Samuel Sánchez | Don Benito (Badajoz) (EFE). Mucho antes de convertirse en futbolista del Tottenham y de entrar en la lista de España para el Mundial de 2026, Pedro Porro era un niño que “no llegaba al metro”, pero al que ya se le veía en la cara “la ilusión de practicar fútbol y aprender”.
Así lo recuerda a EFE Jonathan Montalvo, uno de sus entrenadores en el Don Benito Balompié, donde el lateral dombenitense empezó a forjar una carrera marcada, según quienes le vieron crecer, por la competitividad, el carácter y una ambición poco habitual para su edad.
La convocatoria de Luis de la Fuente ha reactivado en Don Benito la memoria de aquellos primeros años de fútbol base.
Montalvo entrenó a Pedro Porro desde los cinco años y durante seis temporadas. De aquella etapa conserva la imagen de un niño “muy risueño y valiente”, pero también de un líder que “jamás bajaba los brazos” y que siempre peleaba por el máximo.
“Nadie le ha regalado nada”, resume el técnico, que recuerda cómo Porro podía entrenar con infantiles y estar también en dinámica cadete, acumulando jornadas de hasta tres horas de trabajo.
Anécdotas
Entre las anécdotas que explican su carácter competitivo, Montalvo recuerda un partido ante el Diocesano que acabó 7-6. Pedro marcó todos los goles de su equipo, pero se marchó enfadado porque, según decía, “tenía que haber metido alguno más”.
Para su antiguo entrenador, esa incapacidad para conformarse ya anunciaba parte del futbolista que hoy compite en la élite.
En ese camino también aparece la figura de su familia y, especialmente, la de su abuelo ‘Maromo’, al que Montalvo recuerda “siempre al pie del cañón”, con frío, lluvia o calor, animándole en cada partido.
También destaca el papel de Yeyo, padre del entrenador, que fue “quien más apostó por él” cuando era más pequeño que el resto y ya jugaba por encima de su categoría porque veía en él “una esencia diferente”.
Gimnástico Don Benito
El paso de Porro por el Gimnástico Don Benito también dejó huella. Benito Cerrato, entrenador y presidente del club durante aquella etapa, recuerda a EFE que en alevines e infantiles era “uno más” dentro de un grupo de mucho nivel, aunque fue creciendo hasta destacar especialmente en cadetes por su habilidad para el gol.
En aquel equipo, subraya, también se formó Raquel Morcillo, actualmente jugadora del Sevilla FC, otro ejemplo del talento salido del fútbol base dombenitense.
Cerrato describe a Porro como “travieso, inquieto, charlatán”, pero también como un niño “obediente” y que “se dejaba querer por todos”.
Recuerda los viajes a los entrenamientos de la selección extremeña, en los que aprovechaba las vueltas a casa para comentarle cómo había ido la sesión, darle alguna regañina y aconsejarle. “Escuchaba con mucha atención y para el próximo se rehacía y mejoraba”, relata.
Ganas, ilusión y trabajo
Los dos técnicos coinciden en que el salto de Porro hasta la selección española no se explica solo por el talento, sino por una mezcla de trabajo, personalidad y hambre competitiva.
Montalvo asegura que todavía ve en el jugador actual “las ganas, la ilusión y, sobre todo, el trabajo” de aquel niño que empezaba en Don Benito Balompié.
En Don Benito, la convocatoria mundialista se vive como un motivo de orgullo colectivo.
Para sus primeros entrenadores, ver a Pedro Porro en la élite supone también reconocer el valor silencioso de los clubes modestos, de los monitores, de las familias y de todos los viajes que sostienen el fútbol base.
“Estamos muy orgullosos”, resume Cerrato, que reivindica a Porro y a Raquel Morcillo como dos futbolistas profesionales salidos del Gimnástico Don Benito.
Y Montalvo, entre la emoción y la broma, lanza un deseo compartido por muchos en la ciudad: que Porro pueda algún día levantar la Copa del Mundo.










