Núria Morchón
Larrabetzu (Bizkaia), (EFE).- El calor ha adelantado este año a agosto la vendimia del txakoli en Bizkaia, un cambio climático que ha comprimido el calendario agrícola, pero que también ha dejado en la bodega Gorka Izagirre, en Larrabetzu, una cosecha «abundante, sana y equilibrada» tras tres campañas limitadas.
«Hemos entrado a vendimiar en Bizkaia en agosto, algo que hace 20 años, cuando se fundó Gorka Izagirre, era impensable», ha explicado a EFE el enólogo José Ramón Calvo durante una visita a la bodega.
A su juicio, la falta de frío en invierno adelanta la brotación de la viña, mientras que las lluvias primaverales, acompañadas de calor, aceleran la vegetación, a lo que este verano se han sumado las altas temperaturas durante todo el ciclo.
Tras «las cosechas más cortas en la historia» de la denominación Bizkaiko Txakolina -las de 2023, 2024 y 2025-, Calvo ha definido 2026 como «el combo perfecto»: una vendimia muy temprana, pero con una cantidad de uva «interesante», además de sana y equilibrada.
La bodega prevé sacar unas 320.000 botellas, el doble que en 2025 y más del doble que en 2024, aunque el enólogo ha señalado que «las bodegas están vacías» y serían necesarios «dos o tres años excepcionales» para volver a llenarlas.
El vendimiador Juan Carlos Garagorri ha confirmado la abundancia: «En una de las zonas, de donde el año pasado sacamos cuatro palés, este sacamos 13 y medio; casi más del triple de un año para otro».
Respecto a las consecuencias del aumento de las temperaturas, Garagorri ha puesto énfasis en que no es lo mismo «trabajar con 23, 25 grados que trabajar con 37».
Perder el frescor
El adelanto de la vendimia también preocupa a la bodega porque puede hacer que el txakoli pierda una de sus principales señas de identidad: la frescura.
Según ha subrayado Calvo, el exceso de calor hace que la viña degrade más acidez y que la uva llegue a la bodega «un poquito menos viva, un poquito menos alegre».
Esa acidez es precisamente la que permite elaborar txakolis con años de crianza, sobre lías, en fudres de madera o en barricas.
Gorka Izagirre cultiva más de 40 hectáreas de variedades autóctonas y realiza la vendimia a mano.
En bodega, las uvas se despalillan, maceran y prensan, mientras que los restos sólidos vuelven al campo como abono ecológico, y el mosto fermenta con levaduras que potencian los aromas cítricos y de melocotón.

Sector «muy revuelto»
En un sector «muy revuelto» por la situación geopolítica, el acuerdo Mercosur y los aranceles de Estados Unidos, el enólogo ha reclamado que les «dejen trabajar y vender el producto».
Según ha explicado, las ventas funcionan bien y son principalmente locales, con un 55 % en Bizkaia, aunque exportan a 26 países.
No obstante, el experto ha reivindicado el consumo de proximidad y ha confesado que la mayor ayuda que podría recibir la bodega es la concienciación ante un cambio climático que «ya no es algo en lo que haya que creer o no», sino una realidad que basta con observar.
«Hemos superado ya ese punto que nos dijeron que íbamos a estar en el 2030», ha zanjado.










