Madrid (EFE).- La ecoansiedad «no es un trastorno como tal, no está codificado así en los manuales que utilizamos psicólogos y psiquiatras», pero afecta a la salud mental y aparece a partir de «la trampa psicológica del perfeccionismo verde», explica en entrevista con EFE el doctor Joaquín Mateu Mollá.
Se trata de un fenómeno que se observa «fundamentalmente en personas entre 16 y 25 años», precisa, si bien existen otros colectivos menos frecuentes en distintas franjas de edad: todas ellas, «particularmente sensibilizadas con el medioambiente», lo cual resulta «paradójico» porque «las que más sufren son justo las que se esfuerzan por hacer que las cosas no vayan a peor de lo que ya están».

Este doctor en psicología clínica y de la salud de la Universidad Internacional de Valencia y director del Máster de gerontología y atención a la persona denuncia la presión autoimpuesta por «una serie de imposiciones muy rígidas y totalmente inalcanzables que terminan conduciendo a la frustración», por lo que recomienda reconocer que no se es perfecto y hay que aprender a ser autocompasivos, asumiendo que no siempre se podrán hacer las cosas bien en cuanto al consumo responsable.
Las lágrimas del indio
La ecoansiedad se ha extendido a partir de lo que Mateu denomina «la trampa de la responsabilidad individual» que en su opinión comenzó con campañas como la de ‘Crying Indian’ (Indio llorando) de la organización ecologista Keep America Beautiful (Mantengamos la belleza de América) emitida por primera vez en la televisión de EE. UU. el Día de la Tierra de 1971.
En el video de la campaña, un nativo norteamericano recorría en canoa un río que iba ensuciándose progresivamente hasta que el viaje concluía en una playa degradada, junto a fábricas contaminantes y una autopista donde la gente arrojaba basura desde sus coches: finalizaba con un primer plano de las lágrimas del indio ante el deterioro que estaba contemplando.
El nativo era en realidad un actor, hijo de inmigrantes sicilianos nacido en Luisiana pero muy popular por su participación en cientos de películas del Oeste precisamente en el papel de indio, y su anuncio tuvo tanto éxito que generó la expresión «vas a hacer llorar al indio», utilizada por las familias estadounidenses para reconvenir a sus hijos cuando arrojaban desperdicios donde no debían.
Pero ese mismo éxito tuvo una cara oscura, puesto que «campañas como esta desplazaron la responsabilidad de la contaminación desde las grandes corporaciones a los ciudadanos individuales, cuando las empresas son las responsables del 70 o el 80 % de la producción de residuos en el mundo», denuncia Mateu.
Las personas «no debemos dejar de actuar y preocuparnos por el medioambiente pero tenemos un papel relativamente pequeño» en la solución del problema, ya que «no somos la clave del cambio: solo una pieza bastante discreta del engranaje, en comparación con esas grandes empresas», asevera.
Disonancia cognitiva e indefensión aprendida
La presión sobre el ciudadano conduce a la disonancia cognitiva, «un concepto muy interesante, propuesto por el psicólogo Leon Festinger que se ve en muchos campos de la vida» y describe la incomodidad personal ante las contradicciones internas de los propios pensamientos y creencias, hasta el punto de conducir al autoengaño.

«Sucede por ejemplo cuando se informa de que el cambio climático es completamente inevitable y con una serie de catástrofes irreversibles pero, al mismo tiempo, se nos dice que los ciudadanos corrientes podemos cambiar las cosas porque de alguna forma somos los responsables de que no suceda», explica Mateu.
También influye en este complejo panorama la indefensión aprendida, un estado psicológico de pasividad y desesperanza definido por el psicólogo Martin Seligman: «Aquello que experimentamos cuando sentimos que algo va a ocurrir inevitablemente, por mucho que nos esforcemos por evitarlo».
El cambio climático «es un hecho evidente y documentado», advierte el doctor, «pero mantener en nuestras cabezas ideas contradictorias sobre él genera frustración, un profundo malestar y finalmente ecoansiedad», por lo que pide afrontar este desafío con más tranquilidad para evitar la aparición de trastornos emocionales «ya no solo de ansiedad, sino de depresión» u «otros problemas de salud mental».
Recomendaciones
La ecoansiedad es una preocupación generalizada en distintos países del mundo, apunta, especialmente en Europa y EE. UU., regiones «muy sensibilizadas».
Para afrontarlo, además de practicar la autocompasión, Mateu apuesta por «quitar de la diana al ciudadano de a pie y desplazar la responsabilidad al conjunto de la sociedad», empezando por las grandes empresas e incluyendo a «países que consumen muchísimos recursos y contaminan» pero que no son tan criticados, porque existen «muchos elementos sistémicos implicados».
También recomienda, más allá de actuar a título individual reciclando o con un consumo responsable, participar como voluntario en ONG u otros colectivos que promuevan políticas activas para afrontar la degradación ambiental.