Casa de las Mareas de Soano (Arnuero) sobre la marisma de Joyel, uno de los principales humedales de Cantabria en riqueza de aves acuáticas. EFE/Miguel Ramos.

Los flamencos sureños se quedan a vivir en Cantabria por los cambios de temperatura

Por Miguel Ramos |

Arnuero (Cantabria) (EFE).- Las poblaciones de flamenco procedentes del Mediterráneo que antaño visitaban ocasionalmente los humedales de Cantabria, sobre todo en temporada estival, ya se han convertido en residentes habituales durante todas las estaciones del año debido a los cambios de temperatura.

Y es que, según cuenta a EFE el delegado de SEO/BirdLife en Cantabria, Felipe González, desde hace tres invernadas un grupo de flamencos revolotean por la bahía de Santander y las marismas de Santoña, Victoria y Joyel seducidos por la riqueza que ofrecen esos espacios naturales a nivel climático y de subsistencia.

«Nosotros pensábamos que los flamencos aquí en el norte lo iban a pasar mal, pero se han quedado», afirma González, quien añade que poco a poco se está incrementado la población hasta alcanzar los 25 ejemplares.

En contraste con los flamencos llegados de zonas cálidas del sur, convergen en Cantabria otras aves acuáticas invernantes de las frías tierras del norte de Europa que, por su singularidad, atraen la curiosidad de los ornitólogos para el avistamiento, como son el eider, los colimbos o los zampullines cuellirrojos.

Otras especies curiosas ya asentadas en los humedales de la región son el águila pescadora, la barnacla carinegra o el pigargo europeo, una de las rapaces más grandes del continente que ha surgido de un programa de reintroducción impulsado en Asturias.

González ha recordado la postura de SEO/BirdLife en contra de esta medida, al considerar que el pigargo supone un peligro para la avifauna autóctona por su carácter depredador y su introducción no obedece a criterios de conservación de una especie que, a juicio de la entidad conservacionista, no ha sido reproductora en España.

Cantabria, líder norteño en aves acuáticas

Tras analizar el censo de invernantes en Cantabria realizado en enero por SEO/BirdLife, González ha asegurado que la región lidera en abundancia en el Cantábrico, con 29.836 aves acuáticas, y riqueza, con 72 especies distintas, frente a Asturias y País Vasco.

Sin embargo, ha admitido que el número total de aves contabilizadas este año es bajo, porque ni siquiera llegan al umbral de las 30.000 e, incluso, es menor que el registrado en 2025.

Una circunstancia que González ha achacado al impacto del cambio climático en los flujos migratorios que repercute en que las aves de países del norte no bajen más y se queden por allí, dado que los inviernos son más suaves.

«Han fallado aquí familias de las anátidas como el silbón europeo, que normalmente suman 5.000 aves cada invierno, pero este año apenas se encuentran la mitad», ha puntualizado.

Asimismo, el representante cántabro de SEO/BirdLife ha opinado que la situación actual de las marismas de Doñana, con abundante agua, ha podido influir en que Andalucía haya aglutinado el grueso del contingente.

«Otros años nos hemos beneficiado de la sequía que había, por ejemplo, en los humedales del sur de España, porque en 2022 tuvimos un dato muy elevado que coincidió con inviernos secos en Doñana», ha sostenido.

Con todo ello, a juicio de González, las aves migratorias siguen siendo uno de los principales «termómetros de la naturaleza» para pulsar la incidencia del cambio climático a nivel global, ya que la variación de temperaturas altera sus tradicionales desplazamientos hacia nuevos hábitats de supervivencia.