El paleoartista Mauricio Antón (d) presenta su exposición en San Sebastián. EFE/Juan Herrero.

Mauricio Antón, el arte de devolver la prehistoria a la vida

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Carlos López Izquierdo | San Sebastián, (EFE).- Mauricio Antón, uno de los paleoartistas internacionales más reconocidos, encarna como ningún otro la pasión por el arte de devolver la prehistoria a la vida. Sus recreaciones de mamuts, tigres de dientes de sable y antiguas especies humanas forman parte ya de un imaginario colectivo que podrá verse en una exposición en Donostia hasta el próximo 21 de febrero.

Mauricio Antón

Una muestra con la que Antón (Bilbao, 1961), padre de algunos de los rostros más emblemáticos de los yacimientos de Atapuerca, cerrará un ciclo de seis décadas, ya que fue precisamente en San Sebastián donde, a la corta edad de cuatro años, escuchó «la llamada de los huesos que piden ser cubiertos otra vez con carne».

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Mauricio Antón, el arte de devolver la prehistoria a la vida. EFE/Juan Herrero.

Fue en el Aquarium, explica durante la presentación de la muestra. «No recuerdo los peces, pero sí encontrarme de frente con el esqueleto de una enorme ballena franca como si fuera una nave espacial gigantesca» sobre cuyos huesos aquel niño veía superpuesta, como en «una nebulosa», la imagen real del cetáceo.

Arte y prehistoria

Ahora, más de medio siglo después pero también en San Sebastián, en el Museo de San Telmo, su exposición ‘Mauricio Antón: Arte y paleontología», replica en cierta medida la «columna vertebral» de aquella ballena, mediante un «costillar» de paneles de madera sobre los que los visitantes podrán disfrutar de sus obras más emblemáticas.

Decenas de óleos, dibujos y algunas imágenes retroiluminadas, creadas desde el arte con el mayor rigor científico porque, como admite el propio Antón, sufre «alergia» a las elucubraciones, algo que por ejemplo le ha impedido hasta ahora recrear la imagen de un ‘denisovano», una especie humana próxima al neandertal de la que existen muy pocos restos fósiles.

Safari prehistórico

El recorrido se abre con los primeros trabajos del ilustrador sobre la vida en el Mesozoico y algunos dinosaurios, continúa con una explicación sobre las formas de trabajo del artista, y prosigue con un «safari por el mundo prehistórico» en el que decenas de imágenes transportan al público a estepas, junglas y llanuras pobladas por animales desaparecidos hace miles de años.

En ellos, antiguas especies de cebras, bisontes, hienas, rinocerontes lanudos y megafauna extinta, de nombres casi impronunciables, comparten escenarios recreados hasta el detalle más insignificante. Desde las condiciones climáticas, hasta la orografía y las especies vegetales propias del lugar descritas por la paleopanilogía.

Mauricio Antón, el arte de devolver la prehistoria a la vida. EFE/Juan Herrero.

La parte final de la muestra, ‘Cosas de familia’, se centra en la evolución humana, con un repaso por casi todas las especies de homíninos extintos, en el que australopitecos, ‘Homo erectus’, ‘Homo heildebergensis’, ‘hobbits’ de la isla de Flores y neandertales comparten espacio con los indiscutibles protagonistas de este espacio: los ‘Homo antecessor’ de la sierra de Atapuerca (Burgos).

Aventura del conocimiento

Todos ellos conforman una exposición divulgativa, que en palabras de Antón, ofrecerá a los visitantes la oportunidad de «participar en esta aventura del conocimiento y descubrir un pasado remoto», a través de una labor «casi detectivesca» que le ha llevado a reconstruir los cuerpos de humanos y animales prehistóricos teniendo en cuenta detalles tan significativos como las marcas que dejaron los músculos sobre sus huesos.

«Es una labor de traducir a imágenes información que para los paleontólogos está clarísima pero para el resto de los mortales no», señala el artista, quien opina que el enorme patrimonio de este tipo del que disponemos «no es nada más que algo fantasmal si no lo hacemos disponible» al público en general en forma de imágenes.

Un trabajo que, «o se hace con vocación o no se hace», explica Antón, quien tras seis décadas de pasión, mantiene intacto su interés por la profesión de paleoartista una «aventura» muy «interesante y divertida» en la que, según defiende, «la mejor obra siempre está por hacer». EFE