Celia Agüero Pereda |
Cabárceno (Cantabria) (EFE).- Tras cumplir 35 años en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno (Cantabria), su veterinario jefe, Santiago Borragán, mira de reojo a la jubilación y tiene claro que hay algo que no ha cambiado en todo este tiempo: la ilusión con la que sigue afrontando un proyecto al que ha dedicado toda su vida.
«El parque ha evolucionado en todos los sentidos», resume Borragán en una entrevista con EFE después de que la pasada semana se conociera que el recinto más emblemático del parque, el de los elefantes, llevará su nombre.
Cuando llegó, apenas un año después de su apertura en 1991, la situación del parque era muy distinta a la actual porque la mayoría era personal sin experiencia, ya que muchos cuidadores eran mineros reconvertidos.
A base de aprendizaje y con el paso de los años, aquella plantilla es ahora un equipo más profesionalizado y especializado.
Momentos que marcan
Pero no todo ha sido crecimiento, Borragán no duda en señalar los episodios más duros de su trayectoria siendo el más doloroso la pérdida de un compañero mientras trabajaba en el recinto de elefantes.
«Fue un momento muy difícil, muy duro, tanto como veterinario como persona. Era un compañero muy querido», recuerda.
A ese golpe se suman situaciones de gran presión, como la fuga de un leopardo persa que obligó a tomar decisiones complejas que «no siempre se entienden» porque están sometidas a crítica desde todos los lados y que acaban afectando a nivel personal y a la institución.
Pese a ello, defiende con firmeza el modelo de Cabárceno, que considera diferencial frente a otros parques, no solo por sus 750 hectáreas, muy por encima de la media europea, sino por su filosofía.

«Los animales disponen de mucho espacio y deciden en qué sitio están en cada momento», explica el jefe veterinario, quien asegura que ese derecho a decidir, unido a la vida en grupo de muchas especies, ha sido clave para el bienestar animal.
Más allá de la práctica veterinaria
A lo largo de estos 35 años, la labor de Borragán ha ido más allá de la práctica veterinaria, ya que la investigación también ha sido una constante, especialmente en especies como osos y elefantes.
«Habré dormido cerca de 400 osos en todos estos años», comenta en referencia a los trabajos realizados junto a universidades como la de León.
Esa colaboración ha dado lugar a decenas de publicaciones científicas y avances relevantes a nivel internacional, entre ellos técnicas pioneras en reproducción de elefantes o en el tratamiento de patologías complejas en rinocerontes.
También hay espacio para lo emocional, especialmente en la cría de animales, ya que él junto con su equipo han conseguido sacar adelante un elefante a biberón durante años.
Un reconocimiento inesperado
La semana pasada, su trayectoria recibió un reconocimiento simbólico: el nuevo recinto de elefantes del parque llevará su nombre. «Estoy muy halagado, aunque igual no me lo merezco tanto», afirma Borragán, quien reconoce que aún no lo ha asimilado del todo.
Ese homenaje llega en un momento en el que el futuro fuera del parque empieza a asomar porque, subraya, «la jubilación está cerca, es una de las pocas certezas que hay».

Sin embargo, hay algo que tiene claro: «Lo que no está cerca es que yo pierda la ilusión».
Esa vocación sigue marcando su día a día, incluso cuando ya piensa en el relevo, ya que ha empezado a dar pasos para dejar Cabárceno lo mejor posible cuando se marche con el objetivo de que sea un parque más ordenado, más moderno y más fácil de gestionar.
No le preocupa en exceso cómo será recordado profesionalmente ya que sabe que unos le recordarán con cariño y otros dirán ‘por fin se marchó’, pero lo importante, insiste, es el legado tangible.