colegio Inmaculada
Han pasado 473 años desde que el Colegio Santa Catalina abrió sus puertas en el centro de Córdoba. EFE/ Mercedes Martínez

La Inmaculada, el colegio que sobrevivió a Carlos III, se mantiene 473 años después

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Mercedes Martínez I

Córdoba, (EFE).- Han pasado 473 años desde que el Colegio Santa Catalina abrió sus puertas en el centro de Córdoba y, aunque ha cambiado de nombre varias veces y ha sobrevivido incluso a la expulsión de los jesuitas por Carlos III, el actual denominado Reales Escuelas La Inmaculada siguen recibiendo alumnos en pleno centro de la capital cordobesa.

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Las actuales Reales Escuelas La Inmaculada, uno de los colegios más antiguos de Andalucía tras el Colegio Capilla de San Andrés de Jaén, han sobrevivido porque, como ha señalado a EFE su director, Juan Campos, “la institución ha demostrado que sabe afrontar retos de enorme envergadura en todos estos años”.

El Colegio de Santa Catalina, donde aprendió a leer y escribir Miguel de Cervantes, nació en el siglo XVI de la mano de la Compañía de Jesús, en un momento de expansión de sus colegios y de profunda transformación de la enseñanza. Su trayectoria quedó ligada a figuras como San Juan de Ávila y a una Córdoba que hizo de aquel centro uno de sus espacios de formación.

La expulsión de Carlos III

Durante más de dos siglos, los jesuitas enseñaron entre sus muros.

En 1767, Carlos III ordenó su expulsión de España y “el futuro del antiguo colegio quedó entonces abierto”, relata a EFE el profesor del centro Giussepe Palmieri, quien explica que dos décadas después, el deán Francisco Javier Fernández de Córdoba promovió su recuperación para la enseñanza y, bajo el posterior patrocinio de Carlos IV, nacieron las Reales Escuelas.

De ahí surge una historia que “parece contradictoria solo a primera vista: el colegio que sobrevivió a Carlos III encontró el camino de su recuperación mediante una iniciativa planteada aún durante su reinado. No sobrevivió porque nada cambiara. Lo hizo porque hubo quienes consideraron que aquel lugar debía seguir siendo una escuela”, apostilla Palmieri.

El centro educativo ha puesto en marcha un Proyecto de Investigación y Puesta en Valor del Patrimonio e Identidad, coordinado por Palmieri, que pretende resaltar los espacios educativos del colegio para que el alumnado los descubra.

El inmueble

El edificio, uno de los mejor conservados de la época renacentista cordobesa, atesora varia emblemas arquitectónicos como la imponente escalera barroca por la que se accede a la segunda planta y el patio también barroco, ambos declarados Bien de Interés Cultural.

La “punta de diamante, la joya de la corona”, como la define Palmieri es una escalera de tipo imperial que se empieza a construir en el primer cuarto del siglo XVIII cuando aún el colegio se llamaba Santa Catalina.

Los promotores de la obra fueron los jesuitas, que “no pudieron disfrutarla durante mucho tiempo, pues la realización duró varias décadas y al terminarla tuvieron que irse”.

Para Palmieri el valor del colegio “no reside únicamente en la antigüedad del edificio ni en los nombres vinculados a su historia. Reside también en que sus espacios siguen acogiendo la actividad para la que fueron creados”.

Por ello, según Juan Campos, el alumnado del centro -unos 700 entre infantil, primaria y secundaria-, es consciente de la importancia histórica que tiene el colegio y el profesorado se encarga de inculcárselo.

Obras de restauración

Para mantener el uso y el estado del colegio de La Inmaculada han comenzado las obras de restauración de varias cubiertas del conjunto, declarado Bien de Interés Cultural.

La intervención presta atención a las estructuras de madera, estudia una por una las piezas originales para conservar las que se encuentren en buen estado y recupera las tejas que puedan volver a utilizarse.

Las soluciones deben ser compatibles con los materiales y las técnicas tradicionales del edificio, en unos trabajos que se desarrollan bajo control arqueológico. Restaurar una cubierta histórica significa conocerla antes de desmontarla y evitar que la reparación haga desaparecer aquello que pretendía proteger.

El colegio ha conocido expulsiones, reformas y cambios de época. Este curso, mientras se restauran las cubiertas que lo protegen, sus aulas siguen llenas de vida.

Palmieri lo resume así: «Después de casi cinco siglos, las Reales Escuelas La Inmaculada siguen abriendo sus puertas cada mañana para enseñar. Mañana volverán a hacerlo. Ahí está lo extraordinario». EFE