José Carlos Rodríguez I
Santiago de Compostela (EFE).- Sentir el arte a través de la temperatura, el color, el sonido o las texturas. Esto es lo que propone ‘Las estaciones del año en el arte gallego de los siglos XX y XXI’, una exposición del Museo Gaiás con más de 80 piezas en la que el público entrará en calor para visitar las obras relativas al verano y la primavera o cogerá frío para hacer lo suyo con las obras del invierno y el otoño.
Las estaciones del año sirven en esta exposición, comisariada por la artista plástica e investigadora Mónica Alonso, como escenario e hilo conductor de un recorrido artístico que va desde el Movimiento Pictórico Regionalista de principios del siglo XX, pasando por Os renovadores, el grupo Atlántica y Novos camiñantes, hasta las generaciones más jóvenes de creadores y creadoras en Galicia del siglo XXI.
«Estamos acostumbrados a las exposiciones inmersivas desde un punto de vista tecnológico, pero yo pensé en una exposición más orgánica», ha explicado la comisaria durante la inauguración de la muestra, en la que ha puesto el foco en «el valor emocional, sensorial y simbólico» de la experiencia artística.
Según ha expresado Alonso, las estaciones del año «son de sobra conocidas por todos» y traen consigo «referencias muy reconocibles», algo fundamental para que el espectador se sumerja en cada una de las sensaciones aparejadas a las diferentes épocas y climas del año y las sugerencias que traen consigo las obras expuestas.
Así, a partir de los principios de la colorimetría, de la neuroarquitectura -que estudia cómo los espacios afectan al cerebro, a las emociones y al comportamiento- y de la neuroestética -centrada en analizar cómo el cerebro percibe, procesa y siente al contemplar la belleza de las obras de arte- la muestra busca generar una «novedosa» experiencia artística y «alimentar el bienestar humano».

Salas de aclimatación
Para ello es necesario acceder a través de un espacio depurador de color azul cielo, que servirá para afinar la percepción y potenciar la experiencia, como si se tratara de una sala preparatoria en la que el mundo real quedara fuera.
Después habrá que elegir entre la derecha o la izquierda, o lo que es lo mismo, entre la cabina de inmersión al frío (invierno y otoño) o la cabina de inmersión al calor (verano y primavera).
En cada una de ellas el cuerpo se aclimata a una temperatura determinada para pasar posteriormente a las salas, cada una con su estética y color correspondiente.
Verano y primavera
Tras el chorro de calor, el verano recibe al espectador con un sonido «verde», que denota «una presencia. En la sala, los paisajes veraniegos de regionalistas gallegos como Francisco Llorens o Manuel Abelenda con su ‘Atardecer en Samil’ dan paso a obras de renovadores como Manuel Colmeiro o de pintores como Felipe Criado o José Frau.
Seguido un espacio bañado por el sol y el mar, con la instalación de Mar Vicente, la fotografía de Vari Caramés o la propuesta plástica de Berta Cáccamo.
Pero también hay espacio para la tierra estival, con la ‘Campesiña con fondo amarelo’ de Luis Seoane o la fotografía de la agricultora de Mar Caldas. Todo ello sin olvidar el bodegón de la fruta típica del verano: el melocotón.
En la primavera, los paisajes de Abelenda o Imeldo Corral dan paso a los motivos florales, típicos de esta estación. Bodegones de diferentes épocas, técnicas y autores como Carlos Maside, María Victoria de la Fuente, Urbano Lugrís o Eugenio Granell, este último con una escultura contemporánea, dominan esta sección.
Las obras cumbres de Laxeiro, el fluir del agua de una fuente en la obra escultórica de Mar Ramón Soriano o el cuadro de gran formato cubierto de margaritas de Almudena Fernández Fariña despiden la primavera.

Invierno y otoño
Y para pasar del calor al frío, de nuevo, un «reset», una sala «depuradora» para avanzar hacia la cabina del frío y acceder al invierno.
La escultura de un árbol desnudo de Manolo Paz y los paisajes invernales de interior y exterior de artistas como Castelao, Pamen Pereira, Tino Grandío o Felipe Criado conectan la hostilidad del clima con el recogimiento del hogar.
De la abstracción cromática de Rafael Baixeiras a la propuesta fotográfica de las espumas de mar que cubren las costas de Jorge Barbi se avanza a otras propuestas como la «manta transfronteriza» entre Galicia y Portugal de Sergio Marey o el bodegón de naranjas de María Antonia Dans.
Y en el otoño, la estación más orgánica, los paisajes de Felipe Bello, Xavier Pousa o Antón Lamazares, en una sala dispuesta alrededor de un cielo de berzas y en la que se incluye una instalación de Edu Valiña con Mondra, que consiste en hojas de maíz esparcidas por el suelo y que articulan la relación entre arte, memoria y territorio.
«Las estaciones del año» podrá visitarse en el Museo Gaías de Santiago hasta el próximo 6 de septiembre con entrada libre o a través de una serie de visitas guiadas con el nombre de ‘Segunda piel’, en la que los visitantes accederán a la muestra con prendas monocromas, para potenciar aún más la experiencia. EFE