Pilar Mazo|
Logroño (EFE).- La ONG Coopera Cooperación al Desarrollo ha ayudado este verano a 95 menores de entre 0 y 18 años, acogidos en un orfanato en Angola (África), a romper la monotonía en sus vacaciones escolares, dentro de un proyecto de voluntariado, que aspira a poder consolidar, ha informado a EFE la coordinadora del equipo, la riojana Montserrat Mallén.
Por primera vez, esta ONG, de ámbito nacional, participa en este proyecto, en el que un grupo de cuatro universitarios españoles y un estadounidense, junto a la coordinadora, se han desplazado al Centro de Acogida Frei Jorge Zulianello, situado en la provincia de MBanza Kongo, al norte de Angola, donde, junto a otras ONG internacionales, se ha convertilo durante el verano en un espacio de actividades lúdicas para los menores acogidos.
Niños embrujados
Este Centro, fundado en 2021, lo habitan niños y niñas provenientes del tráfico de órganos del Congo, otros de la prostitución infantil de Angola y otros son denominados ‘niños embrujados’, a quienes sus familias expulsan por rituales, ha detallado Mallén.
El más pequeño tiene dos años y los mayores son dos chicas de 18 años cumplidos, una edad de la que tienen que salir del centro, pero cuya estancia les ha sido ampliada hasta que finalicen sus estudios en la rama sanitaria y cocina, ha informado.
Todos ellos llegan con una problemática detrás en sus vidas, han sido abandonados, pero sorprende «la sonrisa con la que te miran, su cariño» y, a quienes, recibir un simple paquete de las conocidas «galletas maría» les hace la misma ilusión, que el mejor regalo material a un niño en un país desarrollado, como España, ha narrado Mallén.

Grupo de mujeres que colaboran y ayudan en el Centro de Acogida Frei Jorge Zulianello, en MBanza Kongo, en Angola, dentro del proyecto de la ONG Coopera Cooperación al Desarrollo. EFE/ ONG Coopera Cooperación al Desarrollo // SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)
Son supervivientes, no víctimas
«Hubo momentos en los que pensé: tiene más vicios mi gata, que estos menores», a los que sacar una sonrisa no resultaba complicado, ha relatado emocionada por las experiencias vividas con estos niños y niñas, que son «supervivientes, no víctimas» y con los que comunicarse, pese a las diferencias del idioma -hablan un portugués mezclado con francés-, «no ha sido difícil».
El orfanato está gestionado por capuchinos misioneros, bajo la tutela de las autoridades de la región de MBanza Kongo, y en él trabajan 22 personas, entre ellas dos frailes y dos religiosas, dos sanitarios, una psicóloga, una asistenta social, dos cocineras y educadores.
La estancia de este equipo de voluntarios se ha centrado en complementar el trabajo de los educadores del centro, mediante el desarrollo de actividades lúdicas, como deporte, juegos de manualidades y el refuerzo de clases de inglés y matemáticas a los más mayores.
El fútbol une al mundo
En el ámbito del deporte, es sorprendente, ha indicado, cómo «el fútbol une al mundo», ya que es algo que les gusta practicar, conocen a los jugadores de fútbol famosos, pero también han mostrado su interés por el balonmano, un deporte que no conocían, o el rugby.
El diseño de marionetas de papel y máscaras pintadas, trabajos pinturas con tizas de colores, que no conocían, al igual que la plastilina, son algunas de las actividades desarrolladas con los más pequeños del orfanato, ha relatado.
Angola, ha informado, es un país en el que no hay establecido un sistema de recogida selectiva, se lleva a un vertedero y se le prende fuego, fundamentalmente, el plástico, que copa la mayor parte del utensilio.
Ayudar a no ensuciarse
Por ello, el proyecto también se ha dirigido también al apoyo a los monitores con charlas de concienciación sobre la necesidad de seleccionar los residuos para su recogida.
Otra de las labores que ha desarrollado el equipo de voluntariado de este proyecto es enseñar a estos niños y niñas a no ensuciarse, «lo que no resulta fácil, incluso para los propios voluntarios, por las condiciones del terreno», con suelo de arena, muy polvoriento, lo que se solucionaba a las 17 horas, en que estaba establecido ducharse y cambiarse a ropa limpia, ha relatado.
La religiosidad del centro, en un país católico como Angola, también se plasmaba en las oraciones diarias, con rezos diarios por la mañana y la tarde, ha explicado Mallén, para quien, llegar a África implica «ver todo con la mentalidad» de este continente.