Los cuadros del siglo XVIII adquiridos en la subasta para el Museo de San Vicente de Toranzo. EFE/Celia Agüero

La historia del contrabando pasiego revive en dos óleos inéditos

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Celia Agüero Pereda |Santander (EFE).- Dos óleos inéditos de finales del siglo XVIII recuperan la historia del contrabando de los Valles Pasiegos a través de los retratos de un pasiego y una pasiega con sus vestimentas tradicionales y los cuévanos que utilizaban para transportar mercancías.

Se trata de unas obras adquiridas en subasta pública por el presidente de la Asociación Cultural Valle de Toranzo, Carlos López D’Hers, que se expondrán en el museo etnográfico de San Vicente de Toranzo.

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Ese museo está enclavado en los Valles Pasiegos, una comarca vinculada históricamente a la ganadería, la actividad agrícola y las tradiciones rurales.

El presidente de la Asociación Cultural Valle de Toranzo, Carlos López D’Hers, posa con su adquisición en la subasta. EFE/Celia Agüero Pereda

Las pinturas, que hasta ahora se encontraban en un lugar cuya procedencia no ha podido determinarse, pasarán a formar parte del patrimonio que se conserva en ese centro etnográfico, donde podrán contemplarse a partir de la próxima semana.

En una entrevista con EFE, su comprador Carlos López D’Hers, explica que decidió pujar por esas obras después de conocer, a través de un amigo, de que iban a ser subastadas por una empresa en Valencia.

Consideró que era una pena que las obras hubieran salido de Cantabria y, por ello, decidió adquirirlas para que volvieran a su lugar original.

Para ello, recurrió a Ignacio Bermejo, conocido por su experiencia en este tipo de gestiones, para participar en la subasta y, al final, fueron adquiridos por un precio que su comprador ha preferido no desvelar.

Las pistas del contrabando

Más allá de su valor artístico, los óleos destacan por los detalles que permiten interpretar la actividad de sus protagonistas.

Ambos aparecen vestidos con indumentaria tradicional y llevan un cuévano, el recipiente de mimbre que los pasiegos utilizaban para transportar productos.

En el caso del hombre, uno de los elementos que más llama la atención es la vara de medir que lleva consigo.

Para López, este objeto constituye una pista importante sobre la mercancía que transportaba y el destino de su viaje.

«No he visto a un pasiego sin palo con un metro», señala el presidente de esta asociación cultural, que está convencido de que la presencia de este instrumento apunta a la venta de telas.

La figura femenina también sostiene una vara de medir y lleva unas tijeras colgadas, otros dos detalles que refuerzan esa interpretación ya que, además, en la parte superior de su cuévano se distingue la cabeza de un niño.

¿Por qué fueron pintados?

Según explica, el pequeño aparece colocado de una forma que permite plantear que debajo de él se transportaban las telas destinadas a la venta.

«Lo normal es que lleven quesos o mantequillas, pero para eso no hace falta metro», ironiza López, que considera que la combinación de estos objetos ofrece indicios sobre la actividad comercial que representan las pinturas.

Sin embargo, la información disponible no permite reconstruir con certeza las circunstancias concretas en las que fueron pintados.

Su compra forma parte del trabajo de la Asociación Cultural Valle de Toranzo por preservar y divulgar el patrimonio de esta comarca cántabra, marcada por sus tradiciones rurales, sus formas de vida y una identidad cultural ligada al territorio.