Un productor de arroz de las Vegas Altas del Guadiana (Badajoz) EFE/ Samuel Sánchez

El arroz extremeño recupera terreno tras la sequía, pero sus productores temen el abandono

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Samuel Sánchez | Don Benito (Badajoz) (EFE).- El arroz ha recuperado terreno tras la sequía, pero los productores de las Vegas Altas del Guadiana, en Extremadura, afrontan la cosecha con ofertas de 310 euros por tonelada, lejos de los 520-550 que consideran necesarios para obtener rentabilidad, y alertan del riesgo de abandonar el cultivo.

Con unos costes de producción que sitúan entre 4.000 y 5.000 euros por hectárea, los agricultores consultados describen una campaña marcada por las dificultades para vender y por unas cotizaciones que, aseguran, no permiten sostener sus explotaciones.

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La recuperación del cultivo se refleja en las cifras nacionales.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), España sembró 97.100 hectáreas de arroz en 2025 y cosechó casi 734.000 toneladas, un 13 % y un 20 % más, respectivamente, que en la campaña precedente.

En este contexto, Extremadura fue la segunda comunidad en producción, por detrás de Andalucía.

Precios y costes

Sin embargo, los precios que perciben los productores por este cultivo ofrecen otra perspectiva. El boletín de seguimiento del mercado del arroz del MAPA correspondiente a la semana 39 de 2026 recoge una cotización nacional de 334,37 euros por tonelada para el arroz cáscara japónica.

«Estamos en el 2026 y se nos ofrece 310 euros la tonelada», explica a EFE el productor de arroz y portavoz de la Plataforma del Sector Arrocero de Extremadura, Jesús Manuel Calderón, que advierte de que el sector trabaja por debajo de sus costes.

Las ofertas que señala están entre 210 y 240 euros por tonelada por debajo del intervalo que los productores consideran necesario para obtener rentabilidad.

La continuidad del cultivo depende, según los productores, de que esa distancia se reduzca.

El regadío de Orellana

En la zona regable del Canal de Orellana, que aglutina la mayor parte de la producción regional, se han cultivado este año 17.600 hectáreas de arroz, un millar más que en 2020.

La recuperación llega después de campañas castigadas por la falta de agua: en 2022 la sequía impidió sembrar una sola hectárea de este cereal en esa zona regable.

En este sentido, el productor e integrante de la plataforma arrocera extremeña, Miguel Crespillo, describe una «crisis profunda» que alcanza también a las empresas que trabajan para las explotaciones y a los pequeños pueblos arroceros.

Abandono

«Muchos agricultores están a punto de abandonar el cultivo porque estamos vendiendo bajo costo», afirma Crespillo, que señala que las producciones están siendo «relativamente buenas», aunque la cosecha se desarrolla con problemas de precios y de disponibilidad de herbicidas.

Su diagnóstico refleja que una buena producción no basta para garantizar ingresos. Advierte de que, si estas condiciones se prolongan, los agricultores tendrán que dejar de sembrar arroz, con consecuencias también para los negocios de suministros y servicios agrarios.

Calderón pone nombres a esa dependencia: Rena, Villar de Rena, Pizarro, Puebla de Alcollarín, Palazuelo o Zurbarán.

«Pueblos que vivimos directa o indirectamente del arroz», resume, preocupado por las consecuencias que tendría el abandono para la economía de estas localidades.

Importaciones

El productor y vendedor de arroz en las Vegas Altas del Guadiana, Emilio Camacho, sitúa entre los principales problemas las existencias acumuladas de campañas anteriores y atribuye parte de esa situación a las importaciones a las que recurrió la industria durante los años de sequía.

Según su análisis, esas compras exteriores se han mantenido después de la recuperación de la producción española y han dificultado la salida del arroz nacional.

Reclama que se dé salida a las existencias y que la industria pague precios con los que el agricultor «pueda vivir dignamente de sus cultivos».

Calderón distingue entre el arroz que aún no se ha vendido y el que ya está comercializado, pero continúa en los almacenes porque no se ha retirado.

La coincidencia de esas existencias con la nueva cosecha añade dificultades a los productores, según explica.

Las reivindicaciones del sector

La plataforma reclama salvaguardias comerciales más eficaces, prioridad para el arroz comunitario y un etiquetado que identifique con claridad dónde se ha cultivado la materia prima.

Además, los productores también piden condiciones de competencia equivalentes para el producto europeo y el importado.
La discusión sobre la protección del cultivo tiene alcance europeo.

En una declaración incorporada al Consejo de la UE el pasado mayo, España, Italia y Grecia cuestionaron que los umbrales acordados para la salvaguardia del arroz permitieran activarla de manera eficaz y a tiempo para proteger al sector.

En el campo, Crespillo añade las dificultades para controlar malas hierbas y plagas y el precio de los tratamientos. Asegura que la falta de rentabilidad lleva a algunos agricultores a renunciar a determinadas aplicaciones.

Camacho también plantea una revisión de las decisiones de siembra. «Hay que producir lo que se vende, no producir para vender», sostiene, y propone coordinar con la industria las variedades que demanda el mercado, además de reclamar mejores precios.

Para Calderón, el margen para seguir esperando es limitado: «O esto cambia o nos veremos abocados al abandono».