Las hermanas afganas Mahdia Bahrami (d) y Zinab Ghulami se abrazan a sus hijas durante la entrevista con la agencia EFE, donde cuentan su reencuentro en España, tras salir la hermana más joven de su país Afganistan, donde militares españoles la rescató en agosto del 2021 tras la ocupación del régimen talibán. EFE/Luis Tejido

Tres niñas que huyeron de Kabul ya sueñan en voz alta con ser empresaria, jueza y abogada

Laura López


Bilbao (EFE).- Hace solo un mes que Hania (13), Haida (11) y Asinat (8) han vuelto a soñar en voz alta con su futuro tras huir de Kabul, Afganistán, y refugiarse en Bilbao, un horizonte en el que se ven como «business woman», abogada y jueza respectivamente, las dos últimas para ayudar a otras mujeres que, como ellas, han visto sus derechos cercenados en su país.

Son palabras que estas niñas no podían pronunciar hasta ahora que su tía, Mahdia Bahrami (28), refugiada en España desde 2021, las ha salvado al traerlas a Bilbao junto a su madre tras unos meses agónicos de espera desde Irán, donde ya habían sido amenazadas con ser deportadas a su país.

Lo cuenta Mahdia junto a su hermana, Zinab Ghulami (36), en una entrevista con la Agencia EFE que atiende con normalidad, en un tono firme y contenido, hasta que llega el momento de describir cómo fue el reencuentro de ambas hermanas, el pasado 5 de noviembre, tras bajar Zinab y sus tres hijas del autobús que las trajo a Bilbao desde Madrid después de aterrizar en Barajas.

«Después de tres años que yo he estado esperando todos los días, todos los días yo venía a la oficina de (la Comisión Española de Ayuda al Refugiado) CEAR para hablar con la abogada para que por favor me ayudara», relata la joven entre sollozos mientras su hermana, también emocionada, trata de consolarla.

Sus lágrimas ahora son diferentes a las derramadas en los últimos años, desde que los talibanes tomaron Kabul, la ciudad donde ambas vivían desde hacía 10 años, e impusieron un régimen que asfixia a las mujeres y ha llegado a prohibirlas estudiar, trabajar e incluso caminar sin un hombre de su familia por la calle.

En grave riesgo de matrimonio forzado

Mahdia consiguió escapar entonces y ha vivido los últimos años como refugiada en Bilbao, donde trabaja como costurera a tiempo parcial para poder cuidar de su hijo de tres años.

Una vida a salvo pero en la que le faltaba algo muy importante.

Su hermana aún estaba atrapada en Kabul junto a sus tres hijas y en una situación muy crítica desde que su marido, que trabajaba para el anterior Gobierno afgano, «salió un día de casa y no volvió»: «Ha pasado una depresión, todos los días estaba llorando», lamenta Mahdia sobre ella.

Zinab vivía recluida en su casa -como en una «cárcel»- de la que solo salía para comprar comida, ya que hoy en día, relatan, en Afganistán las mujeres no pueden salir a la calle sin la compañía de un hermano, marido o padre y tampoco pueden trabajar.

Además, desde que perdieron al padre de familia, el riesgo de que los talibanes obligaran a Zinab e incluso a sus hijas a casarse con uno de ellos era cada vez más real: «No miran la edad, si tiene un poco de altura dice que se casen con los talibanes para traer niños para ellos», explica Mahdia.

BILBAO, 07/12/2025.- Las hermanas afganas Mahdia Bahrami (i) y Zinab Ghulami se abrazan durante la entrevista con la agencia EFE, donde cuentan su reencuentro en España, tras salir la hermana más joven de su país Afganistán, donde militares españoles la rescató en agosto del 2021 tras la ocupación del régimen talibán. EFE/Luis Tejido

Ante este riesgo, la joven pidió ayuda desesperada a CEAR en Euskadi, que a través de su responsable jurídica, María Pérez, solicitó la extensión de su estatuto de refugiada a Zinab y sus tres hijas, que les fue reconocida el pasado mes de marzo.

Pero aún quedaba lo más difícil: salir de Afganistán y llegar a Irán para pedir los visados que les permitieran llegar a España, que solicitaron el pasado mes de julio.

En el país vecino vivieron unos angustiosos meses de espera y a contrarreloj, en los que llegaron a pagar una multa de 1.200 dólares porque les caducó el permiso de estancia y recibieron un último aviso: si no salían antes del 31 de octubre, la familia sería a devuelta a su país.

«Y una vez que una mujer de Afganistán entra en Afganistán, es imposible que salga», sentencia Mahdia.

Apretadas pero felices en un piso pequeño en Bilbao

Pero, este caso, la historia tiene final feliz.

Finalmente, tras recibir el apoyo de ACNUR y formular una queja al Defensor del Pueblo -que pidió medidas urgente para la expedición de los visados- Zinab y sus tres hijas consiguieron el permiso para viajar el 29 de octubre y Mahdia pudo comprar los vuelos para traerlas a España, unos billetes que pagó su jefa de la tienda de arreglos donde trabaja.

De momento, viven las cinco juntas en el piso de Mahdia, el cual, recalca, es «muy pequeño», de forma que las tres niñas duermen en su cuarto y las dos adultas en el salón: «No tenemos cama, no tenemos colchón, pero tenemos una alfombra», explica con una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando Zinab aprenda un poco de español, podrá incorporarse a la tienda en la que trabaja Mahdia y seguir así, de alguna forma, con el oficio familiar al que se dedicaban en Afganistán y que fue cerrado por los talibanes porque en él trabajaban mujeres.

La tía de la niñas asegura que las pequeñas ahora están muy contentas porque pueden ir al parque -del que nunca quieren salir para volver a casa- y todos los días preparan algún detalle de su mochila hasta que llegue el ansiado momento de poder ir al colegio.

Su madre sabe que conseguirán todo lo que se propongan: «Son muy inteligentes, cuando estaban en casa (en Afganistán) todos los días estaban aprendiendo con YouTube», comenta a través de su hermana.

Mientras Mahdia relata aún con los ojos vidriosos los planes de un futuro anhelado por toda la familia, Hania, Haida y Asinat observan con una sonrisa a su tía: no entienden lo que dice en un idioma que aún es desconocido para ellas pero saben que, por fin, sus lágrimas son de alegría. EFE