Un «Verdugo» de gomaespuma con el que Berlanga «se partiría el culo»

José Luis PicónIMálaga (EFE).- Reír, emocionarse, reflexionar… son algunas de las reacciones que suscita la primera adaptación de «El verdugo» al teatro de marionetas, con la que su creador, Ángel Calvente, está seguro de que, si Berlanga la viera, «se partiría el culo directamente».

«Berlanga me diría: ‘Eres un cabrón'», afirma en una entrevista con EFE Calvente, «alma mater» desde 1989 de la compañía El Espejo Negro, que coproduce este montaje junto al Teatro del Soho de Málaga, que acogerá el estreno el próximo 13 de enero, en los albores de este 2023 en el que la película en la que se basa cumple sesenta años.

Y es que Calvente considera que su versión «tiene mucho del humor negro que es el pegamento» de la historia de la película, que él vio por primera vez siendo adolescente, cuando le dejó «maravillado» y pensó: «¡Hostia, qué bestia!».

Una idea que le rondaba desde 2013

Adaptar «El verdugo» a sus marionetas de gomaespuma rondaba su cabeza desde 2013, cuando incluso pidió los derechos, pero un día soñó «con un amigo que está en coma vigil desde hace veinte años y ahí nació otro espectáculo, ‘Óscar, el niño dormido’, y este se quedó aparcado».

«Entonces tenía muchos miedos y ahora me siento más sereno y creo que tengo más peso como autor y como dramaturgo. Cuando terminé de crear ‘Cris, pequeña valiente’, volvió a mi cabeza ‘El verdugo’ compulsivamente y dije: ‘ahora sí'».

Adaptar la película ha supuesto «un reto y un honor» en el que ha tenido claro que quería darle su «punto de vista», siendo «muy fiel al guion de Berlanga y Azcona pero al mismo tiempo con el deseo de disfrutar», por lo que se ha «despojado de ese peso» de basarse en una película mítica.

«Tenía claro que quería algo que estuviera a la altura mínimamente de lo que se pretende hacer, del guion. No podíamos hacer una película sobre el escenario. Quería un espectáculo muy artesanal, muy de teatro, en el que la escenografía se mueve y las proyecciones aportan lo que tienen que aportar».

Cuatro meses escribiendo la adaptación


Fueron casi cuatro meses escribiendo una adaptación que no fue fácil, porque en el guion original había muchos personajes secundarios y él solo cuenta con cuatro actores -José Vera, Carlos Cuadros, Laín Calvente y Susana Almahano-.

En este espectáculo no esconde ni difumina a los actores en el escenario, «porque son parte primordial del sustento de la vida de las marionetas, hablan con ellas en algún momento y son utilizados por ellas».

Después de escribir la adaptación, Calvente empezó a fabricar las quince marionetas del espectáculo, con gomaespuma y con pelotas de pimpón como ojos, un trabajo que le ha llevado casi nueve meses.

«Es complicado, sobre todo porque cuando creas un personaje ya piensas lo que va a decir y hacer, e intento imprimirle muchas características».

Confiesa que, de los tres protagonistas, José Luis fue «el que más costó para darle la impronta humana», mientras que con Carmen lo tenía «más claro» y también con Amadeo, que en la pantalla encarnó Pepe Isbert.

Trabajo encomiable de los actores


«El trabajo de los actores es encomiable. No es fácil dar vida a una marioneta, y menos cuando los textos son tan profundos y a veces enrevesados, con muchas muletillas. El títere tiene un lenguaje diferente, no tiene labios para vocalizar y hay que hacer mucho hincapié en la energía».

Además del humor y la provocación, una de las señas de identidad de El Espejo Negro es su deseo de incitar a la reflexión en cada espectáculo, ahora reflejando esa España negra de la película que, advierte Calvente, parece querer volver.

«Hay un sector de la sociedad que quiere que vuelva esa España casposa y oscura en la que los hombres eran hombres y las mujeres eran mujeres, en la que los derechos eran para unos cuantos y la pirámide estaba muy marcada, con los trabajadores en el estrato más bajo».

El piso al que aspira el protagonista y por el que se ve obligado a convertirse en verdugo «simboliza la opresión, el estatus social que tienes que tener para poder vivir entre comillas».

«Hoy mucha gente hipoteca su vida por el qué dirán los demás, por tener un coche mejor, por irse de vacaciones a Cabo Verde o por tener una casita con piscina en el Rincón (de la Victoria), y no son nada felices. Se pasan la vida bostezando por lo que pudieron ser y no fueron».

Superó la censura franquista


Una de las cosas que más ha sorprendido al público de «El verdugo» desde su estreno es que se pudiera rodar una historia así en 1963, en pleno franquismo.

«Los reaccionarios y la gente en contra de la cultura y de la libertad eran tan estúpidos que no supieron ni verlo, menos mal. A veces se les escapaba alguna, y esta fue la gran joya que se les escapó».

Después de llevar más de treinta años de trayectoria, cuando buscaba ayuda para producir «Cris, pequeña valiente», una historia sobre una niña trans, se cruzaron en su carrera Antonio Banderas y su Teatro del Soho.

«Me llamó Antonio para que colaboráramos, le expliqué la historia de Cris y me dijo que le interesaría. Con ‘El verdugo’ igual, empecé a crearlo y, cuando lo tenía todo esbozado, hablé con él».

Para Calvente, «es una satisfacción que en tu casa, en Málaga, se cree un teatro como el del Soho y que Antonio Banderas te diga que quiere colaborar contigo».

Ahora, tras el estreno en Málaga, irá de gira por lugares como Granada, Cantabria o San Sebastián con esta adaptación de «El verdugo» que considera también un homenaje a Berlanga.

«Estuve por hacer una marioneta de Berlanga y sentarlo en el garrote vil, pero lo deseché, porque era un rizo muy rizable», confiesa entre risas. EFE

Edición web: Violeta Gil