Vista que presenta este jueves el embalse de Ullibarri-Gamboa (Álava). EFE/ Iratxe Rodríguez García

Los embalses rebosan en España tras las borrascas ¿cómo evitar ahora la evaporación?

Amaya Quincoces Riesco |

Madrid (EFE).- Tras sucesivas borrascas, España tiene llenos sus embalses, pero el reto con la llegada del buen tiempo es retener el agua. En los meses calurosos puede evaporarse hasta el 20 por ciento, aunque despuntan soluciones innovadoras para mitigar el problema: desde paneles solares flotantes para que la luz no caliente el recurso hasta el vertido masivo de «bolas de sombra».

Así lo explica a EFE el ingeniero José Fernando Pérez, profesor de la Escuela de Arquitectura, Ingeniería y Diseño de la Universidad Europea, quien subraya que «uno de los grandes problemas del agua en España es que el sol nos roba el recurso de los embalses sin que nos demos cuenta».

Vista que presenta este jueves el embalse de Ullibarri-Gamboa (Álava).
Vista que presenta este jueves el embalse de Ullibarri-Gamboa (Álava). EFE/ Iratxe Rodríguez García

La evaporación transforma millones de litros en vapor de agua, especialmente cuando las temperaturas son elevadas y la lámina de agua expuesta directamente a la atmósfera permanece estacionaria durante largos periodos.

Ante este desafío, la innovación tecnológica ofrece alternativas que, aunque costosas, pueden contribuir a preservar las reservas hídricas tras episodios de lluvias torrenciales y danas cada vez más frecuentes.

Tecnologías punteras

Una de las soluciones consiste en instalar paneles solares flotantes sobre la superficie de los embalses. Se trata de estructuras similares a las que se colocan en tejados, pero adaptadas con flotadores que permiten su instalación sobre el agua.

«Es un dos por uno. Generamos energía limpia y al mismo tiempo, damos sombra al agua para minimizar la evaporación», resume José Fernando Pérez, doctor en Ingeniería Química y Ambiental además de trabajar en una de las grandes multinacionales de gestión de agua en el país.

Planta solar fotovoltaica flotante "Sierra Brava".
Planta solar fotovoltaica flotante «Sierra Brava». EFE/ Ana Isabel Crespillo

Estos sistemas no solo reducen la pérdida de agua al limitar la incidencia directa del sol, sino que además evitan ocupar suelo adicional para la producción eléctrica.

En España ya existen experiencias piloto, por ejemplo una planta demostrativa en el embalse de Sierra Brava, que genera electricidad para 1.000 hogares, y varias empresas se han especializado en el diseño y construcción de estas plataformas flotantes.

También están las llamadas «shadow balls» o bolas de sombra: esferas de plástico negro, fabricadas con materiales que no se degradan ni contaminan el agua, que se vierten masivamente sobre la superficie de los embalses.

Como para un parque infantil, camiones enteros descargan pelotas que cubren en este caso el agua e impiden que la radiación solar la caliente directamente. Al reducir la temperatura superficial, disminuye también la evaporación.

Al disminuir además la radiación solar mejora la calidad hídrica (se limita la producción de algas, el gran enemigo de las aguas embalsadas y otras reacciones químicas más complejas).

Cómo retener el agua de las lluvias fuera de los embalses

Cuando se producen grandes avenidas de agua también existen alternativas para evitar que ese caudal extraordinario se pierda.
Una de ellas consiste en redirigir parte del agua hacia zonas de infiltración, terrenos permeables.

Allí, el terreno actúa como un filtro natural y, una vez almacenada el agua a cierta profundidad, la evaporación deja de ser un problema. «Es como guardar los ahorros en una hucha hídrica», explica Pérez. Bajo tierra, la temperatura es mucho más estable y las moléculas de agua no pueden escapar a la atmósfera.

En este contexto, los acuíferos adquieren un papel estratégico. La recarga controlada -ya sea mediante infiltración natural o inyección directa de agua depurada- permite almacenar recursos para los periodos de escasez.

Vista que presenta este jueves el embalse de Ullibarri-Gamboa (Álava).
Vista que presenta este jueves el embalse de Ullibarri-Gamboa (Álava). EFE/ Iratxe Rodríguez García

En España se están desarrollando experiencias relevantes, como en la cuenca del Llobregat, donde la recarga de acuíferos se aplica de manera activa; son proyectos pioneros a nivel mundial, claves para el abastecimiento de Barcelona y zona metropolitana, asegura José Fernando Pérez.

El agua una vez depurada en estaciones de tratamiento, puede recibir un proceso adicional para mejorar su calidad antes de ser inyectada y almacenada como reserva estratégica. Posteriormente, puede recuperarse para abastecimiento en momentos de necesidad.

Acuíferos versus presas para almacenar el agua

Las presas requieren infraestructuras muy costosas con plazos de ejecución muy largos para su construcción aunque es cierto que además de almacenar agua pueden generar electricidad.

Por el contrario, los acuíferos están muchas veces disponibles. En España ha habido «una intensa sobreexplotación» en las últimas décadas, que ha dejado «espacio libre» en esa hucha subterránea susceptible de ser rellenada.

Al igual que se almacenan reservas estratégicas de gas o petróleo, España podría apostar decididamente por almacenar agua en el subsuelo y reducir las pérdidas en superficie. Cada litro cuenta, subraya el ingeniero.

Fugas en redes de distribución

Las redes de distribución constituyen otro punto crítico. En algunos casos más del 50 % del agua bombeada desde embalses o acuíferos se pierde antes de llegar a los hogares debido a fugas y deficiencias en las infraestructuras.

Vista que presenta este jueves el embalse de Ullibarri-Gamboa (Álava).
Vista que presenta este jueves el embalse de Ullibarri-Gamboa (Álava). EFE/ Iratxe Rodríguez García

Una red bien gestionada tiene rendimientos de «en torno al 80 por ciento», según explica el ingeniero.

Agua y agricultura

El sector agrícola, principal consumidor de agua en España, también ofrece un enorme campo de actuación. La modernización de sistemas de riego, la mejora en la distribución y la aplicación de técnicas más eficientes pueden reducir significativamente el consumo sin mermar la productividad.

El cambio climático obliga a replantear la gestión hídrica con una visión más estratégica. «La clave debería ser dejar de mirar solo al cielo, porque la lluvia no se puede controlar pero sí la gestión de lo que cae al suelo».