Río de Janeiro (EFE).- El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, admitió este jueves que está «muy decepcionado» con la situación que enfrentan tanto su hijo mayor como su exjefe de Gabinete, investigados por supuesto tráfico de influencias en negociaciones con cabilderos.
El líder progresista atribuyó las acusaciones contra ambos a simples «ilaciones» aún no probadas, pero afirmó que no hará nada para sabotear las investigaciones; aseguró que si son culpables tendrá que pagar por lo que hicieron y admitió que su jefe de Gabinete tuvo un comportamiento «totalmente equivocado».
«Estoy muy tranquilo (sobre si el escándalo puede afectar su Gobierno), pero también muy decepcionado. Mi hijo sabe que no podía cometer ningún error. Si cometió, va a pagar por eso», aseguró el jefe de Estado en una entrevista a la red de televisión Globo.
Mientras que la Fiscalía investiga por tres casos de tráfico de influencias a Fabio Lula da Silva, el primogénito del mandatario, las autoridades indagan al exjefe de Gabinete de Lula, Marco Aurélio Ribeiro Santana, conocido como Marcola, por recibir recursos y regalos de una cabildera.

Los escándalos se han explotado electoralmente por parte de los candidatos de la oposición en las elecciones presidenciales de octubre próximo, en las que Lula aspira a la reelección y tiene como principal rival al senador ultraderechista Fábio Bolsonaro.
«No es algo adecuado (recibir favores de un cabildero). Marcola sabe del error que cometió porque ese no es el papel de un jefe de Gabinete», afirmó sobre su excolaborador, a quien trató como «un hijo» y una persona de su «total confianza» con la que trabaja hace siete años.
A la espera de pruebas
Pese a admitir su decepción con ambos, Lula afirmó que las acusaciones no pasas de «ilaciones» hechas a partir de conversaciones telefónicas.
Agregó que hasta ahora no hay ninguna prueba de que Marcola repasó las peticiones de los cabilderos a algún otro ministro para que las atendiera o de que los operadores políticos consiguieran liberar los recursos públicos que buscaba para sus negocios.
Según Lula, tan solo se puede hablar de un crimen si se comprueba que las conversaciones de su exasesor se tradujeron en algún negocio con recursos públicos, algo de lo que hasta ahora, dijo, no hay indicios.
«Él dice que los recursos que recibió se refieren a un préstamo y yo creo en su versión», aseguró Lula, quien se dijo molesto de que, si tenía un problema financiero, Marcola no le hubiese pedido ayuda directamente a él.
Dijo esperar que los investigadores y los jueces cumplan su papel y determinen lo que ocurrió, pero insistió en que, si cometieron algún error, tendrán que pagar por lo que hicieron.
«Si Fábio cometió cualquier ilícito, tendrá que pagar como cualquier ciudadano brasileño. No voy a intermediar ante ningún comisario ni hacer ningún movimiento para que mi hijo no sea investigado, como otros ya lo hicieron», afirmó en una aparente referencia a las gestiones realizadas por su antecesor, Jair Bolsonaro, ante acusaciones contra sus hijos.
Agregó que asumió el compromiso como presidente de la República y no como un padre para garantizar que las autoridades investiguen todo sin interferencias políticas.
«Solo él (su hijo) sabe la verdad. Si él hizo algo, lo pagará. No hay ninguna otra forma. No será protegido por ser mi hijo. Él, por lo tanto, sabe lo que tiene que hacer, que es probar su inocencia.









