Visitantes observan la exposición 'Saul Leiter. Un mundo inacabado'. EFE/Javier Etxezarreta

Saul Leiter, el fotógrafo que captó lo extraordinario en lo cotidiano

San Sebastián, (EFE).- Estaba destinado a ser un rabino dedicado a los estudios talmúdicos, pero el impulso creativo de Saul Leiter se reveló ante lo que su familia había previsto para su futuro y creó una extensa obra fotográfica y pictórica de la que se ofrece una muestra en la exposición que se inaugura este jueves en Tabakalera de San Sebastián.


Comisariada por Anne Morin y coproducida por diChroma photography y Les Rencontres d’Arles, ‘Un mundo inacabado’, que reúne 172 fotos, 94 de ellas en blanco y negro, una veintena en color y 37 acuarelas y guaches, se podrá visitar hasta el 10 de noviembre en la Sala Artegunea de Kutxa del centro de cultura contemporánea donostiarra.


A pesar de que Leiter es un pionero de la fotografía en color y uno de sus máximos maestros, Anne Morin ha querido dotar de protagonismo especial a las imágenes en blanco y negro.

Saul Leiter, el fotógrafo que captó lo extraordinario en lo cotidiano en la sala Artegunea de Tabakalera en San Sebastián. EFE/ Javier Etxezarreta


En una muestra sin secciones, sin apartados, en la que se superponen los diferentes hemisferios que componen la obra de Leiter, se suceden las imágenes y los cuadros a los que se suman documentos y revistas en las que colaboró.

Una familia ortodoxa


Leiter (Pittsburgh, 1923-Nueva York 2013), nació en el seno de una familia ortodoxa judía, hijo de un rabino de origen polaco que tenía claro que sus tres hijos varones seguirían sus pasos como lo habían hecho sus ancestros durante generaciones.

Con 15 años comenzó a pintar, una actividad que no gustó nada a su padre ya que la ley judaica prohíbe la fabricación de imágenes para evitar la idolatría. La relación se enconó todavía más cuando el joven Saul empezó a tomar fotos con la cámara que le había regalado su madre.

El «fantasma del judaísmo» flota en sus fotos, auténticos trozos de vida de las calles de Manhattan, en la mayoría de las cuales los rostros se ocultan o se velan a través de encuadres imposibles, ha explicado la comisaria.

Tras esa ruptura drástica con su familia, vivió en condiciones de extrema precariedad y «de un modo casi clandestino» como si quisiera estar siempre escondido, ha señalado.

De hecho la pobreza y la casi miseria fue una condición que no abandonó a lo largo de los años a Leiter, quien nunca quiso pertenecer a ningún movimiento fotográfico o artístico, ni participar en los «saraos» del mundo cultural neoyorquino.

«Nunca quiso ser nadie» y transitó como un «vagabundo libre» ajeno a todo, ha manifestado Morin, quien ha considerado que «en todo caso podría haberse identificado con la Beat Generation pero sin alcohol y sin drogas».

Cirujano de la realidad

En las fotografías en blanco y negro, Leiter se convierte en una especie de «cirujano» que realiza «una incisión en la epidermis de la realidad para tomar un solo elemento pequeño, un detalle», ha explicado.

Vista de una hoja de contactos incluida en la exposición ‘Saul Leiter. Un mundo inacabado’. EFE/Javier Etxezarreta


Diferentes visiones de sombreros, colocados en una vitrina o sobre la cabeza de un paseante, un accidente en la calle que el ojo del fotógrafo capta a distancia y arquitecturas urbanas son algunas de las imágenes que reflejó la cámara de Leiter.

El visitante podrá ver varios ejemplares de Harpers’ Bazaar, revista con la que colaboró y que recogió en sus portadas fotografías de moda, en color, realizadas por Leiter, una actividad a la que se dedicó como forma de ganar dinero.

Sin embargo, sus imágenes de la mujer, más vaporosa y romántica, chocaban con visión moderna e independiente que querían proyectar los directores de las publicaciones en los años 60.

Leiter acabó abandonado la fotografía de moda porque «no estaba dispuesto a alterar su escritura visual», ha indicado Morin.

‘In my Room’


El corazón de la exposición es el espacio ‘In my Room’, la única serie a la que el artista puso título y que realizó a lo largo de las décadas en la intimidad de su dormitorio.

Pequeñas acuarelas y fotografías de cuerpos desnudos de amigas o amantes que se muestran con su rostro e incluso con su identidad, algunas recubiertas después con pintura, forman parte de ‘In my Room’.


«La gran lección de la obra de este artista fue la humildad, la convicción en la que recogió estos fragmentos de vida de una ciudad como Nueva York que tiene una gran impronta visual y sonora a la que Leiter nunca sucumbió», explica Morin.EFE