Roma (EFE).- El papa León XIV ha acudido este sábado a la ‘Tierra de los Fuegos’, una comarca italiana ‘envenenada’ durante años por los residuos tóxicos desechados por la mafia, y ha invocado un cambio del paradigma económico para sanar el planeta de los efectos de un modelo de crecimiento que causa pobreza y enfermedad.
«Será un verdadero cambio de mentalidad económica, civil e incluso religiosa lo que edificará el bien que sanará esta tierra y todo el planeta», proclamó el pontífice ante unos 15.000 fieles congregados en una céntrica plaza de la localidad italiana de Acerra (sur).
«Tierra de los Fuegos»
Este pueblo es el epicentro de la llamada ‘Tierra de los Fuegos’, un área de unas 90 localidades cerca de Nápoles donde durante décadas la mafia local ha sepultado y quemado residuos tóxicos.
El pontífice estadounidense, siguiendo los anhelos de su sucesor Francisco y citando en varias ocasiones su encíclica medioambiental ‘Laudato Si’ (2025), empezó el día con un encuentro en la catedral con los familiares de las víctimas y enfermos de la contaminación.
Y después, tras desfilar por Acerra en papamóvil, se dirigió a las autoridades civiles en un discurso en el que, entre otras cosas, rechazó un modelo económico individualista, «tecnocrático», que acapara recursos naturales y prioriza los intereses de unos pocos.

«Ese paradigma todavía hoy se presenta como vencedor: está en el origen de la multiplicación de los conflictos, detrás de los cuales se encuentra la carrera por el acaparamiento de los recursos; lo vemos resistir cada vez que quienes tienen responsabilidades políticas son demasiado débiles frente a los poderosos», lamentó.
Pero dicho modelo, avisó, también está «activo» en un desarrollo tecnológico marcado por «los vertiginosos beneficios de unos pocos y que es ciego ante las personas, su trabajo y su futuro».
Límites a ese sistema económico
León XIV, al proponer ese «cambio de mentalidad» y límites a ese sistema económico, llamó a un pacto entre personas, instituciones y organizaciones para llevar estas ideas al ámbito educativo y social, instando a no caer en el desánimo o la resignación.
«Ahora todos sabemos que es necesario vigilar la salud de la Creación como se hace con la puerta de casa, rechazando las tentaciones de poder y de enriquecimiento ligadas a prácticas que contaminan la tierra, el agua, el aire y la convivencia», llamó.
En este sentido, vaticinó la creación «paso a paso pero rápidamente de un sistema menos consumista».
«¡Cuántos residuos, cuánto desperdicio, cuántos venenos han surgido de un modelo de crecimiento que nos ha como hechizado, dejándonos más enfermos y más pobres. Aprendamos entonces a ser ricos de otra manera», emplazó.
Anteriormente, en la catedral, el papa pudo escuchar de boca del obispo de Acerra, Antonio Di Donna, la envergadura del «drama ambiental» que ha envenenado esta comarca.
El monseñor explicó que todo empezó en la década de 1980 cuando los ricos industriales del norte italiano encontraron en este área del atrasado sur un lugar para deshacerse de los residuos tóxicos de sus fábricas, con la infausta mediación de la mafia.
«A lo largo de unos treinta años, llegaron desde muchas industrias miles de toneladas de residuos tóxicos que fueron vertidos en una parte de este territorio. Esto aseguró grandes ahorros a los industriales corruptos y enormes beneficios al crimen organizado», sostuvo el obispo.
Esto, denunció, ha causado «enfermedades y muertes prematuras, especialmente entre adolescentes y jóvenes», subrayando un nexo claro entre la contaminación y los frecuentes tumores.
El alcalde de Acerra, Tito d’Errico, tomó después la palabra para decir al pontífice que esta tierra, más allá de sus problemas, «no se resigna» sino que es también un símbolo de «resistencia civil, redención moral y de una ser profunda de cambio».








