Magdalena Tsanis
Madrid (EFE).- Su belleza nórdica y su trágica historia personal -supo que era hija ilegítima de quien fue mano derecha de Franco, Ramón Serrano Súñer, cuando estaba a punto de casarse con su medio hermano- han opacado la trayectoria política e intelectual de Carmen Díez de Rivera, una figura clave de la Transición.
La filóloga y escritora catalana Carmen Domingo (Barcelona, 1970) busca equilibrar la balanza con ‘La soledad fue el precio’ (Tusquets), una biografía, ganadora del Premio Comillas 2026, que destaca entre sus logros haber impulsado la legalización del PCE o haberse anticipado varias décadas en la defensa de las políticas medioambientales.
La vida de Díez de Rivera (Madrid, 1942-1999) ha inspirado novelas y columnas de Francisco Umbral, que le puso ese apodo de «musa de la Transición» que ella detestaba, pero aún quedaba mucho por conocer y divulgar sobre quien fue la primera directora de gabinete del presidente Adolfo Suárez -la única mujer en ese cargo hasta el día de hoy- y eurodiputada primero por el CDS y después por el PSOE.

Las conversaciones que mantuvo con la periodista Ana Romero para sus memorias se mantuvieron de forma apresurada cuando ya estaba muy enferma de cáncer y se centraron demasiado en lo personal, según Domingo.
En 2024 se estrenó la obra de teatro ‘Carmen, nada de nadie’, de Francisco M. Tallón y Miguel Pérez García, que sí se ocupó de su faceta política. Y en noviembre pasado el Gobierno le otorgó, a título póstumo, la Encomienda de la Orden Española de Carlos III.
Sin embargo, en la serie ‘Anatomía de un instante’, estrenada el pasado otoño en Movistar+, Díez de Rivera apenas aparece sosteniendo cuadernos y llevando cafés y su trabajo tampoco se vio reflejado en el libro de Javier Cercas en el que se inspiraba.
Borrada de la Historia
Domingo explica estas ausencias en las lagunas bibliográficas: no aparece en las biografías de sus contemporáneos, ni en la serie de Victoria Prego sobre la Transición de los 90, ni en ‘Reconciliación’, las recientes memorias de quien fue su amigo y confidente, Juan Carlos I.
«Hay gente que cree que, poniendo en valor a la gente con la ha trabajado, se quita valor personal, cuando es lo contrario, rodearte de un equipo de gente incluso más valiosa que tú, no te quita valor, sino que te lo pone», dice Domingo.
El libro expone de forma minuciosa el trabajo en la sombra que Díez de Rivera realizó en el primer gobierno de Suárez, entre 1976 y 1977, y cómo «defendió antes que nadie y convenció tanto al rey como a Suárez» de la necesidad de legalizar al Partido Comunista.

Hay varios momentos clave en los que Díez de Rivera toma la iniciativa. Por ejemplo, cuando estando Santiago Carrillo detenido, en diciembre de 1976, recibe a una delegación comunista en la sede de la Presidencia y se lo cuenta a Suárez cuando ya están en su despacho.
«Estoy hasta los cojones de que vayas por libre, Carmen», fue, según recoge Domingo, la reacción de Suárez. Otro momento, cuando se dejó fotografiar junto a Carrillo en una fiesta en el Ritz en Barcelona el 20 de enero de 1977. Al volver a Madrid, consciente de que su gesto no habría gustado, presentó su dimisión.
Suárez no la aceptó. Cuatro días después sucedió la matanza de los abogados de Atocha y el multitudinario funeral que cambió la imagen pública de Carrillo y del PCE. También fue ella quien negoció la posición del Gobierno aquí.
Eso sí, aquel apretón público de manos le convirtió en blanco de amenazas de la ultraderecha, que se vieron traicionados por una «mujer, aristócrata, católica y sin embargo, ‘rojilla'», escribe Domingo.
La escritora cree que en aquellos días, Díez de Rivera demostró su visión política y su independencia. «Sabe que va a granjearse la enemistad de todo el mundo, pero pelea porque tiene una visión de futuro, y si no se llega a hacer, no hubiéramos tenido la Transición que tuvimos», subraya.
Lo mismo cuando, al entrar en el Parlamento Europeo, en 1987, hace una apuesta decidida por la ecología. «Una política con miras de futuro es difícil de encontrar, normalmente el político es cortoplacista», sostiene.
Aunque pone el foco en lo político, el libro repasa toda su vida, desde su infancia privilegiada, a su desengaño amoroso y familiar, su viaje a París y su relación con Jean Paul Sartre o sus escapadas como cooperante a Costa de Marfil a mediados de los 60.
Un archivo público de la Transición
En su trabajo de investigación, Domingo dice haber echado de menos un archivo público de la Transición. «Me da rabia no haber podido acceder, porque no existe o está destruido, no sabemos, a los archivos de Adolfo Suárez», señala.
«Puedes tener la suerte de conocer a alguien que te conduce a un documento, pero es complicado. Por ejemplo, los archivos de Tierno Galván, que están en Barcelona, están en cajas sin catalogar. En lugar de hacer un premio de un millón de euros de AENA se podría contratar a diez funcionarios que escaneen y hagan una buena ordenación de los materiales y a la Biblioteca Nacional o a donde sea, pero que la gente pueda acceder a ellos».