El grupo de viviendas Pedro Velarde de Santander, que el Ayuntamiento va a reformar por completo. EFE/Eva García

Un barrio que sus vecinos conservan desde hace cinco generaciones

Santander (EFE).- El Grupo Pedro Velarde de Santander, que el Ayuntamiento va a reformar por completo, pasa desapercibido en la capital cántabra, a pesar de contar con 385 viviendas y un entramado de patios y plazas que sus vecinos llevan conservando desde hace cinco generaciones.

Su asociación de vecinos, ubicada en un pequeño local en una de las placitas del conjunto residencial, cuenta con microondas, cuatro paredes forradas de azulejo, una mesa y unas cuantas sillas en las que tres vecinas de distintas generaciones conversan.

Manuela Lama explica a EFE que lleva 70 años viviendo en el barrio, en cuya construcción, que terminó en 1955, participó su padre, y en el que viven ahora sus nietos.

El Grupo Pedro Velarde fue construido como viviendas sociales cuando en esa zona de Santander, junto a lo que ahora está el hospital de referencia nacional Marqués de Valdecilla, «no había nada», según cuenta otra de sus vecinas Mercedes Quintanilla.

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«Esto estaba aislado, lejos de Santander. Aquí cerca solo estaba la fábrica de madera de La Marga, el matadero y la entrada a la ciudad. Era el fin del mundo», asegura.

Como vivir en un pueblo

Manuela y la madre de Mercedes, además de vecinas, eran amigas y criaron juntos a sus hijos, que también viven en el barrio. «Aquí vino mi abuela y mi nieto es la quinta generación», explican.

«No había puertas cerradas. Era como si viviéramos en un pueblo. Aquí te criabas en la calle, y eso lo he vivido yo pero mis hijos también», añade Mercedes.

Como el barrio estaba muy aislado del centro urbano, todos los vecinos tienen un fuerte sentido de pertenencia a una comunidad, ya que hacían una vida «muy diferente» a la de los demás santanderinos. Los niños salían solos a la calle desde los cinco años y se movían con libertad.

«Nuestros amigos del colegio, que eran de otras zonas de Santander, se venían aquí porque estábamos en la plazoleta, en verano, hasta las tres o cuatro de la mañana hablando en la calle», recuerda la presidenta de la Asociación de Vecinos, Aída Soroa, cuarta generación de residentes del Grupo.

Aída cuenta que sus amigos de entonces se siguen juntando en el barrio con sus hijos, la quinta generación, porque no se desprenden de ese sentido de pertenencia por el que han comprado pisos allí, ni del valor sentimental que les tienen.

«Si le pasara algo a alguien del barrio, lo siento en el alma, como si fuera mío, para bien y para mal», explica Manuela y recuerda cómo antes se sentía protegida y en familia si pasaba algo, porque «abrías la puerta, pegabas un grito y bajaban tres o cuatro a ver si estabas bien».

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La llegada al barrio de gente nueva, la mayoría de alquiler o estudiantes de medicina o enfermería -por su cercanía con el hospital-, hace que la convivencia haya cambiado mucho. «Ahora no conoces a nadie, ya nadie te saluda», lamenta Manuela.

Ni un banco a mitad de cuesta

La accesibilidad siempre ha sido una de las cuestiones por las que más han luchado estos vecinos, que reivindican que antes ni siquiera había un bus que llegara al conjunto residencial y que tenían que ir andando a todos lados.

«Era un barrio aislado, pero pasaba por delante la carretera nacional y aun así no había nada de transporte», critican estas vecinas, que, aunque ahora cuenten con una parada y dos autobuses, siguen reivindicando más accesibilidad y transporte.

Como la mayoría de residentes son mayores, subir la cuesta supone mucho esfuerzo y denuncian que ni siquiera hay un banco a mitad de la cuesta en el que poder sentarse.

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Las vecinas sueñan también con una rampa eléctrica o un autobús que llegue a Valdecilla Sur, aunque se muestran contentas con conseguir que por fin renueven el barrio con las obras que arrancan esta semana.

El proyecto incluye la renovación de viales y andenes, del saneamiento, de los parques infantiles, y se construirá un espacio para que hagan ejercicio los mayores. Unas obras que se ejecutarán en 12 meses con un presupuesto de 1,6 millones de euros.