La iglesia del Barrio Covadonga, en Torrelavega, refleja un constante deterioro que ha llevado a que los vecinos de esta zona se movilicen por una intervención urgente en el templo. EFE/Javier G. Paradelo

La iglesia que vio crecer el barrio Covadonga lucha contra su deterioro

Javier G.Paradelo |

Torrelavega (EFE).- La iglesia del Barrio Covadonga, en Torrelavega, no es una más en medio de un barrio obrero, es un edificio que traspasa las barreras religiosas y, por eso, su evidente y constante deterioro ha hecho que los vecinos se movilicen para reclamar una intervención urgente.

Construida a mediados de los años 60 del pasado siglo, incluso mucho antes que parte de los edificios del barrio, ha sido durante décadas sede de todo tipo de relaciones vecinales, políticas, sociales y reivindicativas, ademas de lugar de culto a través de una activa comunidad de dominicos.

El portavoz de la coordinadora vecinal creada para reclamar el arreglo de la iglesia, Antonio Saiz, explica a EFE que está “en riesgo real” y necesita una intervención urgente en el tejado para poner fin a una situación de peligrosidad fruto de 30 años sin ninguna reparación.

En la actualidad, el estado del templo es tal que los oficios entre semana se celebran en la capilla ubicada en los bajos, y las misas dominicales y los funerales hace más de un mes que han sido trasladados a la iglesia del barrio más cercano, Campuzano, ya que la nave central no ofrece garantías de seguridad.

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Los últimos temporales han lanzado la voz de alarma cuando el viento arrancó y arrojó a la calle grandes paneles del tejado, un paso más del progresivo deterioro que se venía observando desde hace tiempo, y que requiera una inversión por encima de 250.000 euros para mantener este templo abierto al culto.

Llamamiento al Obispado

No obstante, Antonio Saiz explica que los vecinos reclaman al Obispado de Santander, propietario del templo, que se haga una inspección profunda de todo el inmueble para conocer el estado real del edificio, ante el temor de que haya desperfectos ocultos que puedan poner en peligro a los fieles.

Asegura que por el momento, los grupos que utilizan los sótanos de la iglesia siguen llevando a cabo sus actividades sin un riesgo de peligrosidad tan evidente como lo tiene el culto en la parte de arriba, aunque temen que una rehabilitación profunda también requiera intervenir en esa zona.

En estos bajos tienen o han tenido su sede colectivos como los scout, danzas, varios colectivos juveniles, la tercera edad o la asociación de vecinos, además de acoger durante décadas actividades relacionadas con el activismo como la Semana de la Ecología.

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A juicio del portavoz vecinal, a día de hoy la iglesia “ya no cumple unos parámetros de seguridad” y lo que pretenden los vecinos es evitar que se pueda derrumbar un edifico donde nació la identidad del barrio y donde se ha forjado la memoria colectiva de miles de ciudadanos durante más de medio siglo.

Por todo ello, la coordinadora vecinal ha iniciado un periodo de información general a los habitantes del barrio, de Torrelavega y de Cantabria sobre el estado del templo, con el objetivo de que el Obispado tome cartas en el asunto y se proceda a la rehabilitación.

«No vamos a dejar que la historia se borre»

Tras esta primera etapa en la que se quiere dar a conocer el valor social del templo, se tiene previsto pasar a otra más reivindicativa con acciones aún sin concretar pero que, según Antonio Saiz, podrían ir en la misma línea que las realizadas antaño para reclamar mejoras para el barrio.

«No vamos a dejar que nuestra historia se borre y no vamos a permitir que nuestra parroquia se apague, una parroquia levantada en los años de expansión obrera de Torrelavega y cuya presencia marcó la vida comunitaria en bautizos, bodas, funerales, convivencias y grupos de apoyo», ha recordado.

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Ya en 2011, cuando los dominicos anunciaron que dejaban Covadonga, hubo movilizaciones vecinales para intentar que se quedaran porque la relación entre parroquia y barrio no era una mera convivencia, era un vínculo afectivo.

Al final, en 2020 los dominicos se marcharon y la parroquia pasó a depender del clero diocesano y, aunque la vida comunitaria siguió latiendo, el estado del edificio entró en una lenta y constante agonía estructural.