El profesor Roberto Castilla, junto a sus alumnos Izan Ortiz (segundo por la derecha en su puesto de trabajo en el torno), Álvaro García, Fabio Rebanal, Alejandro Martín, del instituto Miguel Herrero, que han resultado ganadores de las últimas ediciones del Campeonato Nacional de Torneros. EFE/Javier G. Paradelo.

Tres títulos consecutivos a los mejores torneros

Por Javier G.Paradelo |

Torrelavega (EFE).— Los talleres del instituto Miguel Herrero de Torrelavega cuentan con alumnos más allá del horario lectivo, porque varios estudiantes se quedan tras las clases para perfeccionar su formación y ello ha permitido que durante tres años este centro se haya llevado el Campeonato Nacional de Torneros.

El esfuerzo de alumnos y profesores ha tenido una recompensa poco habitual en estos campeonatos y consolida al instituto como referencia en la Formación Profesional industrial al lograr ser el mejor de los 16 centros educativos de 12 comunidades autónomas participantes.

El último estudiante en lograr ese hito ha sido Izan Ortiz, alumno de segundo curso de Grado Medio de Mecanizado, que se ha proclamado campeón en la última edición, aunque hace tres años (2024) Álvaro García fue el primero que logró imponerse a nivel nacional.

El pasado año (2025) otro estudiante del centro, Jefferson Cubas, repitió su hazaña en una especialidad que forma a profesionales en el manejo de máquinas-herramientas con una alta demanda en el mercado laboral.

Su profesor, Roberto Castilla, uno de los impulsores del proyecto junto a su compañero Alfonso Segovia, explica a EFE que la victoria de sus alumnos no es fruto de una preparación puntual, sino de más de seis meses de trabajo al margen de la jornada lectiva durante varios días a la semana.

En ese tiempo trabajan de manera específica sobre la pieza que es necesario mecanizar durante la fase regional y nacional del concurso, para cumplir los requisitos de exactitud de los parámetros geométricos y el tiempo máximo de trabajo que es posible emplear para ello.

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Un reto técnico de alta precisión

La prueba consiste en mecanizar, en un máximo de tres horas, una pieza de alta complejidad formada por un eje con rosca de doble entrada y a izquierdas que debe encajar de mera precisa en un casquillo con la misma rosca interior.

Según detalla Roberto Castilla, ese ejercicio exige precisión milimétrica, planificación y dominio técnico, algo que sólo es posible lograr con experiencia y horas de trabajo.

Izan Ortiz fue el único participante en la fase nacional que consiguió completar el ensamblaje dentro del tiempo establecido, lo que resultó determinante para obtener el primer puesto del Campeonato Nacional de Torneros.

En este tipo de pruebas, explican los docentes, el principal obstáculo no es solo la dificultad técnica, sino la capacidad de ejecutar de forma correcta todo el proceso en un tiempo limitado y con los menores movimientos de la pieza para garantizar la exactitud geométrica.

Roberto Castilla señala que el entrenamiento de los alumnos se centró en optimizar cada fase del mecanizado, ajustando las estrategias de trabajo para ganar tiempo sin perder calidad.

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Tres años de un proyecto consolidado

El profesor asegura que estos premios han generado un efecto multiplicador dentro del propio instituto, pues si en las primeras ediciones los alumnos eran reacios a participar, ahora se ofrecen de manera voluntaria, conscientes del valor profesional de la experiencia.

Castilla subraya que el concurso de torneros no solo mide habilidades técnicas, sino que también actúa como escaparate ante el sector industrial. Los jurados están formados por profesionales de empresas, que observan de cerca a los participantes como posibles futuros trabajadores.

Vocación y futuro laboral

Más allá del reconocimiento, Izan Ortiz destaca el impacto que tiene esta experiencia en su futuro laboral, pues reconoce que su objetivo es trabajar en el sector del mecanizado, aunque también se plantea continuar su formación con un grado superior vinculado al diseño industrial.

Su profesor explica que existe una demanda elevada de profesionales cualificados en este ámbito, y muchas empresas aprovechan el periodo de prácticas de los alumnos para incorporar talento joven a sus plantillas de forma estable.