Francisco Bustamante |
Santander (EFE).- Cantabria está obligada a adaptarse al cambio climático porque su orografía y situación geográfica la mantienen expuesta a efectos que en su costa se materializan en inundaciones, cada vez más habituales en estuarios y marismas, o en el retroceso de playas, sobre todo las que están ‘encajadas’.
Este diagnóstico lo dibuja, en una entrevista con EFE, el director de Investigación del Instituto de Hidráulica de Cantabria (IH Cantabria) y catedrático de Ingeniería Hidráulica de la Universidad de Cantabria, Íñigo Losada.
Losada, uno de los mayores expertos mundiales en cambio climático, reconoce que en Cantabria las distintas administraciones están tomando medidas, aunque advierte de que el problema a la hora de la adaptación a esos fenómenos es la «fragmentación competencial» sobre la costa.
«Uno de los problemas más importantes que tenemos no es el problema técnico de definir cuáles son las soluciones, que eso además se puede y se debe hacer de acuerdo con los ciudadanos, sino el problema es quién lo implementa», apostilla.
En Cantabria, este investigador detalla que las proyecciones e informes realizados reflejan que los efectos que más impactan son el aumento de la velocidad del viento y la elevación del nivel del mar.
Y, añade, que se ven agravados por la intervención de la mano del hombre con construcciones en la línea de costa, que representan «una barrera al transporte de sedimentos».
Estuarios y playas, lo más amenazados
Esto hace que los estuarios o las marismas, al ser las zonas más bajas, son los que más tienden a inundarse, no pueden retroceder para regenerarse y provoca que cada vez se vaya perdiendo superficie que gana el mar, porque el proceso de adaptación natural de estos sistemas morfodinámicos y de los ecosistemas que están vinculados, no es posible.
«El problema fundamental es que muchos de estos sistemas podrían migrar hacia el interior si tuvieran espacio para migrar hacia el interior. Pero como nosotros los estamos ocupando y estamos construyendo y artificializando todo lo que es el entorno de los estuarios, no lo pueden hacer», incide.

El otro proceso que describe y que tiene unos efectos «más claramente visibles» en todos los análisis que el IH Cantabria ha hecho sobre los efectos del cambio climático en Cantabria es la pérdida de superficie de playa, sobre todo aquellas que están cerradas, que son la mayoría en la comunidad autónoma.
«La mayor parte de nuestras playas son encajadas, por tanto, no hay ninguna posibilidad de que esas se adapten, porque por el aumento del nivel medio del mar lo que van a hacer es retroceder. Además, tienen muros perimetrales, como paseos marítimos o equivalentes. Eso lo que no permite es que después de temporales que cada vez van a ser más frecuentes, la playa se recupere», argumenta Losada.
Santoña, proyecto piloto
Entre los ejemplos de estuarios amenazados en Cantabria por las inundaciones, señala las rías de San Vicente de la Barquera y Santoña, mientras que las playas del tipo de la de Mataleñas, en Santander, son las que pueden desaparecer por la subida del nivel del mar.
En el caso de Santoña, Íñigo Losada avanza que se está trabajando con el Gobierno de Cantabria a modo de «proyecto piloto» para estudiar las medidas que pueden ser efectivas para paliar los efectos del cambio del clima en esa zona, donde se ubica el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel.
Según apunta, las medidas pueden abarcar tanto el ámbito de la planificación urbana, como sistemas de alerta temprana o intervenciones directas en la costa con regeneración de playas o construcción de infraestructuras de protección.
La Mesa de la Bahía, una medida ejemplar
Otra de las zonas amenazadas se sitúa en la Bahía de Santander, donde se ha creado una mesa que reúne a agentes sociales, económicos y administraciones con competencias en todos los ámbitos de un espacio costero sensible y que está monitorizado.
De hecho, un estudio del Instituto de Hidráulica concluyó que el sistema de playas y el canal de navegación de la Bahía se encuentra en un «equilibrio dinámico» gracias a los dragados que periódicamente realiza el Puerto de Santander.
Sin embargo, el estudio proponía realimentar los arenales con arena del exterior para hacer frente al aumento del nivel del mar por el cambio climático.
Losada considera «ejemplar» la medida de crear la Mesa de la Bahía, que involucra a todas las partes implicadas para planificar la actuación en un sistema morfodinámico.
«Yo creo que, en ese sentido, se está actuando bien porque se tiene esa fotografía general y hay una serie de pautas de entendimiento para ir trabajando», opina.
Íñigo Losada resume todo en que sí se está notando el cambio climático en la costa de Cantabria, en las playas y en algunas zonas, pero se felicita porque «ya se están tomando medidas».








