Por Raquel Santamarta | León (EFE).- León ha renovado este domingo un nuevo empate histórico en la ceremonia de Las Cabezadas, sin lograr resolver— si la ofrenda que la ciudad entrega a San Isidoro cada último domingo de abril es un acto «libre y voluntario», como sostiene el Ayuntamiento, o una «obligación», como defiende desde hace más de ocho siglos el Cabildo de la Real Colegiata.
El debate, que se repite ininterrumpidamente desde el siglo XII, ha vuelto a celebrarse en el claustro de la basílica de San Isidoro tras la llegada de la corporación municipal «en forma de ciudad», acompañada por pendones concejiles, para escenificar una de las tradiciones más singulares del calendario leonés.

En esta edición han ejercido de síndicos la concejala de Comercio, Consumo y Fiestas, Camino Orejas, por parte del Ayuntamiento, y el abad de San Isidoro, Luis García Gutiérrez, en representación del Cabildo.
Sin acuerdo
Ambos han sostenido, como es costumbre, sus tesis contrapuestas sobre el carácter de la ofrenda: un cirio de arroba bien cumplida y dos hachones de cera, que recuerdan la intercesión del santo ante la gran sequía que asoló León en 1158, durante el reinado de Fernando II.
La síndica municipal ha defendido que la presencia de la ciudad responde, «como siempre», a la voluntad libre del pueblo leonés, sin mandato ni imposición, mientras que el abad ha reiterado que se trata de un foro nacido de una obligación histórica, apoyándose en las crónicas medievales que recogen la reacción del monarca tras la salida de las reliquias.
El intercambio dialéctico ha estado marcado este año por un tono distendido y cargado de humor, condicionado también por un invierno especialmente lluvioso que llevó incluso a bromear con la posibilidad de haber tenido que pedir «el milagro inverso».
Tierra de mujeres
Como novedad, la ofrenda ha incluido unas entradas para el festival León Solo Música (19 de junio), incorporadas como guiño contemporáneo dentro de un rito medieval que no renuncia a dialogar con su tiempo.
Más allá del pulso entre foro u oferta, la ceremonia ha puesto el acento en León como tierra de mujeres. Orejas ha hilado el origen de la tradición con figuras clave de la historia leonesa como la infanta Doña Sancha, protagonista del relato del milagro de 1158, y la reina Urraca I de León, de cuyo fallecimiento se cumplen ahora 900 años y cuya figura se reivindica como la de una monarca por derecho propio.
Es un legado que enlaza con las mujeres que hoy sostienen las tradiciones: las que bailan los bailes populares, portan pendones de decenas de kilos y mantienen vivo el folclore generación tras generación.
Tras el debate, sin vencedor y con las posturas intactas, ambas partes se han ofrecido tablas, emplazándose —una vez más— a repetir la discusión el próximo año.
El cirio y los hachones fueron han sido, celebrada la misa en la basílica y, ya en la plaza, canónigos y munícipes han protagonizado las tradicionales tres reverencias exageradas que dan nombre a Las Cabezadas, escenificando el fin del desacuerdo… hasta la próxima edición.
Un sequía, en el origen
La raíz de esta tradición se remonta a 1158, cuando, ante una pertinaz sequía, los leoneses sacaron en rogativa el arca con las reliquias de San Isidoro.
A unas dos leguas de la ciudad, el arca se hizo tan pesada que resultó imposible moverla, hasta que la infanta Doña Sancha prometió que no volvería a salir del templo. Entonces, según las crónicas, unos niños pudieron devolverla con facilidad y comenzó a llover.
Desde entonces, León regresa cada año a San Isidoro para agradecer aquel hecho, sin saber —ni pretender saber— si lo hace por obligación o por voluntad, manteniendo vivo un empate que forma ya parte de su identidad. EFE








