En la imagen de archivo, el cuerpo de una ballena es despedazado en la estación ballenera de 'Whalefjord', en Reikiavik, Islandia. EFE/Gisli Pall Gudjonsson

Islandia volverá a permitir la caza de ballenas, pero bajo condiciones más estrictas

Copenhague (EFE).- El Gobierno de Islandia anunció este jueves que volverá a permitir a partir del día de mañana la caza de ballenas, que había suspendido el pasado mes de junio temporalmente, aunque bajo condiciones más estrictas.

El inicio de la temporada de caza había sido aplazado debido a un informe crítico sobre la compatibilidad de esta práctica con las leyes de bienestar animal, lo que ha desencadenado un acalorado debate sobre el tema en el país, uno de los pocos en los que todavía se captura comercialmente a este cetáceo.

El Ministerio de Alimentación y Pesca avanzó hoy que tras haber analizado los resultados de un grupo de trabajo creado a este efecto, ha llegado a la conclusión de que los métodos de caza se pueden mejorar desde el punto de vista del bienestar animal.

Por ello, emitirá una nueva regulación con “requisitos más detallados y estrictos para el equipamiento de caza y los métodos de caza, así como una mayor supervisión”, que estará en vigor hasta finales de año.

La primera ministra finlandesa, la verde Katrín Jakobsdóttir, declaró hoy en una entrevista que es importante volver a evaluar la situación una vez que termine la temporada y reiteró que ella misma, al igual que su partido, está en contra de la caza de ballenas.

Sobre el tema se había pronunciado incluso el actor estadounidense Leonardo di Caprio, que este martes pidió al Gobierno islandés en Instagram que apoyase “la voluntad de la mayoría de los islandeses, que quiere parar la caza de ballenas para siempre”.

Islandia, Noruega y Japón son los únicos países que practican la caza comercial de ballenas. El rorcual común o ballena de aleta, la especie que se captura en Islandia, está catalogada como en peligro de extinción.

Figuras públicas como la cantante Bjork abogan por la prohibición de esta práctica y según encuestas recientes aproximadamente la mitad de la población favorece su eliminación y un tercio quiere que continúe.