Miguel López Golán | Santiago de Compostela (EFE).- Tras un diagnóstico de cáncer de mama hay personas que afrontan un cambio de vida para adaptar sus profesiones y rutinas a sus nuevas situaciones físicas.
Es el caso de tres pacientes gallegas que se han reinventado y adquirido nuevas perspectivas vitales una vez han encajado su nueva realidad.
Estefanía, de la banca a los viajes
“Cuando mi hijo estaba en educación infantil me diagnosticaron el cáncer de mama”, comenta a EFE Estefanía, más conocida en redes como @milrecuerdosenmimaleta y deja claro el motivo principal del cambio de su vida: la relación con su hijo Hugo, que, pese a su corta edad, notó la ausencia de su madre durante las hospitalizaciones.
Estefanía se dedicaba a la banca, con contratos temporales y, mientras avanzaba en el tratamiento de su cáncer de mama hormonal sopesaba la posibilidad de dejar su profesión, escapar del nivel de estrés del oficio y dedicar tiempo a ver qué pasaba con su hijo, que empezaba a mostrar indicios de lo que terminaría en un diagnóstico de TEA.
Tomó entonces la decisión que le cambió la vida y dejó la banca para emprender una carrera como creadora de contenidos de viajes que le permitiese atender a las necesidades de su hijo en el día a día y disfrutar en compañía.
Necesitaban un “estímulo extra” para las horas muertas entre transportes, lo que le dio la idea a la creadora de hacer ‘Mi gran diario viajero’, un diario de viajes pensado para adaptar los trayectos a los más jóvenes.
Aunque entiende como central el diagnóstico de su hijo para su cambio de vida, tampoco se ha olvidado del tumor, pues ahora mismo es presidenta de la Asociación de Usuarios del Servicio de Oncología del CHUS (Hospital Clínico Universitario de Santiago), una agrupación de pacientes de cánceres de todo tipo que buscan, además de mejorar el servicio, “brindar una red de apoyo”.
María, directa al activismo
“Cuando te pones las gafas del activismo, nunca te las vas a poder sacar”, le comentó Marina García, de Teta&Teta, a la compostelana María Varela, conocida activista contra el cáncer de mama que ha promovido exitosamente una petición ciudadana para el adelanto de la edad de los cribados de cáncer de mama.
Cuando Varela era peón agrícola o jardinera no imaginaba que fuese a dedicar su vida al activismo, hasta que un cáncer de mama pasó, por tardanza en el diagnóstico, a un cuarto estado ya incurable.
Compartir tiempo con mujeres que sufrieron circunstancias semejantes y las injusticias de ser ignoradas en uno de los momentos más importantes, llevó a Varela a decantarse por una vida activista, que dio un importante pistoletazo de salida cuando en el 2025 redactó una petición en Change.org para adelantar la edad de cribados de cáncer de mama en busca de evitar que más gente viviese lo que ella, una iniciativa que recibió un apoyo masivo.
Su propuesta ha sido aprobada y la nueva franja de edad de cribados es entre los 45 y los 74 años, una edad que aún debería bajar más porque, comenta, “las mujeres no tenemos tanto tiempo y no nos podemos permitir que las insuficiencias de la pública expulsen a las personas a la privada» en una situación que la activista categoriza como “lucha de clases” ante la imposibilidad de las trabajadoras de acceder a una sanidad digna.
Varela sigue en el camino: tras el diagnóstico que le cambió la vida, lejos de su antiguo oficio como jardinera, vive ahora luchando por una sanidad más digna.
Sandra, de esteticista a dueña de un local para eventos
El local de eventos Alepark, en Sigüeiro (A Coruña), esconde un pasado como peluquería de más de 20 años y un cambio radical de uso después de que Sandra, su dueña, así lo decidiese motivada por un cáncer de mama.
El día de fin de año de 2020 Sandra notó un bulto que, pensó, iba a desaparecer, pero ante su insistencia al día siguiente comenzó un seguimiento en la privada a partir de que ya en año nuevo le pusiesen nombre a intruso.
Su curación fue total, pero los efectos secundarios del tratamiento son lo peor de todo: “mucho dolor de huesos, a raíz de eso me salió fibromialgia y una insuficiencia cardíaca de la radioterapia”, ha relatado a EFE, lo que la llevó a dejar la peluquería.
El local era suyo y, al quedarse sin empleadas por la enfermedad, lo que le quedó es un espacio demasiado grande para ella sola, así que cambió el uso y destinó el recinto a la realización de eventos.
Esa dimensión laboral tiene su correlato en lo personal en el caso de Sandra, que requiere de alguien que cuide a su hijo en los momentos en los que ella, por su complicación, no siempre puede estar presente para él, pero, al igual que con su propio trabajo, siempre hace por adaptar.










