Tarragona (EFE).- La iglesia de Sant Agustí de Tarragona ha iniciado las obras para recuperar su cripta, construida entre los siglos XVI y XVIII y que lleva más de 100 años oculta bajo el suelo, según ha informado este miércoles el Arzobispado de Tarragona.
La actuación arqueológica, impulsada por la propia iglesia, durará unas tres semanas y dejará la estructura de la cripta al descubierto, lo que permitirá documentar sus diferentes fases constructivas y conocer su evolución histórica.
Durante la renovación del pavimento del templo en los años setenta del siglo pasado, los escombros quedaron sobre la cripta, que ya llevaba años cerrada, y taparon buena parte del espacio.

Los trabajos de recuperación iniciados ahora consisten en la retirada de este relleno para descubrir íntegramente la cripta y mejorar las condiciones de conservación del espacio, reduciendo la acumulación de humedad y preservando sus estructuras.
Además, de forma paralela, se llevará a cabo un estudio antropológico de los restos humanos conservados para obtener nuevos datos sobre este espacio funerario y las personas que fueron inhumadas en él.
Musealización del espacio
Según el Arzobispado, los trabajos permitirán también profundizar en el conocimiento de la evolución histórica del subsuelo y valorar el potencial patrimonial de la cripta en relación con el conjunto arqueológico de la ciudad: «Los resultados de la intervención serán determinantes para definir las futuras actuaciones de conservación y estudiar la viabilidad de una futura musealización del espacio».
La voluntad del Arzobispado es que, una vez recuperada y adecuadamente acondicionada, la cripta pueda abrirse al público y convertirse en un nuevo espacio de interpretación del patrimonio histórico de Tarragona.
La Agrupación de Asociaciones de Semana Santa de Tarragona, que tiene su sede en este templo, está implicada en este proyecto. Sus pasos de procesión, custodiados en el interior, han sido embalados para no sufrir desperfectos durante las obras.
La iglesia de Sant Agustí empezó a construirse en 1576, después de la muerte del cardenal Cervantes, y el proceso fue lento por la falta de recursos, aunque salió adelante gracias al arzobispo Antoni Agustín. Sus partes esenciales se terminaron hacia 1584.
Esta iglesia perteneció a la Compañía de Jesús y fue bendecida bajo la advocación de los Santos Reyes. En 1780, cuando el rey Carlos III expulsó a los jesuitas, el convento fue ocupado por los agustinos y se cambió su denominación. A raíz de la desamortización de Mendizábal, en 1835, los agustinos también fueron expulsados y, aunque se mantuvo el culto, el convento se convirtió en cuartel.
Actualmente, el templo, ubicado en la Rambla Vella, depende de la parroquia de San Francisco de Asís. EFE







