Madrid (EFE).- La relación entre España y Venezuela ha sido tortuosa desde el tercer mandato de Hugo Chávez (2007-2013), que ya coincidió en parte con un gobierno socialista, el de José Luis Rodríguez Zapatero, y que el actual de Pedro Sánchez no ha podido reconducir con Nicolás Maduro, capturado el sábado por EE.UU. en una operación relámpago.
El punto de partida de estas desavenencias se remonta a aquel famoso «¿Por qué no te callas?» que el rey Juan Carlos espetó a Chávez en la cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile de 2007 después de que el presidente venezolano llamara «fascista» al que ya era expresidente José María Aznar, y en presencia de Zapatero, que también intentó cortar a Chávez.
Rajoy y la mujer del opositor Leopoldo López
La página de desencuentros que se abrió entonces, se hizo constante con la llegada de Maduro a la Presidencia en 2013; de hecho, éste nunca ha estado en España en visita oficial después de que Chávez lo hiciera por última vez en 2009.
Y por parte española, Zapatero fue el último presidente que viajo a Venezuela, en 2005, mientras que elipe VI, como príncipe, acudió a los funerales de Chávez en 2013.
Fue con Mariano Rajoy en Moncloa con el que se abrió una primera gran crisis después de que éste recibiera en 2014 a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, y al año siguiente se viera con Mitzy Capriles, la mujer de otro opositor encarcelado, el que fuera alcalde de Caracas, Antonio Ledezma.
Luego se encadenaron una serie de protestas diplomáticas, llamadas a consultas de los embajadores e incluso retiradas temporales de los respectivos jefes de misión diplomática.
Con el relevo de Pedro Sánchez la situación no mejoró y las desavenencias entre los dos países han sido constantes por el cuestionamiento desde España de los resultados oficiales de las elecciones presidenciales a las que Maduro se ha presentado y el apoyo que ha dado a los dirigentes opositores.
Un respaldo que se evidenció claramente cuando Sánchez reconoció la victoria de Juan Guaidó en febrero de 2019 y que luego siguió la Unión Europea (se revocó en enero de 2021). También levantó ampollas el hecho de que el opositor Leopoldo López se refugiara en la residencia del embajador español durante más de un año hasta que viajó a España el 25 de octubre de 2020.
La negativa de Sánchez a reconocer la última «victoria» de Maduro
La crisis con el régimen chavista entró más tarde en un periodo de estancamiento hasta que volvió a inflamarse con las elecciones venezolanas del 28 de julio de 2024, que Maduro se atribuyó sin aportar las actas y que tampoco reconoció el Ejecutivo socialista.
El Gobierno, como la mayor parte de la comunidad internacional, dudó de la limpieza del proceso, pero tampoco reconoció la victoria del candidato opositor, Edmundo González Urrutia.
Eso no impidió que acudiera en ayuda del líder opositor al facilitar su salida de Caracas desde la Embajada española en septiembre de 2024, al que, posteriormente, le concedió asilo político en España.
González Urrutia sí tiene, en cambio, el reconocimiento del Congreso y del Senado (con el voto en contra del PSOE y la mayoría de socios) como presidente legítimo de su país.
Condena al ataque de Estados Unidos en Venezuela
Pese a que Sánchez no ha reconocido a Maduro, el presidente del Gobierno ha condenado rotundamente la intervención de Washington en Venezuela y apuesta por encontrar una vía de diálogo para que el país recupere la estabilidad.
Esta cronología del choque diplomático incluye la detención en Venezuela de dos ciudadanos vascos (José María Basoa y Andrés Martínez Adasme) en septiembre de 2024, acusados de pertenecer al CNI y planear un atentado contra Maduro. Desde algunos sectores se interpretó como una represalia del chavismo al acogimiento de González Urrutia.
El ministerio de Asuntos Exteriores, que ha negado tales acusaciones y no conoce ni siquiera el paradero de estas dos personas, quiere abordar esta cuestión con Delcy Rodríguez, quien ha asumido el poder venezolano, por ahora con el aval de Trump.
Si las relaciones diplomáticas durante todos estos años han sido más bien agrias, las comerciales son escasas, con unas exportaciones españolas de 188,9 millones de euros en 2024 y unas importaciones de 1.170,3 millones y que prácticamente se limitan al petróleo, según los datos que constan en la página web de Exteriores.
En cambio, hay un importante intercambio de ciudadanos, ya que en España residen unos 400.000 venezolanos y en Venezuela casi 155.000 españoles.










