Barcelona (EFE).- Un nuevo estudio del Barcelona Supercomputing Center–Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) revela que la temperatura inusualmente alta del Atlántico y del Mediterráneo contribuyó a intensificar en un 40 % la dana de València de 2024.
Según ha informado este viernes el BSC-CNS, este estudio de supercomputación es el primero que evalúa el papel del Atlántico Norte en la precipitación excepcional de esta dana, que causó más de 200 muertes el 29 de octubre del 2024 en la provincia de València.
En algunas zonas, como Turís, se llegaron a registrar más de 700 litros por metro cuadrado en 24 horas; es decir, en solo un día cayó más agua que la media de precipitación en la España peninsular en todo un año.
El nuevo estudio, liderado por un equipo del Departamento de Ciencias de la Tierra del BSC-CNS, ayuda a entender mejor por qué aquel episodio fue tan extremo.
El trabajo concluye que las altas temperaturas del mar Mediterráneo desempeñaron un papel clave en la intensidad de las lluvias, pero añade un nuevo elemento no explorado hasta ahora: el Atlántico Norte.
Mayor humedad del Atlántico
Esta parte del océano, también excepcionalmente cálido en esas fechas, favoreció una mayor disponibilidad de humedad y unas condiciones más favorables para que el episodio se desarrollara con tanta intensidad sobre València.
Para analizar cómo las temperaturas anormalmente elevadas del mar influyeron en la cantidad de lluvia caída en València, el equipo del BSC utilizó el superordenador MareNostrum 5 para generar simulaciones en alta resolución de la atmósfera del planeta.

Con estas simulaciones compararon distintos escenarios en los que se confrontaban las temperaturas reales observadas con las habituales en esa época del año.
Según el estudio, la precipitación del día del evento habría sido hasta un 40 % menor si no se hubiesen registrado esas temperaturas superficiales del mar inusualmente altas en el Mediterráneo y en el Atlántico Norte.
En el caso concreto del Atlántico Norte, su contribución elevó la intensidad del episodio catastrófico de lluvias en un 15 %.
Según los investigadores, el estudio refuerza la idea de que, aunque los impactos del cambio climático se manifiesten localmente, los procesos que los desencadenan y alimentan pueden tener un alcance mucho más amplio.
Un contexto oceánico extenso
En este sentido, el fenómeno extremo ocurrido en València no dependió solo de condiciones atmosféricas locales o del calentamiento del mar frente a sus costas, sino también de un contexto oceánico más extenso, conectado a escala regional y global.
«Este trabajo muestra que, para entender por qué un episodio extremo llega a ser tan devastador, no basta con mirar únicamente lo que ocurre en el territorio afectado», ha destacado el autor principal del estudio e investigador del grupo Variabilidad y Cambio Climático del BSC, Ramiro Saurral.

En este sentido, ha indicado que «el estado del océano, incluso a gran distancia, puede marcar una diferencia decisiva en la magnitud del impacto».
Según el experto, comprender mejor cómo interactúan el océano y la atmósfera ayuda a mejorar la anticipación de episodios extremos con graves consecuencias para la población, las infraestructuras, la movilidad, los servicios de emergencia y la planificación territorial.
Así, en un contexto de cambio climático, disponer de herramientas capaces de representar esas conexiones a gran escala será cada vez más importante para evaluar los riesgos, proporcionar alertas tempranas y diseñar medidas de adaptación más eficaces, destacan los autores del estudio. EFE