000 euros de indemnización a las víctimas que pedían la condena, de la que iba a cumplir 18 de los 26 años y medio de cárcel, menos los 3 y medio que ya llevaba en prisión preventiva.

Condenado en 2000 por abusos sexuales

El exentrenador, que también dio clases en otros centros deportivos de Barcelona, ya había sido condenado en el año 2000 por un delito de abusos sexuales y, tras su detención en 2023, fue denunciado por varios alumnos más, quienes aseguraban haber sido víctima de delitos similares, pero los hechos no han llegado a juicio porque estaban ya prescritos.

El hombre empezó a trabajar en el Centro deportivo Claret del barrio de Gràcia, dependiente de los Misioneros Claretianos, en 2013, lugar en el que impartía clases de tecnificación a alumnos aventajados en momentos de escasa o nula afluencia en las instalaciones deportivas, de las que tenía las llaves.

Fue en ese contexto, en su despacho, vestuarios o espacios de entrenamiento del gimnasio, donde el condenado abusó sexualmente de cinco de sus alumnos, niños y adolescentes de entre once y diecisiete años que nunca dieron un consentimiento válido, grabándose en algunos casos con una cámara que él mismo instalaba.

Ascendiente como “sensei” y confianza con los menores

Además de ser consciente de su ascendiente sobre los menores como “sensei”, el hombre aprovechó las relaciones de confianza mantenidas con los niños, a partir de las que “conocía perfectamente sus carencias, debilidades y formas de ser”, algo que usó a su favor para cometer las agresiones, señaló la Fiscalía en su acusación.

En concreto, el profesor les convencía para que se apuntasen a sus clases particulares y, tras las agresiones, les decía que debían estar “orgullosos” de haber recibido un trato “especial” frente al resto de aprendices, a quienes insistía en no contar nada de los sucedido para que no tuviesen “envidia”, según los testimonios de las víctimas recogidos por el Ministerio Fiscal.

En uno de los casos, el hombre se “obsesionó” con una de las víctimas, quien habría llegado a desarrollar una “forma de dependencia” con el profesor y que acabó yendo a su casa, donde habrían mantenido relaciones sexuales de abuso, que continuaron hasta el momento de su detención.

Tras las denuncias, los Mossos d’Esquadra registraron las instalaciones deportivas y el domicilio del hombre, interviniendo abundante material informático entre el que localizaron grabaciones de las agresiones con los menores, que no consta que el condenado difundiera, además de numerosos archivos de pornografía infantil.