EFE/Beatriz Naya
EFE/Beatriz Naya

La «nueva normalidad» de China en torno a Taiwán: menos aviones y más coerción marítima

Javier Castro Bugarín | 

Taipéi (EFE).- Durante años, los mayores exponentes de la presión china sobre Taiwán fueron las aeronaves de guerra: cazas de combate, bombarderos, aviones de alerta temprana, drones y helicópteros que cruzaban diariamente el estrecho para hostigar a la isla. En 2026, eso parece haber cambiado.

Banner WhatsApp

Según cálculos de EFE basados en los informes diarios del Ministerio de Defensa Nacional (MDN) de Taiwán, el número de aeronaves chinas detectadas en los alrededores de este territorio cayó un 51 % en el primer semestre respecto al mismo periodo de 2025, hasta un total de 1.334, la cifra más baja en cuatro años.

Muchos analistas han atribuido ese descenso, en parte, a la aparente mejora en las relaciones entre Estados Unidos y China, plasmada en la cumbre celebrada en mayo en Pekín entre los líderes de ambos países, Donald Trump y Xi Jinping. La realidad, en cambio, es más compleja.

Si bien la presión aérea, sobre el papel, ha disminuido, la Armada china ha mantenido intacta su presencia en las cercanías de Taiwán este año, a la que recientemente se han sumado nuevos actores: las embarcaciones de la Guardia Costera (CCG) y los buques de investigación chinos en aguas al este de la isla.

Este despliegue supone un salto cualitativo en la prolongada campaña de presión china sobre Taiwán y evidencia los esfuerzos de Pekín por expandir sus operaciones más allá de la primera cadena de islas del Pacífico, según analistas consultados por EFE.

«China intenta ir por dos vías a la vez: una menos sensible, con guardacostas y buques civiles, y otra militar, y ambas se apoyan mutuamente», afirma Evans Chen, investigador asociado del Instituto para la Investigación de la Defensa y la Seguridad Nacionales (INDSR), un centro vinculado al Ministerio de Defensa taiwanés.

Intensificación del cerco marítimo

El último capítulo de estas tensiones está relacionado con el anuncio, el pasado 28 de mayo, del inicio de negociaciones entre Japón y Filipinas para delimitar sus respectivas zonas económicas exclusivas y plataformas continentales, que pasan necesariamente por la región situada al este de Taiwán.

La respuesta de China no se hizo esperar: Pekín envió a su Guardia Costera a la zona el 1 de junio y, entre el 6 y el 10, el Ministerio de Transportes llevó a cabo una «operación especial de control del tráfico marítimo» en estas aguas, iniciativa que conllevó la inspección de 198 buques y la rectificación de “infracciones” sobre tres de ellos.

En una declaración remitida a EFE, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino defendió estas acciones como «legítimas» y una «respuesta necesaria» ante las «manipulaciones» de Tokio y Manila, mientras que, en un comunicado aparte, la Cancillería taiwanesa las tachó de «ilegales».

Con todo, la presencia china al este de Taiwán ya había comenzado a principios de mayo y se mantuvo «constante» incluso tras la conclusión de la citada «operación especial» de Pekín, asegura Jason Wang, director de operaciones de ingeniSPACE, una firma de inteligencia geoespacial con sede en Silicon Valley.

Un análisis elaborado por esta empresa a partir de datos satelitales y de los sistemas de identificación automática (AIS) revela que, entre el 1 y el 8 de junio, los buques de la CCG navegaron por una amplia zona al este de Taiwán, desde las inmediaciones de su costa oriental hasta bien entrada la zona económica exclusiva reclamada por Taipéi.

Otra novedad la protagonizan los buques de investigación marítima, cuyas incursiones en estas aguas se han vuelto más habituales, como es el caso del Xiang Yang Hong 22, que fue avistado a 57 kilómetros del municipio de Suao a mediados de junio, de acuerdo con la Guardia Costera taiwanesa.

Estos barcos pueden recopilar información esencial para la guerra submarina y antisubmarina, indica Christopher Sharman, director del Instituto de Estudios Marítimos sobre China (CMSI) del Naval War College de EE.UU., quien sostiene que el gigante asiático «trata cada vez más las capacidades marítimas civiles como parte de un sistema marítimo nacional más amplio».

«Eso no significa que cada buque de investigación esté ejecutando misiones militares; la clave es que Pekín ha construido deliberadamente un sistema en el que esas capacidades civiles pueden incorporarse a operaciones militares cuando haga falta», manifiesta Sharman a título personal.

Más allá de la primera cadena de islas

Los expertos coinciden en que esta intensificación de la presencia china al este de Taiwán -una zona que alberga vías marítimas clave para el comercio mundial- no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una estrategia regional de mayor envergadura.

«En lugar de provocar una única gran crisis, China aplica una presión sostenida en varios frentes a la vez», resume Sharman, quien apunta al «viejo empeño de Pekín por extender su alcance operativo por toda la primera cadena de islas y establecer gradualmente una ‘nueva normalidad’ en zonas donde su presencia era poco habitual».

La primera cadena de islas es un concepto estratégico que hace referencia a la línea de archipiélagos que va de Japón a Borneo pasando por Taiwán y Filipinas, y que funciona como una suerte de barrera marítima frente a China; para proyectar su poder hacia el Pacífico, Pekín necesita atravesarla.

En los últimos años, China ha incrementado sus actividades cerca de Taiwán y de archipiélagos e islas periféricas administradas por Taipéi, como Kinmen y Pratas, y redoblado sus patrullas en torno a las Senkaku (bajo control de Japón) y en el mar de China Meridional, con foco en el atolón de Scarborough, disputado con Manila.

Otro rastreo de ingeniSPACE, centrado en el mar de China Oriental, muestra cómo cientos de pesqueros chinos han faenado en el interior de las zonas económicas exclusivas de Corea del Sur y Japón este año, en actividades que, en opinión de Jason Wang, «no son pesca natural».

«China está utilizando la pesca como tapadera para sentar las condiciones que le permitan moldear el tráfico marítimo comercial, crucial para la seguridad económica del Indopacífico y de sus socios globales”, recalca.

Raymond Powell, responsable del proyecto de transparencia marítima SeaLight de la Universidad de Stanford, describe este tipo de movimientos como «tácticas de salami» (‘salami slicing’), con las que China pretende modificar el statu quo a su favor de forma paulatina.

«La idea es que vas presionando en los lugares y de las formas en que calculas que tu adversario no tiene nada en su caja de herramientas para responder», señala Powell, y agrega que esta presión ha terminado por propiciar una mayor colaboración entre los países de la región y Estados Unidos.

«Japón, Taiwán, Filipinas, todos están ganando mucha resiliencia con toda esta experiencia. La pregunta es si es suficiente», subraya.

¿Bloqueo duro o «cuarentena blanda»?

Volviendo a Taiwán, Powell cree que el actual despliegue chino podría ser la antesala de una «cuarentena blanda», con la que Pekín podría detener, abordar o incluso desviar el tráfico comercial con destino a la isla e impedir la entrada de suministros básicos, como el gas natural licuado, la principal fuente de generación eléctrica del territorio.

En un reciente informe publicado por el CMSI, el investigador Ryan D. Martinson advirtió a su vez de que una presencia permanente de la Guardia Costera china dejaría a Pekín en posición de imponer con rapidez su control administrativo sobre los barcos que viajan hacia Taiwán, allanando el camino hacia una eventual cuarentena.

Evans Chen, por su parte, ve «muy posible» que China imponga un bloqueo marítimo «a gran escala» contra la isla en un futuro próximo, y duda de que las advertencias de Washington basten para disuadir a Pekín.

«(China) ya está decidida a romper la primera cadena de islas, así que quizá la trampa de Tucídides y la confrontación no puedan evitarse; solo es cuestión de cuándo y cómo», concluye el investigador.