Guillermo Cabellos |
Barcelona (EFE).- Mary Austin y Freddie Mercury se conocieron en 1970, tres años después se prometieron y en 1977 rompieron el compromiso cuando el cantante salió del armario. Antes llegó la fama mundial, después el VIH. Hasta la muerte de Mercury en 1991, Austin fue su mejor amiga.
«No podía protegerlo de sí mismo, pero sí podía hacer todo lo posible para protegerlo de los demás», cuenta la británica en una entrevista con EFE, en una de tantas confesiones que se suman a las de ‘Una vida en verso’, libro en el que contextualiza y aporta nuevos puntos de vista a los grandes himnos de Queen.
La publicación, que llega a España de la mano de la editorial Blume, nació después de que Austin encontrara en Garden Lodge, la casa en la que vivió Mercury y que ella heredó tras su muerte, varios manuscritos de iconos de la música mundial como ‘Don’t stop me now’, que poco después vendió, junto al resto de objetos que había en la vivienda, en una subasta celebrada en Sotheby’s en 2023.

SPAIN MUSICA QUEEN IN CONCERT: BARCELONA, 02/08/1986.- British singer Freddie Mercury is pictured during the concert of the band Queen, at the Mini Estadi stadium in Barcelona. More then 30.000 people attended the event. EFE/Sergio Lainz/fs
«Freddie consideraba que cada persona escucha música y construye su propia interpretación de lo que le transmite. No quería restarle valor al mensaje de Freddie, ni a esa idea de que sus letras significan algo distinto para cada individuo, pero al ofrecer ese contexto esperaba añadir un recorrido a través de sus ojos», se disculpa la autora de ‘Una vida en verso’, a la vez que justifica que Mercury nunca quiso que su casa se convirtiera en museo.
La responsabilidad del legado
Cuando falleció el líder de Queen, Austin (Reino Unido, 1951) heredó tanto Garden Lodge como parte de los derechos de las canciones, un patrimonio amargo.
«Recibía unos ingresos por aquellas letras, pero no fue hasta que descubrí los manuscritos en los baúles y en el almacén del piano que pude celebrar finalmente su legado en conjunto. Después de tanta prensa británica en mi contra, de repente sentí que podía terminar mis días con un sentimiento de alegría», admite la exprometida de Mercury, que no quería dejar ese compromiso a sus hijos.
La persecución de los tabloides fue «espantosa y desvergonzada» durante los últimos meses de vida del cantante, hasta el punto de que Austin recuerda tener que darles esquinazo tirando del carrito de su primer hijo, embarazada del segundo.
Antes también había guardado en secreto el diagnóstico de VIH, que solo conocían ella y su mánager, Jim Beach: «No fue exactamente una responsabilidad, porque era su secreto. Lo único que siempre quise fue protegerlo. No podía protegerlo de sí mismo, pero sí podía hacer todo lo posible para protegerlo de los demás».
Concierto Live Aid 1985
En el libro, Austin cuenta que Mercury fue muy reticente a la hora de aceptar la invitación para cantar en el histórico Live Aid de 1985, lo que desembocó en un enfado entre ambos y en que ella viera el concierto desde el público con una entrada normal.
«Ahora, al recordar aquella conversación, me doy cuenta de que la razón por la que no quería actuar era que no se encontraba bien. Creo que recibir un diagnóstico de VIH y darte cuenta después de que estás desarrollando la enfermedad debió de ser aterrador», rememora Austin.
«Guardar silencio y mantenerlo en secreto tuvo que ser muy duro. Por supuesto, quizá apreciaba la causa en sí misma, pero también estaba asustado. Probablemente era la primera vez en décadas que sentía miedo», agrega la británica.
Ese temor contrasta con la personalidad que exteriorizaba Mercury, ya que Austin, al ser preguntada por su primera impresión al conocer al cantante en 1970 a través de Brian May, recuerda que «era una persona muy segura de sí misma».

«Freddie Bulsara era más extraordinario que Mercury»
«Sin embargo, cuando empecé a conocerlo, muy pronto me di cuenta de que no era tan seguro como me había parecido al principio», comenta, a la vez que admite que, después de prometerse en 1973, el «éxito acabó ejerciendo presión sobre la relación», sobre todo tras el impacto de ‘Killer Queen’, sencillo de 1974.
«Me aferré al Freddie que había conocido al principio, porque él era la base de todo lo que vino después. Todo lo demás que fue surgiendo a partir de ahí era, en realidad, un experimento. Experimentaba para convertirse en letrista, en artista, para imaginar quién era y quién quería ser», analiza ahora Austin, que insiste en que Freddie Bulsara –nombre real del cantante– «era más extraordinario que Mercury».
La relación romántica terminó en 1977. «Estábamos en la pequeña cocina que teníamos en el dúplex de Kensington y me dijo: ‘Tengo algo que contarte. Creo que soy bisexual’. Sonreí para mis adentros y le dije: ‘No, creo que eres gay’. Entonces él sonrió, yo sonreí y nos abrazamos. A partir de ese momento, nuestra relación cambió», confiesa la autora de ‘Una vida en verso’.
«Aquello marcó una línea divisoria en la relación que habíamos tenido y permitió que se convirtiera en algo más emocional e intelectual. Y el amor es eso: está presente en todos los niveles, no solo en el físico. Dejamos de lado esa dimensión y permitimos que todo lo demás creciera y se desarrollara», detalla Austin.
«Y nos convertimos en dos personas muy unidas, en los mejores amigos», sentencia Mary Austin, que con el libro, la subasta y una exposición en el Victoria and Albert Museum de Londres espera haber cumplido la voluntad que le legó Freddie Mercury. EFE










