San Sebastián, 16 oct (EFE).- El obispo de San Sebastián, Fernando Prado, ha hecho este viernes un llamamiento «a la paz social y al diálogo social», «más allá los debates ideológicos y políticos» para «romper la espiral de polarización» actual y «ganar en cotas de amistad social».
Obispo de San Sebastián
«Hay que dejar a un lado todos los tics ideológicamente agresivos que puedan dificultar esa amistad social. Hay que poner sentido común, quitar las vísceras y poner más las razones. Los extremos siempre son muy ruidosos, pero la mayoría de la gente está en el centro y lo que tenemos que hacer es ser capaces de dialogar y romper esa espiral de la polarización que no es buena para nadie», ha destacado el prelado.

Prado ha hecho esta reflexión durante la presentación del primer sínodo que la diócesis de Gipuzkoa celebrará en sus 75 años de historia, un proceso de escucha que se extenderá hasta octubre de 2027 y en el que se espera la participación de miles de personas «para renovar la vida y la misión de la Iglesia».
Paz social
Precisamente, en este momento «de tanta polarización», la Iglesia de Gipuzkoa quiere erigirse, en una «profecía de comunión» para demostrar que es posible encontrar en quien piensa diferente «a un hermano y no a un enemigo».
Ha matizado, no obstante, que en Gipuzkoa y el País Vasco la situación es algo distinta. «Quizá por la historia difícil que hemos vivido, lo estamos tomando con un poquito más de tranquilidad, no se nota tanta convulsión como a nivel estatal o internacional», ha señalado.
La comunión y el entendimiento son desafíos que abordará la diócesis donostiarra en su proceso sinodal, junto a cuestiones como la inmigración y el papel de la Iglesia ante la secularización de la sociedad.
Con este sínodo, no se trata de poner en cuestión los pilares de la doctrina católica, sino de ver el modo en que se puede «revitalizar» las comunidades que integran la Iglesia en Gipuzkoa, «que vive una encrucijada y un momento fundamental para la evangelización en una sociedad cambiante».
Dimensión espiritual
El proceso tendrá una clara «dimensión espiritual», pero también analizará cuestiones pastorales y organizativas concretas, como las económicas y patrimoniales de una diócesis que suma 206 parroquias, y las que tienen que ver con los aspectos más sociales, en los que Caritas ejerce un papel fundamental.
Junto al vicario general de la diócesis, Mikel Aranguren, Prado ha explicado que a partir de 2028 se «acogerá, concretará y pondrá en práctica» lo tratado en estos meses de «escucha, estudio y discernimiento» con la voluntad de renovación.
«La Iglesia se renueva volviendo siempre a los orígenes, al Evangelio, y adaptándose a los tiempos», ha señalado el prelado, que este mes de octubre cumple cuatro años en el cargo.
Nuevas generaciones
Ha dicho que, en este proceso de secularización de la sociedad, la Iglesia católica tiene que «recordar su misión de seguir anunciando el Evangelio y anunciando la fe a las nuevas generaciones».
Prado ve «algunos signos» de un mayor acercamiento de los jóvenes a la Iglesia, aunque ha advertido de que tampoco se puede hacer de ello «una afirmación tan taxativa».
«Hoy los jóvenes están menos contaminados por las ideologías del pasado y están más abiertos a conocer la fe y las propuestas de la Iglesia. Se va viendo una mayor demanda, una mayor inquietud, pero no podemos interpretar eso de una manera clara», ha añadido.
Por el contrario, si han constatado que el grupo de personas migradas es uno de los que «más vitalidad» tiene y que se ha integrado «con más fuerza» en la diócesis de Gipuzkoa.
Fe muy arraigada
Ha dicho que la inmigración es «uno de los grandes desafíos» para la Iglesia en este territorio tanto desde el punto de vista social como de evangelización. «Tienen la fe muy arraigada y la viven de forma más natural, más fresca. Son un reto muy grande en Gipuzkoa, pues se abren preguntas sobre el tema de la lengua o la educación en los niños», ha señalado.
Prado ha hablado también de la vivienda como uno de los problemas «más graves» del territorio al que la diócesis hace frente a través de Caritas para intentar dar «soluciones habitacionales» a quienes lo necesitan.
«El problema de la vivienda no se soluciona con soflamas. Cuantas más partes se impliquen en intentar resolver el problema, más fácil será. Las soluciones no se buscan desde las vísceras, sino desde la reflexión y buscando un consenso que sea duradero», ha remarcado. EFE









