EFE/ Fernando Prieto Arellano

Una investigación constata que el petróleo de EE.UU. a Franco determinó su victoria en la guerra

Jose Oliva |

Barcelona (EFE).- «La ayuda de Estados Unidos con ingentes cantidades de petróleo fue decisiva en el triunfo de las tropas de Franco en la Guerra Civil española», aseguran los historiadores Ángel Viñas y Guillem Martínez, autores del libro ‘El oro negro de Franco’.

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En ‘El oro negro de Franco’ (Crítica), que se publica este miércoles un día antes del 50 aniversario de la muerte del dictador, los autores plantean que aunque es conocido el apoyo de las potencias fascistas (Italia y Alemania), lo que se ignoraba es que algunas empresas petroleras empezaron a suministrar combustible a los sublevados.

Viñas y Martínez ponen nombre a esas empresas, en primer lugar la Standard Oil of New Jersey, amén de otros suministradores mucho más pequeños que utilizaron Portugal como territorio de paso.

Plataforma de producción petrolífera. EFE/caa

Reuniones previas a la Guerra Civil

En la investigación, que ha durado tres años, Viñas y Martínez han documentado que «el gobierno de Lerroux ya tuvo conocimiento de que en otoño de 1935 hubo una reunión en París en la que (los golpistas) pidieron a la petrolera norteamericana dinero, sin determinar para qué», explican ambos en una entrevista con EFE.

Y, pocos días antes del estallido del golpe del 18 de julio, el encargado de negocios británico en Madrid envió un informe al Foreign Office diciendo que «un agente le había advertido de que contaba con la posibilidad de que la Shell enviara gasolina a Portugal para transportar a los sublevados a la capital de España. Se sabe que la Shell no intervino para nada, pero la Standard Oil, sí».

A partir de estos datos, Viñas establece la hipótesis de que «los conspiradores, militares y monárquicos, sabían que tenían que contar con la ayuda de empresas extranjeras y no con la CAMPSA, que estuvo operando con normalidad en el territorio controlado por la República, para movilizar tropas y transportarlas a los posibles frentes de combate».

«Sin compasión» con Roosevelt

Viñas reconoce que «el libro no es compasivo con la actitud del presidente norteamericano Roosevelt, que no intervino ante las empresas petroleras para detener la ayuda a los sublevados».

Y precisa: «No intervino porque la venta de petróleo de EE.UU. al exterior estaba fuera de las listas de excepciones militares, por tanto, eran transacciones legítimas, pero lo que no fue legítimo, y tampoco se ha estudiado mucho, era conceder créditos superiores a 90 días a un cliente extranjero que estuviera alzado en armas, como pasó en febrero de 1937, y eso contravenía la ley de neutralidad norteamericana».

Según consta en el Archivo de la Ciudad de Barcelona, previamente al golpe, el 1 de julio de 1936, «un conspirador monárquico, Pedro Sainz Rodríguez, firmó varios contratos con una empresa italiana fascista, vigilada naturalmente por Mussolini, para adquirir aviones con gasolina y bombas para una guerra que estimaban corta».

Sin embargo, añade Viñas, «en esos días asesinan al jefe civil de la conspiración, José Calvo Sotelo, y una semana después el jefe militar de la conspiración, el general Sanjurjo, muere en un accidente de aviación motivado por la total impericia de su piloto».

Francisco Franco, y su mujer Carmen Polo, asisten a la misa de campaña en 1954. EFE/Miguel Cortés/ml

Ayudas de la Standar Oil y la Texaco

Para ambos investigadores, el petróleo, primero de la Standard Oil y luego de la Texaco fueron determinantes en la victoria de las tropas franquistas: «Con la ayuda italiana y alemana, Franco crea el puente del estrecho, que no dura unos pocos días, sino que el transporte del ejército de África y su impedimenta desde Marruecos a la península se produce hasta el mes de febrero o marzo de 1937».

El libro «desmonta», por tanto, la idea de que el ejército de África pasó a la península en una semana, con tropas e impedimenta suministrada, en parte, por alemanes e italianos, en un momento en el que «el petróleo juega un papel predominante para mover los aviones y los barcos».

Para Guillem Martínez, ingeniero y primer investigador que pudo acceder al archivo de la CAMPSA, «en el tema del petróleo, los estadounidenses jugaron muy fuerte, enviando lo mejor de su refino, porque eran grandes investigadores en el desarrollo del refino, viendo que en una posible guerra mundial la aviación sería fundamental».

Además, agrega Martínez, «Franco contó con el cariño incondicional del hombre fuerte de la Texaco, Torkild Rieber, de origen noruego y que, además de ser un auténtico tiburón de los negocios, tenía una simpatía por los sublevados, y en su correspondencia menciona continuamente su amor por la causa franquista».

Texaco había firmado un contrato con la República en 1935, que la convirtió en su principal suministrador de combustible, pero tras el golpe de julio de 1936 Rieber cambió de bando.