Bilbao (EFE).- La Universidad del País Vasco (EHU) ha descubierto que la arena que se obtiene de triturar las conchas de los mejillones es adecuada y sostenible para desgastar la tela vaquera.
Este método tiene mejores propiedades abrasivas que otros materiales usados en la industria textil.
Una importante multinacional textil estaba buscando una técnica sostenible para el desgaste de la tela vaquera.
El grupo de investigación Materiales+Tecnologías (GMT) de la EHU ha concluido que esta arena permite sustituir otros procesos.
Estos métodos generan un mayor impacto en el medio ambiente o tienen una mayor toxicidad.
Arena de sílice
Tradicionalmente, el tejido vaquero se desgastaba lanzando arena de sílice contra la tela a gran presión.
El personal encargado de esta técnica desarrolló silicosis debido al uso de escasas medidas de seguridad y protecciones inadecuadas.
Por ello, fue descartada por la industria textil.
En su lugar, se comenzaron a usar otros métodos, como los tratamientos químicos oxidantes o térmicos con láser.
Sin embargo, se ha descubierto que pueden ser más tóxicos y que no logran resultados tan satisfactorios en términos de desgaste.
Según ha explicado la investigadora de la EHU Cristina Peña, esta marca de ropa quería reconsiderar la técnica del chorro de arena utilizando un material más sostenible que el granate.
Los primeros intentos se hicieron con los botones de las prendas que estaban en condiciones de ser retiradas,.
Esta opción no era viable, por lo que se decidió buscar un material renovable y empezaron a probar con las conchas de mejillón.
Otro de los investigadores vascos, Juan Luis Osa, ha señalado que este proceso consiste en lavar las cáscaras de mejillón con agua.
Calidad de acabado
Después se esteriliza la materia con un tratamiento térmico, se muele, se tamizarla y finalmente se proyecta a presión..
La investigación ha concluido que el residuo de las conchas de los mejillones es menos frágil que el mineral de silicato, por lo que tiene un mejor rendimiento.
También ha confirmado la calidad del acabado que se consigue con este método, que además tiene un menor impacto ambiental que los abrasivos tradicionales y químicos.
El consumo de mejillones genera en el mundo alrededor de 1,5 millones de toneladas de residuos de cáscara al año que actualmente no se utilizan.
El residuo de las cáscaras de los mejillones puede ser un abrasivo adecuado para otras aplicaciones, como la limpieza de piezas mecánicas o barcos. EFE