Valladolid (EFE).- Motos sin electrónica y con más de medio siglo de la marca Puch se han podido ver este viernes en Pingüinos 2026 por el reto que tres amigos que han viajado desde Sevilla hasta Valladolid, en una jornada marcada por el viento, para disfrutar con miles de aficionados a las dos ruedas de la concentración motera invernal más grande de Europa.
Casi 600 kilómetros desde la capital hispalense y «sin coche escoba», como ha asegurado en declaraciones a EFE el DJ y enamorado de estas motos, José Manuel Fernández, desde el epicentro de este encuentro motero que el año pasado congregó a más de 38.000 participantes del país y de buena parte de Europa.
Fernández ha hablado con pasión de esta marca de motos de origen austríaco nacida a finales del siglo XIX y que llegó a España en los 50 (eran la competencia de las motos Derbi), aunque con el paso de los años no pudo hacer frente a otras marcas y cerró su última factoría en el año 2000.
«El reto de verdad está en venir en máquinas de 50 años», ha subrayado Fernández, que ha valorado que estas son unas motos que «compraba la gente para ir a trabajar y para hacer un desplazamiento de 20 o 30 kilómetros» pero que, tras décadas de funcionamiento, rinden igual porque «son una maravilla y una virguería».
Este pinchadiscos y sus tres amigos han viajado durante 22 horas por carreteras nacionales a un ritmo de 40 kilómetros por hora y cargados de repuestos, además de otros enseres como la tradicional tienda de campaña, para conocer de primera mano la «experiencia de Pingüinos».

«Estamos hablando de hacer sobre unos 1.300 kilómetros de ida y vuelta en una moto de 50 años, a una velocidad media de 35 o 40 kilómetros por hora y ahora sabemos que íbamos a llegar, pero lo que no sabemos ahora es si vamos a volver o no», ha bromeado en su primera vista a la concentración, rodeado de un grupo cada vez más grande curiosos.
Ventolera y autoridades
Los terrenos de la antigua Hípica Militar en Valladolid, renombrados como Pingüinos Arena, han vuelto a acoger a miles de motoristas con vehículos de todo tipo, desde motos con sidecar o triciclos de gran cilindrada, pasando por vespinos, en un ambiente que ha ido de menos a más por la buena temperatura, entre 3 y 9 grados según la Aemet, pero con un viento incómodo como contrapunto.
Un clima apacible que también ha atraído a cargos públicos como la ministra de Igualdad, Ana Redondo; el presidente de la Diputación Provincial de Valladolid, Conrado Íscar, y el alcalde de la ciudad, Jesús Julio Carnero.
Sin embargo, más allá de los espacios de la organización y los vinculados a la seguridad (Punto Violeta o Cruz Roja), el corazón de la concentración ha estado durante las primeras horas en las numerosas tiendas de campaña que han ido creciendo con el tiempo.

Para muestra, banderas de autonomías españolas como Asturias, Aragón o Murcia y de otros países como Brasil, Chile o Francia, en un crisol de historias, acentos y anécdotas sobre las dos ruedas, con el rock clásico como principal banda sonora, cubiertas por el humo de la hogueras y el olor de la comida.
Pingüinos rockabilly
El arraigo de estas concentraciones en Valladolid, tanto por Pingüinos como la vecina Motauros -que se celebra del 15 al 18 de enero en Tordesillas (Valladolid)- atrae también a miles de motoristas de esta provincia.
Es el caso de Álvaro Molpeceres, un aficionado a las dos ruedas «como si hubiera nacido con ello» que ha valorado de este evento que en 2023 superó los 43.000 inscritos el hecho de ser «un sitio muy especial porque reúne a gente muy distinta, se confraterniza y hay muy buen ambiente».
Molpeceres, que recogió la afición de su padre con su primera moto, una Bultaco, ahora recorre esta concentración a lomos de una Harley Davidson con una marcada estética rockabilly: grandes patillas, un tupé de gran tamaño y ropa de cuero, una forma de vida que también asocia a las motos y a esta concentración.
«De Pingüinos me gusta porque cambia poco: tal como está la vida hoy en día, que es todo de hoy para mañana y muy volátil, Pingüinos mantiene esa esencia de camaradería y de que la gente quiere venir a pasárselo bien y a pasar un rato aquí todos juntos en estos tiempos tan extraños y tan convulsos», ha agregado.
na camaradería que este viernes además se ha visto en el reparto del tradicional ‘caldo y café pingüinero’ -al que nadie renuncia pese a que haga buena temperatura para los estándares de la concentración- y que se podrá volver a ver con el Año Nuevo Pingüenero esta medianoche. EFE