Pamplona (EFE).- La «fiesta del libro» se celebra de nuevo en la calle un 23 de abril en varias localidades de Navarra y en la mayoría de sus librerías, que acompañan con descuentos la venta para incentivar a quienes se muestran más remisos y premiar a los incondicionales.
Se ha evidenciado en la avenida de Carlos III de Pamplona, donde 19 de estos comercios de Pamplona han trasladado sus ejemplares a otros tantos puestos bajo una extensa carpa. En uno de los espacios la organización sin ánimo de lucro Saharako Kabiak/ Nidos del Sahara vendía flores con un destino solidario para su recaudación, que se dedicará íntegramente a la adquisición de libros para los campamentos de refugiados del Sahara.
Se cumple así con la tradición de regalar en esta jornada un libro y una flor, que en Pamplona incentivan el Ayuntamiento poniendo la infraestructura y la Asociación de Librerías de Navarra Diego de Haro con la organización y la venta de libros a cargo de sus asociados. Ha sido en una jornada ambientada en la que acompañado el tiempo.
El valor del libro, que todo lector encuentre su opción
El presidente de la Asociación, Pablo Abárzuza, ha reconocido a los periodistas la gran cantidad de ediciones, de libros y de publicaciones por la que el lector puede optar. Pero ha defendido que «el valor del libro es que todo el mundo encuentre su opción» y para ayudar están «las librerías y los libreros».
Ha reconocido que en la jornada del Día del Libro, con iniciativas como la oferta en la calle y el descuento del 10 % «se vende más, pero que nadie se haga librero para hacerse millonario», ha dicho con humor.

Ha valorado que «lo bonito de este día es la gente que se acerca a las librerías, pasa por aquí, habla contigo, toquetea los libros, ve que el libro es algo vivo, algo que se puede tocar, que no está encerrado en una urna intocable e incluso se puede oler».
Y eso también lo disfruta el librero, ha reconocido Abarzuza, quien preguntado por alguna recomendación ha señalado que las lecturas son muy particulares y depende de la personalidad y los gustos de cada persona.
«Pero un librero tiene los años de experiencia y el conocimiento para poder asesorar a la persona que venga, eso es lo que nos gusta. En el fondo cobramos porque no queda más remedio, pero lo que nos gusta es estar con la gente y recomendar los libros», ha zanjado.
Asiron anima a corresponder al esfuerzo de los libreros
Hasta el enclave se han acercado a lo largo de la mañana cientos de personas, entre ellas la consejera de Cultura, Rebeca Esnaola, o el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron. Este último ha agradecido «el esfuerzo» de los libreros en este día, en el que ha animado a la ciudadanía a corresponder saliendo también a la calle a ojear los libros «porque hay cositas interesantísimas».
Historiador y profesor, Asiron ha reconocido que a diario saca «un rato para leer» alguna de las «dos o tres cosas» que habitualmente tiene abiertas. Llega al Día del Libro este año releyendo un «Tratado sobre la belleza» de historia del arte; leyendo la novela sobre crímenes en la antigua Roma; y con el historiador local Mikel Zuza sobre la vida de Carlos III, «tirando siempre para lo mío», la historia.

Preguntado sobre sus preferencias de formato de los libros, el alcalde ha asegurado: «A mí todavía me gusta el olor a libro, aunque también alguna vez leo alguna cosilla digital».
En cuanto al tiempo que un alcalde puede dedicar a la lectura por ocio, Asiron ha reconocido tener «inconmesurables defectos, pero también una virtud: No me gusta perder el tiempo. No soy capaz de estar una tarde en el sofá sin hacer nada o viendo la tele. Siempre estoy haciendo algo, o estoy escribiendo o estoy leyendo. Me entretiene muchísimo, me gusta».










