Vigo (EFE).- El capitán del buque pesquero Simione, apresado en diciembre de 2022 con 2,8 toneladas de droga a bordo, se ha retractado de sus anteriores declaraciones en sede judicial y este lunes, ante el tribunal de la sección quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, ha asegurado que el cabecilla de la trama no es un armador vigués sino otra persona a la que no ha delatado.
A los cinco procesados por este caso se les atribuye un delito tráfico de drogas a gran escala por el que la Fiscalía pide un total de 56 años de prisión y 2.500 millones de euros de multa.
El considerado cabecilla de la trama, Pablo G.F., con domicilio en Vigo, está procesado por ser el armador del barco y quien organizó la salida del buque de bandera de Angola desde Luanda en noviembre de 2022.
Él ha sido uno de los dos acusados que ha pedido declarar al final de la práctica de la prueba y ha comparecido con una mascarilla.
Tras una escala en Dakar (Senegal) para repostar y completar la tripulación, el barco navegó hasta un punto al suroeste de Cabo Verde, donde recibió el cargamento de cocaína de otra embarcación y el 18 de diciembre de 2022 fue abordado en alta mar por agentes de élite de la Guardia Civil.
«Miedo» a delatar a otro supuesto cabecilla
El capitán del buque, José Antonio C.R., al que le piden 11 años y 9 meses de prisión, ha señalado que no fue Pablo G.F. quien le contrató ni quien le dio las coordenadas donde iban a cargar la droga, sino otra persona, versión que difiere de la que prestó con anterioridad en esta causa.

Según él, en instrucción no delató a ese cabecilla por «miedo» y tampoco lo ha hecho este lunes porque sigue temiéndolo.
Sí ha admitido que Pablo G.F. le enroló en el barco y le daba cuenta de la travesía todos los días a través del teléfono.
De hecho, confesó que el empresario vigués le mandó deshacerse de un dispositivo móvil y que también le facilitó unas coordenadas manuscritas para navegar a Senegal, pero no las del punto de encuentro con la embarcación que les pasó la droga, que iban mecanografiadas.
Un motín a bordo
También ha relatado que hubo un motín a bordo por parte de los tripulantes locales que le llegaron a dar dos puñaladas cuando supieron que iban a recoger droga y no a pescar. Estos se bajaron del barco al igual que el capitán, tras lo que él asumió ese rol.
Además, ha contado que el barco tenía problemas, como fallos de las máquinas o en la función del timón. «Este barco está maldito», llegó a escribir durante la travesía en un mensaje telefónico.
Según la Fiscalía, él se incorporó para gobernar el buque y también era plenamente consciente de la finalidad ilícita del viaje.
Se le intervino un teléfono satelital con el que se enviaban y recibían coordenadas y un móvil en el que guardaba una fotografía de un papel con las coordenadas para la carga y descarga de la cocaína.
Declararon otros dos procesados
El primero en declarar ha sido R.E., de nacionalidad argentina, para el que la fiscalía pide ocho años y medio de cárcel y ha afirmado que a Pablo G.F. no lo conocía, sino que lo vio por primera vez en los calabozos. Además, ha rechazado haber tenido reuniones con él antes de que ambos fueran detenidos.
La Fiscalía le considera responsable del acopio de estupefacientes en las rías Baixas y de su lucrativa distribución en el mercado ilícito.

José Javier F.V., para el que piden 11 años y 6 meses de cárcel, ha relatado que embarcó como jefe de máquinas en el Simione para ir de Senegal a Vigo y ha señalado que Pablo G.F. le pidió recoger unas coordenadas, pero él le respondió que no era su función sino la del capitán. También ha afirmado que desconocía que el barco iba a trasladar droga cuando se enroló.
Este procesado se incorporó en Dakar al buque y la Fiscalía, en su escrito de acusación, sostiene que él era plenamente conocedor del fin ilícito de la travesía desde el momento de su embarque.