La primera mujer rabina en España: «Los judíos debemos mostrarnos como somos»

Sergi Ill |

Barcelona (EFE).- Irene Muzás (Barcelona, 1974) no nació judía, pero el pasado octubre se convirtió en la primera mujer rabina de España, una responsabilidad histórica que ha asumido con el propósito de sacar de la invisibilidad a los suyos: «Los judíos debemos salir del armario y mostrarnos como somos», dice en una entrevista con EFE.

La recién nombrada rabina abrazó oficialmente el judaísmo en 2013, pese a que la atracción que ha sentido siempre hacia su fe le viene de mucho más atrás, con la sospecha de que por vía materna es descendiente de criptojudíos, aquellos que se convirtieron de forma forzada al cristianismo pero siguieron practicando su religión en secreto.

En una entrevista con EFE en la sinagoga Atid de Barcelona -de la que se ha hecho cargo la nueva rabina, que está encuadrada en la corriente masortí del judaísmo-, Muzás resta importancia al revuelo mediático generado tras conocerse que es la primera en España y, desde la modestia, asegura que ese dato «no tiene ningún mérito».

Muzás destaca que hay muchas mujeres antes que ella en todo el mundo que han sido y son rabinas y que «ha dado la casualidad» de que ella es la primera de España, aunque sí agradece que esto sirva como oportunidad para «que la gente pregunte y quiera saber del judaísmo».

Irene Muzás comenzó en 2016 a estudiar en un seminario rabínico adscrito a la Universidad de Postdam (Alemania), ciudad en la que fue ordenada rabina el pasado 23 de octubre, y donde además también cursó la licenciatura de Teología Judía.

La rabina catalana empezó sus estudios por la rama reformista del judaísmo, a través de la que se convirtió, aunque decidió saltar más adelante a la masortí, más observante con la ley y la tradición judía, aunque distinta a la ortodoxa.

 La primera mujer rabina de España, Irene Muzás (Barcelona, 1974), posa durante una entrevista con la agencia EFE en Barcelona.
La primera mujer rabina de España, Irene Muzás (Barcelona, 1974), posa durante una entrevista con la agencia EFE en Barcelona. EFE/Quique García

«Vamos con cautela por Barcelona»

Muzás resalta que en la capital catalana los judíos sienten inseguridad por el temor de sufrir ataques antisemitas, y reconoce que, cuando hacen celebraciones en la sinagoga, viene la policía a vigilar el templo, algo que sucede también en otros espacios de culto pertenecientes a su religión: «Vamos con cautela por Barcelona».

«¿Qué triste, no? Por que cuatro judíos estén rezando y que tengáis que estar aquí fuera», rememora Muzás que le comentó un día a los agentes que custodiaban la entrada a su sinagoga, que no tiene elementos identificativos en la puerta por razones de seguridad.

La nueva rabina recuerda que, en un viaje en avión de Barcelona a Tel Aviv, nadie llevaba la ‘kippa’, el pequeño gorro que los judíos se ponen en la coronilla, y que, cuando llegaron a Israel, muchas personas la sacaron del bolsillo y se la pusieron.

«Significa que en Barcelona no se la podían poner, porque tenían miedo o porque les habían avisado de que mejor no se la pongan», subraya.

Muzás hace hincapié en la necesidad de que los judíos «salgan del armario» para darse a conocer «tal y como son» y luchar contra los tópicos, que la gente sepa más de ellos en una sociedad donde conviven y de la que forman parte.

La judía catalana también asegura que quiere buscar espacios de encuentro con otras confesiones religiosas, como el cristianismo o el islam, para estrechar lazos y enseñar al mundo que son una comunidad «multicultural, plural e igualitaria» y que el judaísmo «tiene muchas caras».

La rabina relata que se ha encontrado con «gente que te rechaza» por ser judío a partir de tópicos antisemitas, como que reprimen a la gente o que tienen mucho dinero, algo sobre lo que ella ironiza: «Bueno, te enseño mi cuenta corriente y lloramos juntos, si quieres».

Admite, sin embargo, que también conoce a mucha gente filosemita que siente mucha admiración por todo relativo al judaísmo.

Su conversión al judaísmo

Respecto a cómo llegó a abrazar el judaísmo, la recién nombrada rabina revela que su fascinación por esta fe le venía desde pequeña, y recuerda que hasta cerca de los 10 años fue a una escuela laica en la capital catalana donde había compañeros que eran judíos.

No fue hasta 2004, después de que terminara sus estudios en filología inglesa y un máster, cuando decidió apuntarse a un curso de verano sobre judaísmo en la Universidad de Barcelona por placer, y fue allí donde descubrió que su abuela materna guardaba una costumbre que podía ser un probable signo de herencia criptojudía, algo que la dejó «en shock».

«Yo recordaba que mi abuela decía que no había que mezclar leche y carne, que eso daba mala suerte», rememora Muzás, que explica que llamó a su propia madre ese día por el impacto que le generó saber que eso podía ser una señal de una potencial ascendencia judía.

Fue a partir de ahí cuando Muzás decidió frecuentar la sinagoga de Bet Shalom, comunidad de tradición reformista, hasta que, alrededor de 2010, comenzó su conversión en ella, que finalizó tras someterse a un tribunal rabínico y sumergirse en las aguas del Mediterráneo en Barcelona para renacer como judía.

«La conversión es un proceso largo, la conversión no es fácil, la conversión no es de un día para otro que te haces judío, es adquirir unos hábitos, adquirir unas tradiciones, asimilarlo, y todo eso conlleva un cambio espiritualmente, y te cambia», concluye la rabina catalana.