Estatua de César Augusto en el montaje de las casas de romanos y cántabros para la presente edición de las Guerras Cántabras. EFE/Celia Agüero Pereda

Las Guerras Cántabras apuestan por la calidad tras más de 20 años de historia viva y fiel

Los Corrales de Buelna (EFE).- Cada agosto el tiempo retrocede más de dos mil años en Los Corrales de Buelna, donde romanos y cántabros vuelven a enfrentarse en una fiesta que combina historia, espectáculo e implicación vecinal: son ‘Las Guerras Cántabras’, una recreación histórica que, tras más de 20 ediciones, sigue creciendo con paso firme y con la calidad como bandera.

Unos 300 vecinos de este municipio se lanzaron hace un cuarto de siglo a recordar los históricos enfrentamientos que durante años mantuvieron en guerra el norte de España por la lucha de unos pocos cántabros y astures contra las tropas romanas del emperador César Augusto.

El presidente de la Asociación Guerras Cántabras, Óscar del Val, explica a EFE que esta idea comenzó por el empeño de Juan Miguel Villamuera, que puso en marcha esta celebración después de ver varias fiestas por España, una de ellas la de cartagineses y romanos.

Del Val señala que el primer año todo empezó con 300 personas y como «una locura que se fue calentando y animando», con la gente haciendo por su cuenta su propio vestuario e implicándose cada vez más.

Hoy, 25 años después, cuando se alcanza la 23 edición, ya que se interrumpió esta fiesta dos años por la pandemia, son 1.500 los ‘festeros’ o vecinos y personas que participan en la recreación. El crecimiento ha sido exponencial.

Vestuario, rigor y orgullo

Con el tiempo se ha mejorado y, por ejemplo, cada vez el vestuario representa más lo que fue en su día la indumentaria de cántabros y romanos.

Al principio, admite Del Val, hubo errores, especialmente con los cántabros porque hay menos documentación sobre ellos.

Pero gracias a las charlas de historiadores, arqueólogos y a la apuesta de la asociación por el rigor, «se ha logrado un nivel que pocas fiestas tienen», afirma su presidente.

La asociación viste a los personajes principales que actúan en el anfiteatro, lo que sirve como modelo para el resto de los participantes y ‘festeros’.

«El campamento apenas se ha tocado porque ya está muy bien hecho, pero el vestuario sí ha cambiado muchísimo. Y eso se nota, el público lo aprecia», añade Del Val.

Un pueblo que se lo pasa bien

Lo más impactante de ‘Las Guerras Cántabras’, más allá de las ambientaciones o los combates en el anfiteatro, es la implicación de la gente.

En algunos momentos del combate llega a haber 500 ó 600 personas en escena, entrando y saliendo de la recreación.

La juventud también ha encontrado su espacio porque, según reconoce Del Val, hubo un tiempo en que «se desenganchó un poco» de la fiesta.

Pero ahora, con los actos infantiles y «dejándoles que participen a su manera», se ha logrado volver a implicar a los jóvenes.
«Es una recreación histórica, pero también es orgullo de pueblo. Y sobre todo, nos lo pasamos muy bien», asegura.

¿Hasta dónde se puede llegar?

Con los años, el evento ha ido creciendo no sólo en participantes, sino también en público, pero Del Val admite que el éxito también implica desafíos.

«A veces nos desborda. Ya no sabemos hasta dónde crecer. Cada vez cuesta más, y quizá haya que dejar de sumar en cantidad y seguir apostando por más calidad, que es lo que la gente valora», señala.

Todo ello con la mirada puesta en esta 23 edición, la que se acerca en Los Corrales de Buelna, que un año más se convertirá en un campo de batalla simbólico, donde cántabros y romanos volverán a encontrarse para contar la historia, celebrar la identidad y disfrutar entre amigos, familias y vecinos.