La densitometría ósea mide el grado de mineralización del hueso y se usa en el diagnóstico precoz de la osteoporosis. EFE/Clínica Universidad de Navarra

La edad, la obesidad y una dieta pobre aumentan el riesgo de déficit de vitamina D

Pamplona (EFE).- La edad, la obesidad, una dieta pobre y algunas enfermedades crónicas aumentan el riesgo de déficit de vitamina D, un problema que afecta a más del 30% de la población, incluso en países soleados.

La evidencia científica acumulada en la última década ha ampliado de forma notable su papel en el organismo. Hoy se sabe que este nutriente, que actúa más como una hormona que como una vitamina clásica, influye en múltiples sistemas y funciones del cuerpo humano, explica la Clínica Universidad de Navarra en un comunicado.

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“La vitamina D no solo regula la absorción de calcio y fósforo, también interviene en la función muscular, el sistema inmune, el metabolismo y la regulación de la inflamación”, explica Ana Hernández Moreno, responsable del Área de Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona.

Imagen de una de las sedes de la Clínica Universidad de Navarra. EFE/ Fernando Alvarado

Un déficit muy frecuente

El déficit de vitamina D sigue siendo muy frecuente. El motivo principal está en los hábitos de vida actuales y en distintos factores biológicos: el trabajo en interiores, el uso necesario de fotoprotección y la menor intensidad de la radiación solar durante varios meses del año.

A esto se suman otros factores como la edad avanzada, los fototipos altos, la obesidad, ciertas enfermedades crónicas o una dieta nutricionalmente pobre. “Aunque vivamos en un país soleado, la combinación de todos estos factores hace que el déficit siga siendo frecuente”, subraya la especialista en Endocrinología y Nutrición.

Jornada soleada en Pamplona. EFE/Iñaki Porto

Alimentación y suplementos: cuándo están indicados

La dieta por sí sola rara vez cubre las necesidades de vitamina D, ya que los alimentos que la contienen de forma natural son escasos, por lo que debe ir acompañada de otras indicaciones, como la exposición controlada a la luz natural.

En determinados casos la suplementación está indicada, pero siempre bajo criterio médico. “No se trata de tomar vitamina D por si acaso”, advierte la Hernández.

En personas sanas sin déficit ni factores de riesgo, no se ha demostrado beneficio, y un consumo excesivo y prolongado puede provocar efectos adversos.

Imagen que muestra un bote de pastillas de vitamina D. EFE/Lawrence Looi

Salud ósea y etapas clave en la mujer

El papel mejor conocido de la vitamina D es su relación con la salud ósea. Es esencial para que el calcio se absorba correctamente y se incorpore al hueso, un equilibrio especialmente importante en etapas como la menopausia.

“El calcio son los ladrillos del hueso y la vitamina D es el cemento: si falta uno de los dos, el hueso no se forma correctamente”, explica Álvaro Ruiz Zambrana, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra.

Además, durante el embarazo y la lactancia las necesidades de vitamina D también aumentan.

“El feto y el recién nacido obtienen este nutriente de la madre, por lo que es fundamental mantener unos niveles adecuados para el correcto desarrollo óseo del bebé y para mantener la salud ósea de la madre”, señala el especialista, quien recuerda la relación de esta vitamina con el metabolismo de la glucosa y el control de la tensión arterial también durante la gestación.