Una anciana de 105 años ha guardado durante toda su larga vida la receta de su abuela para elaborar la ratafía. EFE/David Borrat

Una centenaria conserva la receta de su abuela con la que se vuelve a fabricar ratafía

Riells i Viabrea (Girona) (EFE).- Una anciana de 105 años que reside en Riells i Viabrea (Girona), Maria Canaleta, ha guardado durante toda su larga vida la receta de su abuela para elaborar la ratafía, un licor típico de esta zona de Cataluña, que se ha vuelto a embotellar siguiendo esta fórmula bajo el nombre de Cabrera.

Esa denominación tiene que ver con el antiguo vizcondado de Cabrera, que se extendía por los bosques del macizo del Montseny por los que la pequeña Maria recogía las plantas que le indicaba su abuela Joaquima.

Hasta 39 de esas plantas hacen falta para elaborar esta ratafía y todas se conservan en un libro que el hijo de Joaquima y padre de Maria, Pere Canaleta, cosió para que no se perdiese la fórmula.

La abuela era lo que en catalán se conoce como una ‘remeiera’, una mujer que conocía las plantas del bosque y era capaz de elaborar ungüentos y pócimas con los que sanar males.

Maria Canaleta, a sus 105 años, recuerda perfectamente los cuidados que recibía de Joaquima para problemas como «el de nervios», que siempre ha sufrido.

 Una anciana de 105 años que reside en Riells i Viabrea
Una anciana de 105 años ha guardado durante toda su larga vida la receta de su abuela para elaborar la ratafía. EFE/David Borrat

Una bebida que «retornaba a los muertos»

Pero la abuela y su hijo también sabían hacer esa bebida a base de anís, azúcar, nueces y, sobre todo, una larga lista de plantas que maceran en alcohol hasta alcanzar el punto adecuado para el consumo.

La que ellos hacían, en palabras de Maria Canaleta, estaba y está «buenísima», hasta el punto de que se decía de ella «que retornaba a los muertos».

La frase la atribuye a conductores de autobús que circulaban entre Barcelona y Sant Hilari Sacalm y que hacían parada en la residencia de entonces de los Canaleta para pedir un poco de aquella ratafía.

El libro con los tallos secos de las diferentes plantas, ninguna de ellas foránea, se conserva ahora en Santa Coloma de Farners (Girona), sede de la Cofradía de la Ratafía, para conservarlo en las mejores condiciones.

Maria Canaleta recuerda que, «en el tiempo de la Guerra (Civil), no se podía hacer ratafía, porque no se encontraba el licor ni nada de nada».

Sus hijas Neus y Maite la escoltan ahora en esta aventura que ha supuesto poner en el mercado aquella bebida que elaboraba la abuela Joaquima y que su nieta, por la edad, apenas probó cuando salió ahora a la venta, aunque destaca que, como la originaria que recuerda, es también «muy buena».

La memoria de una «remeiera»

«La yaya estaría bien si viviese y viera que he conservado su receta», añade Maria, mientras rememora como, en su casa, se guardaba la ratafía en una botella de gran tamaño sobre el tejado, cubierta con una saca para protegerla del granizo.

Su memoria prodigiosa le permite acordarse de aquella época, en la que el acceso a las medicinas era difícil y en el que su abuela suplía aquellas carencias gracias a sus conocimientos de plantas.

La Cofradía de la Ratafía y la asociación Amics del Castell de Montsoriu son los impulsores de la ratafía Cabrera, que recuerda la fuerza de aquel vizcondado feudal y de unas montañas de las que aseguran que se siente el poso en este licor que ha superado la barrera de los años gracias a gente como los Canaleta.

Maria, camino de los 106 años, se mantiene como guardiana de toda una memoria en la que las mujeres tienen el peso principal, con la abuela Joaquima como su gran referente y aquellas ‘remeieres’ como imagen de personas sabias.