Rebeca Palacios |
Logroño (EFE).- La activista iraní Nilufar Saberi ha dicho este miércoles a EFE que para «acabar con el apartheid de género» se necesita el apoyo de los varones, algo que no ocurre, por ejemplo, en Afganistán, donde sus leyes establecen que las mujeres son propiedad de los hombres.
Saberi participa en Logroño en una jornada organizada por la Cátedra Unesco ‘Ciudadanía democrática y libertad cultural’ de la Universidad de La Rioja (UR) con una ponencia sobre derechos culturales y códigos de vestimenta.

Exiliada en España desde 1980, tras huir con su familia del régimen islamista de su país, ha recordado que las iraníes llevan «décadas de lucha por sus derechos y contra la misoginia islamista».
Fruto de esa lucha surgió la revolución feminista ‘Mujer, Vida, Libertad’ el 16 de septiembre de 2022, con la muerte de la joven kurda iraní Mahsa Amini, fallecida tras una brutal paliza por no llevar todo el pelo tapado por el velo.
«Esta ha sido la primera revolución feminista mixta de la historia de la humanidad, liderada por las mujeres y secundada por los hombres», ha resaltado.

Desobediencia civil
Dos años después, ya no hay tantas protestas callejeras, ha añadido, pero esta revolución se manifiesta de otras maneras, a través de la desobediencia civil de las mujeres, quienes «salen a la calle sin velo en Irán, arriesgando su vida y la de sus seres queridos».
Por ello, ha asegurado, las echan de los trabajos, no las atienden en los hospitales, no les prestan servicios bancarios y no las dejan entrar en las cárceles para las visitas.
En Irán, más del 60 por ciento de los alumnos de enseñanzas superiores son mujeres y muchas iraníes viajan al exterior para completar su formación doctoral, por lo que la población femenina está «muy preparada», pero, después, estas cifras no se ven reflejadas en el mercado laboral, ya que solo trabaja el 15 % de ellas.
«Máquinas de procrear»
«Con el fanatismo siempre es posible que la situación de las mujeres empeore, como ha ocurrido en Afganistán, donde no se podía imaginar que las iban a prohibir hablar en público, hasta el punto de que su voz no pueda ser escuchada», ha censurado.
Lo próximo puede ser, ha alertado, que las prohíban salir a la calle porque, en la ideología afgana, «la mujer es un ser viviente creado para que esté al servicio del varón», por lo que su única función es «ser buena madre y buena esposa, para funcionar como una máquina de procrear que traiga soldados al mundo».

En esta situación, ha aludido a «la hipocresía de los gobiernos en cuanto al cumplimiento de los derechos humanos, ya que en los países desarrollados se limitan a cubrir el escaparate y en los países en vías de desarrollo es absolutamente nulo».
«Yo no espero nada de los gobiernos. Cambiar el rumbo que toma el mundo está en mano de los pueblos», ha recalcado.
Por ello, en países como España, donde hay democracia, ha indicado que los ciudadanos no deben votar a quienes tengan relaciones del tipo que sea, sobre todo comercial, con «regímenes terroristas, misóginos y absolutamente intolerables en el siglo XXI».









