los Fossores
Fray Hermenegildo, hermano superior de la orden de los Fossores, en el cementerio de los Fossores en Guadix (Granada). EFE/María Ruiz

Los Fossores, el resurgir de una orden dedicada a la muerte

Enlace copiado

María Ruiz I Granada, (EFE).- La orden de los Hermanos Fossores de la Misericordia, la única del país dedicada a atender a los muertos y rezar por los vivos, disfruta de un resurgir gracias a nuevas vocaciones que insuflan vitalidad a los cementerios de Guadix (Granada) y Logroño, camposantos al cuidado de estos frailes.

Hermenegildo García Oliva llegó hace casi sesenta años desde Riotinto (Huelva) a Guadix para convertirse en fray Hermenegildo, ahora el superior de la única orden que vive por los muertos y ha convertido el cementerio en casa.

Banner WhatsApp

Enfundados en un hábito tan marrón como austero, los fossores representan el consuelo en las despedidas y se encargan de allanar ese camino empinado y abrupto del último adiós que las familias empiezan a subir en la puerta del camposanto.

«Los hermanos Fossores nacieron en la casilla del cementerio de Guadix hace 73 años y, como se intuye de su nombre, cavador de fosas, nos dedicamos a cuidar del cementerio y, sobre todo, a rezar por los difuntos», explica a EFE fray Hermenegildo mientras pasea por el cementerio accitano.

Consuelo ante la muerte

Recorre su camposanto, marcado estos días por el bullicio, las flores y los cubos con agua y jabón, pendiente de los nichos y de los retoques, de quitar las hojas secas y apartar los cubos de basura. Y de saludar.

«Nos encargamos de todo lo que conlleva el cementerio, de la apertura, el cierre, el cuidado de los jardines…», relata el superior de una orden que llegó a estar en los camposantos de Jerez de la Frontera, Huelva, Vitoria, Pamplona y Felanitx (Mallorca), y que sólo sobrevive en Guadix y Logroño.

Fray José María de Jesús Crucificado fundó los Fossores en 1953 para que la Iglesia tuviese su presencia en los entierros, una forma de personificar el consuelo ante la muerte que ha encontrado ahora un resurgir gracias a nuevas vocaciones.

«Te preocupa que vayan muriendo frailes y que vayamos haciéndonos mayores, pero es una preocupación relativa. Este negocio es de dios, que él se encargue de decidir si somos tal o somos cual, si somos más o somos menos», reconoce fray Hermenegildo.

Aunque la orden estuvo en 2011 en estado crítico con sólo dos frailes, uno por camposanto, los Fossores viven un resurgir con nuevas incorporaciones que han permitido que los cementerios de Guadix y Logroño reciban el mimo y los rezos de tres hermanos.

«Dios ha permitido que lleguen y conservar las dos casas. Estamos viviendo un resurgir», resume fray Hermenegildo.

El fundador de esta orden formaba parte de la Congregación de Ermitaños de San Pablo y San Antonio, establecida en la sierra de Córdoba, desde donde presentó el proyecto al obispo Álvarez Lara para crear la casa madre en Guadix.

Velar a los difuntos

Comparó la muerte con una nuez, «que tiene una cáscara amarga pero un interior muy dulce», y sembró así el germen de una congregación que reza por los muertos, acompaña a los vivos, guía en la tristeza, ora en las despedidas y abraza cuando no hay nadie más que lo haga.

Los Fossores de este siglo se levantan a las seis de la mañana, «también en invierno», para rezar, guardar 15 minutos silencio antes de la misa diaria, atender algunos espacios del camposanto y dar la bienvenida a quienes van a despedirse de los suyos para que nadie haga su último camino solo.

«El trabajo depende de lo que salga en ese día. Si hay entierro, eso es lo primero. Después ya te dedicas a barrer, a regar las plantas, incluso los árboles. Aquí hay trabajo desde que empezamos por la mañana hasta que cerramos», añade el superior de la orden.

Estos frailes insuflan aliento en las despedidas y alivian el peso de un hasta siempre.

Y lo hacen con el paso lento y casi protocolario de los gestos importantes, porque decir adiós exige su templanza y también su consuelo. Y lo seguirán haciendo gracias a los nuevos frailes que han llenado de vida una orden que ha esquivado la muerte para seguir velando por los difuntos. EFE