Sergio Jiménez Foronda|
Logroño (EFE).- Una ‘igualá’ abierta al público equipara este domingo las alturas de los 40 costaleros que portarán el paso de Nuestro Padre Jesús Cautivo en Logroño, con el objetivo de que “el reparto del peso sea lo más equitativo posible y se puedan evitar las correspondientes lesiones”.
Así lo ha afirmado a EFE el primer capataz del paso, Juan José Redondo, quien ha indicado que la ‘igualá’ consiste en medir la altura de los costaleros que portarán la imagen para que las trabajaderas que descansan sobre sus cuellos durante la procesión queden al mismo nivel.
Redondo (Huelva, 1985) ha precisado que las trabajaderas descansan sobre la séptima vértebra de la espalda de los costaleros, que “es la que sostiene la imagen”, por lo que no puede haber diferencias de altura.
Según ha explicado, esta medición permite que el paso vaya recto y que el peso se reparta de manera homogénea entre todos los costaleros, quienes utilizan una prenda acolchada que amortigua el peso, llamada costal, para evitar el contacto directo de la madera con el cuello.

No es una ciencia exacta matemática
Ha concretado que una ‘igualá’ “no es una ciencia exacta matemática”, ya que se realiza sobre un terreno plano, mientras que el recorrido procesional discurre por calles con desniveles.
Además, ha proseguido, hay que tener en cuenta que “no todo el mundo lleva las mismas zapatillas, ni se pone derecho de la misma manera, ni tiene la séptima vértebra en el mismo sitio, uno la tiene un poco más alta y otro la tiene un poco más baja”.
“Al final, se conforma la cuadrilla y se hacen los ensayos, que es cuando ya terminas de ver realmente quién va cogiendo más y menos peso, y se hacen los últimos retoques para que la gente ya vaya en el sitio en el que le corresponde”, ha subrayado.
Ha recordado que, desde 2025, los costaleros de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén de Logroño practican esta ‘igualá’ al estilo que aprendió Redondo durante su experiencia en la Semana Santa de Huelva, y que “no es ni mejor ni peor” que otras formas de medir a los participantes en un paso.

Cuadrilla completa
“Cada maestrillo tiene su librillo y, evidentemente, yo voy a hacer lo que conozco, que es lo que estamos practicando desde el año pasado”, ha señalado Redondo, quien ha apuntado que, “de una manera u otra, los costaleros se tienen que igualar porque se tiene que repartir el peso”.
Ha señalado que, a pesar de que la ‘igualá’ está abierta a cualquiera que quiera acudir, la cuadrilla, a día de hoy, está completa con 40 costaleros, que es el mismo número que el año pasado.
“En 2025, incluso, teníamos margen de algún costalero más, pero, como es normal, se producen bajas naturales y otras altas que no pudieron salir con nosotros el año pasado, pero que pertenecían ya de por sí a la cuadrilla”, ha subrayado.
Ha concretado que se dará preferencia al hermano que es cofrade de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén para portar el paso, que fue el primero que procesionó a costal en Logroño.

De 25 a 30 kilos por costalero
Se busca ampliar la cuadrilla para que “el costalero tenga relevo y descanso”, a la vez que “haya un mayor rendimiento en la calle porque esto, al final, no deja de ser un esfuerzo físico”.
Redondo ha indicado que, aunque no dispone de datos concretos, un paso de estas características suele situarse entre los 1.500 y 2.000 kilos, lo que supone una carga media aproximada de entre 25 y 30 kilos por costalero.
Tras la ‘igualá’, la cuadrilla tiene previsto realizar unos cuatro ensayos antes de la próxima Semana Santa, de los que el primero está programado el 22 de febrero, con la vista puesta en el 30 de marzo, Lunes Santo, en el que Nuestro Padre Jesús Cautivo procesiona en un Vía Crucis organizado por su Cofradía.
Esta imagen, obra del imaginero afincado en Triana (Sevilla) José Antonio Navarro, está realizada en madera de cedro policromada y la primera vez que procesionó en Logroño fue en la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo de 2007.
Aunque es de talla completa, fue diseñada para vestir y luce túnica morada, con camisa blanca y cíngulo de esclavitud dorado.
Representa una iconografía muy extendida en el sur de España, caracterizada por presentar a Cristo atado de manos, esperando su inminente destino.