El escritor mexicano Eduardo Ruiz Sosa acaba de publicar 'El paisaje es un grito'. EFE/Marta Pérez

Ruiz Sosa, escritor mexicano: «Uno, como migrante, siempre está con un pie a cada lado»

David Álvarez|Barcelona (EFE).- El mexicano Eduardo Ruiz Sosa, una voz destacada de la narrativa latinoamericana, acaba de publicar la novela ambientada en los flujos de población ‘El paisaje es un grito’ (Editorial Candaya) y lo ha hecho convencido de que «uno, como migrante, siempre está con un pie a cada lado y el resto del cuerpo no sabe para dónde hacerse».

Ruiz Sosa reside desde hace ocho años en España, donde había pasado otros ocho como estudiante, con un paréntesis en medio para trabajar entre otros oficios en la Universidad Autónoma de Sinaloa (México).

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En Barcelona, su ciudad de acogida, es comisario del festival de literatura KMAmèrica y, ahora, regresa a su faceta de autor con una obra en la que explora el desarraigo del migrante al que expulsan de lo que en el libro llama el «Otro Lado», Estados Unidos en ese caso concreto, aunque el tema es internacional.

Al respecto, Ruiz Sosa reivindica en una entrevista con EFE que tanto la literatura española como la latinoamericana han tratado el asunto de la migración, «pero parece que alguien quiere separarlas y que parezca que hablan de cosas distintas», lamenta.

Ruiz Sosa en su barrio barcelonés del Poble-sec. EFE/Marta Pérez

Fosas en México y España

‘El paisaje es un grito’ habla de desaparecidos y la novela anterior, ‘El libro de nuestras ausencias’, de descubrir fosas de la violencia del narcotráfico, «aunque aquí hay también una historia de fosas y cuerpos no encontrados, que es la del franquismo», indica el autor.

«Y lo mismo se puede trasladar a Argentina, Brasil o Portugal», añade este ingeniero industrial y doctor en Historia de la Ciencia, que ve que su última obra tiene que ver también con temas tan actuales como el proceso de regularización migratoria en España.

En el libro se profundiza en esa idea del «Otro Lado», que al autor le preocupaba desde pequeño: «Las primeras veces que fui a Tijuana (México), de niño, decir eso, para mí, implicaba irse al otro mundo, a la otra vida, morirse, desaparecer, pero era cruzar la frontera».

Lo que ha entendido con los años es que esos lindes, en realidad, se difuminan en contextos como el laboral: «Los migrantes que están en el otro lado trabajan para amos que también están de este lado», explica.

«Las fronteras están para ciertas prohibiciones, pero no para la explotación», puntualiza antes de acordarse de una noticia que leyó recientemente y que explicaba que en la mina Pasta de Conchos en Coahuila, al norte de México, habían recuperado «el cuerpo de un minero enterrado por un derrumbe hace veinte años, lo habían encerrado incluso en la muerte».

Orgullo barcelonés de un mexicano «migrante». EFE/Marta Pérez

La esclavitud en el siglo XXI

También aparecen en el libro las maquilas, esas fábricas «esclavizantes» dedicadas a la manufactura, en las que Eduardo Ruiz Sosa trabajó y que califica de «infierno».

Ahí vuelve a conectar a España con Latinoamérica, porque «el esclavismo se acabó en teoría hace años, pero luego vas por Almería, ves todos estos mares de plástico y sabes que dentro hay personas que están cocinándose vivos y que, prácticamente, todas son migrantes, muchas sin papeles, en condiciones insalubres y con sueldos miserables».

En una imagen del libro, aparece un personaje que atraviesa uno de los túneles que cruzan la frontera con Estados Unidos y, una vez en el otro lado, espera a su madre mientras ve «cómo el túnel escupe mano de obra barata».

Ruiz Sosa, una de las voces destacadas de la literatura latinoamericana contemporánea. EFE/Marta Pérez

Ruiz Sosa y el ICE

Del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas norteamericano, el ICE en sus siglas en inglés, señala que es «una institución prácticamente nazi» y añade que «los centros de atención de migrantes en aquella frontera, pero también aquí, no están muy lejos de los campos de concentración».

Como escritor, deja la documentación de todo eso en manos de los periodistas y entiende que a él le toca «transmitir la afectación, las emociones, algo que no se hace solo enumerando acontecimientos, sino desmenuzándolos y haciendo que atraviesen, confundan y disloquen».

‘El paisaje es un grito’ cuenta con una estructura que propone «una experiencia de lectura» desde una voluntad de lenguaje poético para conformar una novela exigente, aunque su autor confía en quienes la consumirán y puntualiza: «A veces, no es necesario entender y descifrar, simplemente sentir y, luego, ya piensas». EFE