Concentración en Elgoibar tras el asesinato de una mujer de 67 años en Benidorm. EFE/Javi Etxezarreta

1 de cada 4 mujeres mayores de 65 años ha sufrido violencia machista

Vitoria (EFE).- Un informe encargado por Emakunde revela que 1 de cada 4 cuatro mujeres mayores de 65 años en Euskadi ha sufrido violencia machista a lo largo de su vida.


El estudio se titula “Violencia de género y mujeres mayores en la Comunidad Autónoma de Euskadi: visibilizando una vulnerabilidad opaca”. Ha sido elaborado, gracias a una beca de Emakunde, por la socióloga, gerontóloga y criminóloga Iratxe Herrero y el politólogo y experto en igualdad Carlos Díaz de Argandoña.

El informe incide en la invisibilidad de la violencia machista ejercida contra las mujeres mayores y hace una estimación orientativa sobre su dimensión.

Así, estima que un 23,4 % de estas mujeres, en torno a 67.600, ha sufrido violencia de género a lo largo de su vida y un 5,7% (unas 16.450) la sufren actualmente.

Protesta en Vitoria tras el último asesinato machista, el de maialen Mazón. EFE/L.Rico

La importancia de visibilizar estos casos


La directora de Emakunde, Miren Elgarresta, ha destacado la importancia de visibilizar la “especial vulnerabilidad de las mujeres mayores ante la violencia machista”. Ello contribuye a la detección de casos y a facilitar su acceso a los recursos especializados.


A pesar de que no todas las mujeres mayores responden a un mismo perfil, se puede hablar de una “especial vulnerabilidad debido a factores asociados a su edad”.


Entre ellos, ha explicado que son mujeres que en su mayoría no han disfrutado de autonomía económica. Han vivido en una época en la que debían pedir permiso a sus maridos para trabajar, para abrir una cuenta corriente o para salir al extranjero.


En esa época, ha señalado Elgarresta, la violencia contra las mujeres “era un problema personal, de puertas adentro y no social como lo es hoy”.

Las víctimas normalizan la violencia


Entre las características singulares de las mujeres mayores de 65 que sufren violencia, el estudio señala que son víctimas de violencia de muy larga duración. Además asumen y normalizan la violencia “adaptándose a ella”.


“Han asumido la obligación de mantener su rol de esposa y madre como elemento que define su identidad y su prestigio social”, explican. Por ello, desvincularse de este papel supone para ellas “una dificultad mayor y desarrollan un comportamiento de aceptación de las experiencias vitales”, añade el informe encargado por Emakunde.


Además, tienen un estado de salud físico y psicológico más deteriorado y una autopercepción de su estado de salud y de su imagen más negativa que otras mujeres de su edad y también presentan un mayor grado de aislamiento social.


La mayor parte de ellas se mantienen en la relación hasta que esta cesa por fallecimiento del hombre o de ellas mismas. Visibilizan menos su situación, lo comunican menos a su entorno. Asimismo tienen una mayor dificultad para identificarse como víctimas, para reconocer su derecho a ser ayudadas y para solicitar ayuda de manera explícita.

1 de cada 4 mujeres mayores ha sufrido violencia machista.
Manifestación por otro asesinato machista en Cornellá (Barcelona). EFE/Marta Pérez

Los maltratadores cronifican sus comportamientos


El estudio asegura que los hombres mayores maltratadores también presentan características singulares. Entre ellas destacan “la socialización patriarcal más intensa” que han recibido en comparación con las generaciones más jóvenes “en un contexto social más permisivo que el actual con este tipo de violencia, lo que ha contribuido a reforzar y legitimar sus comportamientos violentos”.


Con el paso de los años, añade, estos hombres “cronifican su comportamiento violento” y modulan el tipo de violencia ejercida en frecuencia e intensidad en función del cambio producido en sus capacidades físicas y cognitivas.


El informe destaca que las asociaciones tienen un papel importante en la respuesta social a estas víctimas mayores. Ofrecen espacios informales de interacción que permiten establecer los vínculos necesarios para crear un clima de confianza que facilite cualquier actuación dirigida a estas víctimas.


“Ofrecen espacios de respiro para aquellas mujeres que todavía mantienen la relación de pareja. Son un complemento necesario a la labor realizada por el sistema de recursos de la red formal de atención”, recuerda.


Hay perfiles de mujeres mayores víctimas de violencia machista especialmente vulnerables. Entre ellas las mujeres de la cuarta edad, las que viven en el medio rural y las que no acuden a los recursos de atención o a las asociaciones. EFE