Cascamorras patrimonio
El cosquilleo en la barriga de las primeras veces, el nudo en la garganta por las ausencias, la emoción de sumar nuevas generaciones y más de cinco siglos de historia han dibujado un Cascamorras histórico que se está ganando a pulso ser patrimonio de la humanidad. EFE/ Miguel Angel Molina

Guadix (Granada) pinta un Cascamorras histórico para que sea patrimonio mundial

María Ruiz I Guadix (Granada), (EFE).- El cosquilleo en la barriga de las primeras veces, el nudo en la garganta por las ausencias, la emoción de sumar nuevas generaciones y más de cinco siglos de historia han dibujado un Cascamorras histórico que se está ganando a pulso ser patrimonio de la humanidad.

Los tres cohetes de rigor y el redoble del tambor que marca el ritmo del corazón de miles de personas han dibujado el camino hasta la derrota que cada 9 de septiembre celebra Guadix como la victoria que garantiza un año más de tradición.

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El Cascamorras, Fiesta de Interés Turístico Internacional, nació hace más de cinco siglos cuando Juan Pedernal, un vecino de Guadix, encontró en Baza la imagen de la Virgen de la Piedad, patrona de los bastetanos, y se la quiso llevar a su pueblo.

Ante el desacuerdo de unos y otros, la justicia de entonces marcó que una vez al año Guadix enviaría a un representante a Baza que, si llegaba limpio hasta la iglesia de La Merced, se llevaría la imagen.

Patrimonio por la Unesco

Y desde entonces, septiembre tras septiembre, con los dos años en blanco como condena de la pandemia, Guadix pierde su oportunidad en una carrera de colores que tuvo el 6 de septiembre su primera jugada en Baza.

Tras la derrota en Baza, el encargado este año de encarnar a Juan Pedernal, Antonio Vera, ha vuelto a casa para celebrar que este año tampoco pudo ser con miles de personas, una afición que abandera el objetivo de que el Cascamorras sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

La carrera ha estrenado punto de partida con el bullicio de los primeros segundos, esos en los que la derrota se escribe con azulete, colores ocre y litros de pintura.

Y ese ruido se ha vuelto silencio con la primera jura de bandera. Una en silencio junto al restaurante La Tinaja, el cobijo en el que cada año se viste, reza y se prepara el Cascamorras. En silencio por Mario, su joven responsable, que murió el pasado junio ennegreciendo la hermandad de esta fiesta.

Este Cascamorras, una fiesta de la que ya escribió Cervantes en la segunda parte de El Quijote, suma generaciones, adapta recorridos y exprime su esencia para conquistar a los de aquí, y a los que llegan.

Sumar más capítulos históricos

Aunque el cielo estaba gris, la fiesta ha coloreado una buena tarde con la omnipresente imagen de la Catedral de fondo, un escenario para enmarcar la segunda parte de esta tradición que comparten Guadix y Baza y que, un año más, ha tenido el empuje de miles de personas.

Porra en mano y con el acompañamiento fiel del tambor y la bandera, el Cascamorras de este año ha ofrecido una carrera rápida y con golpes para permitir a Vera despedirse del cariño de los suyos en el que podría ser su último día como Juan Pedernal.

Durante más de dos horas de tradición, pintura, nervios y reencuentros, de primeras y de últimas veces, el Cascamorras ha celebrado su derrota como una victoria, esa que brinda un nuevo septiembre de emociones y bullicio y una edición más de esta fiesta que cada año gana más tintes de Patrimonio de la Humanidad. EFE