Barcelona (EFE).- Francesc Augé, el hombre cuya eutanasia está paralizada por la justicia tras el recurso presentado por su progenitor contra su muerte asistida, está ingresado en un centro hospitalario de Barcelona tras intentar suicidarse el pasado fin de semana.
La Generalitat autorizó en agosto de 2024 la muerte digna de Augé, que en la actualidad tiene 56 años, al estar aquejado de importantes secuelas en el movimiento y el habla derivadas de tres ictus y dos infartos.
Sin embargo, su padre paralizó la eutanasia con un recurso presentado ante los tribunales hace dos años.
Aunque la familia decidió finalmente retirarse del proceso judicial este verano, la justicia todavía no ha reactivado la muerte asistida de Augé, lo que le ha llevado este fin de semana a intentar suicidarse, según ha avanzado la cadena Ser y han confirmado a EFE fuentes jurídicas.
El caso de Noelia
El caso de este hombre discurrió en paralelo en los juzgados catalanes al de Noelia, la joven afectada por una paraplejia cuyo padre también logró paralizar in extremis su muerte asistida, aunque finalmente la justicia autorizó que se le aplicara la eutanasia.
Fuentes de la consellería de Sanidad insisten en que la eutanasia de Augé está autorizada por la Comisión de Garantía y Evaluación de la Generalitat desde agosto de 2024.
A raíz de este caso, el Tribunal Supremo reconoció por unanimidad el pasado mes de mayo que una persona está legitimada para recurrir ante la Justicia la concesión de la eutanasia de un tercero si tiene una «vinculación particularmente estrecha» con el solicitante de la muerte asistida.
De esta manera, el Supremo avalaba que el padre de Augé, mayor de edad y con plenas capacidades, impugnase la muerte asistida que se le concedió a su hijo.
Sin embargo, el alto tribunal pidió también un cambio legislativo que recorte los plazos de los procedimientos judiciales sobre la eutanasia para agilizar estos recursos y que el retraso en estos procedimientos no suponga un factor añadido de sufrimiento a la persona solicitante, como el caso de Augé, cuya eutanasia lleva paralizada dos años. EFE










